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Más reflexiones sobre turismo

Decía que hay cartageneros que andan en su ciudad de turistas, haciéndose los locos ante la pobreza y la violencia.

Hay, por supuesto, los que ni se enteran de en qué mundo viven, pero sobran también los y las ciudadanas a quienes les duele Cartagena, que la ven y aman con todas sus caras. Visión doble, negación y crisis permanentes de identidad son síntomas de la esquizofrenia cívica que sufrimos gracias a la división en dos ciudades de nuestro espacio físico y social, manifiesta tanto en la exclusión de la ciudad no amurallada de los proyectos de desarrollo económico como en la exclusión del cartagenero común de los espacios que se recuperan y embellecen del lado favorito de la ciudad.
De esta última exclusión hablaba un cochero al gritar a un cliente, “Usted está en la bella Cartagena, donde si no tiene plata no puede comer, ni beber, ni disfrutar”. Nada más pertinente para un turista, lo terrible es que es igual de cierto para el local. Y es que para la mayoría de cartageneros, aún para los profesionales y menos pobres, esa ciudad de cuya belleza nos enorgullecemos es inaccesible. ¿Cuántos pueden pagarse unas frías en Santo Domingo? Aún para los eventos gratuitos, ¿cuántas familias pueden pagar el transporte para asistir a un evento nocturno? Si hasta la playa, a fuerza de esos sillones blancos que montan en todas partes, nos están estratificando ya. Además, ¿quién quiere ir a donde lo tratan mal? Porque no sólo son los precios sino los desprecios, los que mantienen al cartagenero del extra muro “en su lugar”.
Por eso me canso de oír que el turismo es la tabla de salvación económica de la ciudad. ¿De cuál ciudad? y ¿para quién? Que la ciudad –léase el Centro Histórico- está bonita, cierto, pero ¿quién paga por eso?, e insisto, ¿para quién? ¿Se justifica que en “una” ciudad donde la gente sufre hambre se invierta tanto en “embellecer” el centro?
Otra cosa sería si en vez de encerrarnos en el patio para que la casa esté presentable para la visita, prestáramos la sala de nuestra casa para el beneficio de todos; si además de cuidar las plazas se invirtiera en el cuidado del ciudadano. Pero ¿a dónde se va la plata que deja el visitante? Una plata que garantiza la gente –no las calles ni las paredes, sirviendo al visitante con caras alegres, quitándose del medio o hasta malvendiendo el pellejo para la concupiscencia ajena.
Los defensores del turismo se sirven de la herida fatal que divide a la ciudad. Entre estos últimos, cabe destacar los esfuerzos por llevar la oferta cultural a los barrios, o por abrir los escenarios –como el rebautizado Teatro Adolfo Mejía- al público local. Otros se quedan en discurso, como esa campaña que anda por ahí mandándonos a cerrar los ojos para imaginarla ciudad -por cierto con una sola niña negra de una decena de modelos, con tanto que necesitamos ojos abiertos y acciones concretas.
He encontrado en el Centro lugares donde sí cabemos, y a los pocos tercos, además de los sandieguinos y getsemanisenses que no se han dejado sacar, que se disputan, tomando cerveza de tienda en las esquinas, ese espacio público que, al parecer, sólo es importante recuperar cuando son los pobres los que se lo han “tomado”. Recomiendo el teatro Reculá de Ovejo, bajo el baluarte de San Lucas en San Diego, donde se presenta el viernes una obra estupenda de Jorge Naizir, precisamente sobre la génesis de la violencia de los barrios: En la oscuridad.
Al reconocimiento y la atención a la problemática de la ciudad pobre hay que sumarle la toma del Centro por la otra ciudad, por los cartageneros de “cara pelá” y con actitud de dueños. Sólo ese apareamiento sin castas de las dos ciudades puede parir un ciudadano con sentido de pertenencia e identidad.

*Doctora en literatura y profesora universitaria.

nadia.celis@gmail.com

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Comentarios

La doctora cae en los lugares

La doctora cae en los lugares comunes de siempre, dos ciudades, pobreza , miseria, que los pobres no pueden pagar las 'frías' en santo Domingo, parece ser miembra (como dirían los fetichistas del idoma -Florence,thomas. Ängela Benedetti-) de la cofradía de los Múnera y cía. ¿Què propones chica además de tu diagnóstico ultraconocido, aunque tu elaboración e s muy pobre?