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Los bautizos

Convierten en cristiano a quienes lo reciben y le borran el pecado original, que cada vez sabemos menos cuál era. En lo práctico le asignan al beneficiado el nombre que llevará por siempre. Auncuando ahora se puede cambiar mediante procedimiento elemental y simple.

La conspiración contra el bautismo se ha dado con toda energía. Las partidas de bautismo que se requerían para dar fe del nacimiento y existencia perdieron fuerza legal, y con ello, un módico ingreso para el subsistir de algún levita humilde. Todo eso pasó a un Notario poderoso, quien con un frío registro, dice la última palabra. La partida de bautismo apenas quedó de prueba supletoria. Los colegios no la exigen para matricular a ningún infante. Tampoco lo hacen con aquella fastidiosa fluoroscopia pulmonar que era requisito para tener acceso a la educación.
No obstante los bautizos se siguen celebrando. El padrino “pelongo” todavía recibe los reclamos de muchachos que se reúnen cerca a la iglesia.
El niño que se tortura en esa ceremonia llena de rituales y símbolos hermosos, recibe en medio del calor un poco de agua en la mollera y algo de sal en la boca.
Pero no han perdido importancia los padrinos. Ese homenaje que se le confería a alguien cercano era una distinción y un gesto de cariño. Con el compromiso que nunca se ha cumplido, de ayudar a la criatura vinculada cuando hubiere menester. Después de celebrado el acto no ha habido padrino que recuerde al ahijado. Aún cuando los muchachos sí mantendrán un resentimiento perenne con éste, por ignorarlos en sus cumpleaños al no regalarles “ni una galleta”.
Hoy los únicos padrinos que se mencionan tienen que ver con la exportación de sustancias sicotrópicas y las matanzas que el negocio ocasiona. Una novela y película con ese nombre ha perturbado nuestra sociedad. Ha sido emblema y enseñanza de un sistema nefasto para alcanzar la riqueza súbita, mediante proceder delictuoso y sangriento.
Sin embargo perviven los compadres y los ahijados. El afecto y el parentesco que confiere bautizar se señalan como relación especial. Los ahijados reciben respaldo inútil en esta sociedad, que dice estar regida por una meritocracia mamasantona.
Esta vaina de bautizar comenzó hace como dos milenios en el Jordán, cuando un primo lejano de Cristo se le dio por mojarlo con aguas que todavía no había contaminado el progreso.
Bautismo de sangre, y bautismo de fuego se usan para iniciar a alguien en un proceso que nos lacera. Cada día se cumple a edad más tierna. En eso las Farc han superado todos los records del Guinness. El bautismo parece que campeaba en las épocas del Mío Cid. Hoy todavía en su proceso se habla de moros y cristianos.
Otra de las razones para deteriorar la institución ha sido la oposición de los curas a la designación de algunos nombres estrambóticos. La cantidad de muchachos sin tocayo ha contaminado una ceremonia digna y hermosa. La peor vaina es el uso que se le da al bautismo para indicar la adulteración de un producto, como hasta hace poco sucedía con la leche, pero hoy está más barata que el agua. También tiene vigencia cuando se le pone apodo o sobrenombre a una pobre criatura.

*Abogado, Ex Gobernador de Bolívar y Ex parlamentario.

augustobeltran@yahoo.com

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