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Malthus en Cartagena

En 1798, un joven inglés llamado Thomas Robert Malthus, escribió un libro muy exitoso para la época, con el título: “Ensayo sobre el principio de la población”, el cual intentó demostrar que los humanos se reproducen al ritmo de las progresiones geométricas (es decir, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512, 1.024…), mientas los alimentos, dado el factor limitante de los recursos productivos como la tierra (amparada obviamente en la famosa ley económica de los “rendimientos decrecientes”), sólo lo harían en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5, 6…), lo que ocasionaría un incremento inaudito de la pobreza.

Al menos que el planeta se defendiera con pestes, guerras, conflictos y hambrunas.
En aquel momento, producto de las profecías de Malthus, la economía se consideraba una ciencia lúgubre y pesimista, donde sus fieles se amontonaron angustiados en los patios de los hospitales mentales de Inglaterra.
Afortunadamente para todos, llegaría la llamada revolución industrial, acompañada con la disminución en las tasas de la natalidad, las economías de escala, las innovaciones tecnológicas y los incrementos en productividad, que pisotearon sus teorías y el mundo retornó tranquilo a los vientos del optimismo.
Pero los tiempos cambian y como dicen las abuelitas: “la venganza es dulce, llega tarde y a algunos les empalaga”, quien lo creyera, el amigo inglés no estaba tan equivocado, y luego de 211 años desde la publicación de su libro, el planeta se viste nuevamente a la usanza Malthusiana (el hombre necesitó algunos añitos para probar su historia), porque bajo los preceptos ambientalistas, nos estamos consumiendo y liquidando cual gallo fino frente a un espejo veneciano.
Es cierto, solo basta leer la prensa para encontrar diariamente la opinión de todos los expertos ambientalistas vaticinando tragedias y cataclismos producto de la sobrepoblación mundial y su impacto en la contaminación, el calentamiento global, el cambio climático, el descongelamiento de los polos y el incremento de las mareas, que por cierto ya me tienen durmiendo con careta y aletas para prevenir cualquier sorpresa acuática indeseada.
Pero bueno, me estoy desviando - ustedes me disculparán- porque mi tema no es ambientalista, sino demográfico, donde la realidad Malthusiana se vive dramáticamente en los países subdesarrollados.
Para no ir más lejos, acuaticemos en Cartagena, donde su tasa de natalidad de los estratos 1 y 2, y la productividad media poblacional se estrellan con la fuerza de una centella. Es cierto, nuestro amigo inglés vive en cada ladrillo de la Clínica de Maternidad Rafael Calvo y deberíamos colocarle una estatua en su honor para recordarnos el problema.
Según cifras de la Maternidad, los estratos 1 y 2 se reproducen a la misma velocidad del jamaiquino Usain Bolt, corriendo los 100 metros planos. Y lo que es peor, 3 de cada 10 embarazadas que llegan a la clínica, son adolecentes.
Así las cosas, nunca habrá impuestos, contribuciones, subsidios, donaciones o asistencia suficiente para solucionar nuestra miseria, ni Pedro Romero corriendo desnudo por las calles (acompañado de las “Familias en Acción”), sino atacamos el problema desde su origen: nuestra tasa de natalidad en la población más necesitada.

*Economista, Empresario

jorgerumie@gmail.com

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