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Ojo al Centro Histórico

Sobre Cartagena se ha escrito hasta el cansancio. Le han cantado músicos, novelistas y poetas. Ha servido de escenario hechicero a películas y documentales, y ha sido motivo de ensayos infinitos sobre su historia ensangrentada o pintoresca, o el valor de su arquitectura colonial y republicana. Pero nunca, como ahora, había estado en la atención creciente de inversionistas nacionales y extranjeros, hasta convertirse en el lugar con mayor índice de desarrollo de la construcción en el país.

Como era de esperarse, el antiguo “Corralito de Piedra” ejerce especial atracción para los edificadores. Y en el recinto amurallado, así como hasta el hace poco olvidado Getsemaní, se trabaja sin reposo. Y, muchas veces, sólo para levantar en los interiores apretados apartamentos, con sacrificio de los patios tradicionales y de las hermosas escaleras de los inmuebles. No faltan los proyectos en que se agregan pisos para ganar espacio, aún al frente de añosas fortificaciones o en la cercanía de venerables monumentos. Caso concreto se encuentra actualmente en la Plaza de los Coches, ante el Reloj Público y las murallas, se aumenta la altura de un edificio amarillo, a media cuadra de la Alcaldía, sin que se adopten medidas para evitarlo.
Ya es hora de abrir los ojos sobre lo que ocurre y de ejercer cuidadoso control sobre los permisos que se dan para no incurrir en errores lamentables. Hay que vigilar, diligentemente, el respeto de las normas establecidas, a fin de sancionar con la debida severidad los abusos y los incumplimientos.
Hace casi 2 décadas, el inminente historiador Eduardo Lemaitre advertía sobre los peligros del desarrollo, en nota que parece escrita para el actual momento. Y decía:
“Cartagena atraviesa, durante estos tiempos nuevos, una etapa de verdadera transformación. Como una crisálida que echara a volar, del viejo cascarón colonial ha empezado a surgir una nueva ciudad, alegre, pujante y laboriosa, con una fisonomía y un carácter que quizá nunca imaginaron los viejos patricios.
“Esta es una realidad palpable que no podemos desconocer... Pero ¡cuidado!... Tenemos que ser implacables en la defensa del patrimonio del ayer, porque el impulso de las fuerzas económicas que nos están empujando hacia delante es de tal naturaleza, que si nos descuidamos, podríamos poner en peligro la herencia recibida de nuestros mayores. Es, pues, preciso que, todos de consuno, ejerzamos vigilancia permanente e insomne, para que nuestra Cartagena conserve su autenticidad y su fisonomía histórica.
“Esto es particularmente digno de atención, si nos atenemos a la tendencia que empieza a observarse en relación con las remodelaciones de grandes mansiones coloniales de nuestro recinto amurallado, que están siendo subdividas a veces de modo cruel, para convertirlas en “apartamentos”. Es verdad que, hasta ahora y por lo general, se han venido conservando incólumes las fachadas exteriores, pero, en algunos casos, se llevan a cabo verdaderas atrocidades”.
Y razón sobrada asistía al ciudadano insigne que amplios servicios prestó a Cartagena. Hay que ponerse las pilas para defender el perfil de la ciudad procera que espera, con justificada confianza, que el gobierno del Distrito adopte medidas para controlar los errores y los excesos que se cometan en las remodelaciones.

*Ex congresista, ex embajador, miembro de las Academias de Historia de Cartagena, y Bogotá, Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

academiadlhcartagena@hotmail.com

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