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Palabras redentoras

Uno de los logros de quienes han sufrido la injusticia es que aprenden a mostrar desde la intimidad lacerada cómo ese dolor implica a la sociedad y muestra en su desnudez y miseria motivos ocultos y la virtud de resistencia del ser humano sostenido por una bondad cuya existencia es indispensable celebrar. No otra parece ser la tremenda lección de humanidad y arte que encierra el texto leído por Herta Müller antes de recibir el Nobel de literatura y que ella con perspicacia de poeta ha titulado, “Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso”.

Quizá la vida palpitante del texto de la Müller tenga que ver con las revelaciones y vínculos que aparecen cuando el poder ordenador de la literatura se aplica al desorden y el caos de la existencia. Y en este caso las imágenes de la infancia, el posterior trabajo de traductora en una fábrica, se confabulan en favor de la dignidad y descubren la génesis de la vocación literaria. Se puede pensar que de no haber surgido la complicidad con las palabras toda una vida habría quedado olvidada en su elementalidad de significaciones acaso herméticas o de repeticiones desapercibidas. ¿Se puede vivir así? Es decir, vivir sin destellos que enfrenten el aburrimiento, que alimenten la esperanza y pongan en cada gesto la invocación de un rito que lo haga distinto, personal.
La sombra de las araucarias es más sombra después de haberlas vuelto a conocer en la poesía de Neruda. Como la soledad colectiva de la incomprensión es más solitaria después de García Márquez. Y el temor es más miedoso después de ser advertido por Faulkner.
Herta Müller antes que la naturaleza, antes que los sentimientos, rescata de un territorio humilde la voz de su madre que cada vez que ella salió de casa le preguntó:
¿Tienes un pañuelo? Secador del sudor, guardador de los mocos, servilleta a veces, misericordia por el último rostro del que murió en la calle, la prenda enseña como ninguna aquello que el de Asís llamó lo infinito de lo pequeño. Y esa pregunta de la madre, incansable porque la hizo siempre desechando la pedagogía de la repetición, acuñó un sentido inolvidable de la ternura. ¿Tienes un pañuelo?
Antes de que a la Müller le concedieran el premio Nobel de literatura habían aparecido en periódicos españoles reseñas de una o dos novelas traducidas. Despertó mi atención que su universo novelesco surgía de las sociedades maltratadas por la dictadura. Era un signo de que los conflictos por la libertad seguían perturbando a las mujeres y a los hombres. Muchos recordarán la muerte del tirano de Rumania. ¿Pero cómo se sobrevive a un régimen que pretende capturar el alma?
La bella y ejemplar enseñanza del texto es que no hay que desfallecer ante la ig-nominia, que las palabras mismas desprenderán un secreto, que no importa lo cer-ca que respire la maldad. Es terrible que al poner en palabras lo que parecía pasa-do, Müller incrusta su presente. No ocurrió. Está ocurriendo: presente activo. Y nos toca cuando dice: “La calumnia nos atiborra de mugre, y nos asfixiamos por-que no podemos defendernos”.
Los poetas y los escritores, los periodistas, los cantantes, los enamorados, saben que nos queda la palabra. Y eso lo reitera Herta Müller: cuanto más palabras use-mos, tanto más libres somos.

*Escritor

rburgosc@postofficecowboys.com

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Comentarios

Me gustaría que el universal

Me gustaría que el universal colocara una barra de 1 a 10 para calificar, los escritos, este merece un 10.

Don Roberto el señor jorge

Don Roberto el señor jorge claro lo califico con un diez .La verdad es que su comentario es mas filosofico que natural. Empiezo por decirle que el solo hecho de haber nacido en la pobreza es una injusticia de la naturaleza. Solo mire la miseria humana que gira al rededor de nuestrtas vidas, a la cual la despiadada naturaleza nos condeno. Este es un tema que hay que analizarlo y llevaria muchas paginas lograr comprenderlo mi calificacion no la doy no me gusto el tema.