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Profetas de Año Nuevo

Al principiar cada año llegan noticias y predicciones de especialistas sobre lo que va a ocurrir. Las cabañuelas auguran lluvias y sequías. El Almanaque Bristol, sus tiernas necedades.

Otros predicen terremotos y tormentas, tragedias y guerras, la muerte de estadistas y personajes. Los profetas más célebres tienen varios años de estar equivocándose con Fidel Castro. En ese sancocho de supersticiones, algunos llegan a pronosticar el descubrimiento de la cura del cáncer, y del alzhéimer.
Los babalaos de la santería afrocubana son los supérstites en la prensa. En una isla muy pocos se atreven a hablar sobre lo que va a pasar. Fidel es eterno, así como las dificultades que padecen los cubanos. Aunque dicen que no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista.
Desde el amanecer de los tiempos, el hombre ha tenido la obsesión del futuro. Los más vivos de cada comunidad se dedicaron a predecir el porvenir. Mientras unos lo hacían con supersticiones y fetiches, otros buscaban probabilidades para acertar en sucesos futuros.
De esta influencia no se salvó nadie. Hasta los más poderosos de cada época se inclinaban ante quienes decían conocer el porvenir. Sus actos se ajustaban a predicciones absurdas en muchos casos. Cuántas batallas se aplazaron por el vuelo o la caída de un pájaro, de una estrella, por sueños y sus interpretaciones. La fama de algunos de estos avispados, como el arúspice Espurnnian, ha llegado hasta nosotros: se ufanaba de haber predicho en detalle el asesinato de Julio César, anunciado por la caída de un pájaro. Ahora los pájaros y sus caídas son ayudados con milagrosas pastillitas.
Siempre nos ha cautivado el porvenir. Ilusiones, sueños y esperanzas sustentados por la buena suerte que creemos tener todos los hombres cuando somos jóvenes.
Wilde, en sus geniales epigramas afirmaba despreciar el futuro “ya que no ha hecho nada por nosotros”.
No obstante, al futuro hay que tenerle respeto, porque en él vamos a pasar lo que queda de nuestra existencia. Hemos anhelado su llegada, y para ella dibujamos proyectos, y esperanzas. Pero los años nos han convertido en escépticos sobre las bondades de lo que viene.
Parece que el futuro brota del pasado y finalmente se incorpora a él. Ambos están cosidos con el presente, lo actual, lo que creemos estar viviendo.
Al pasado lo miramos con simpatía. El olvido nos ayuda a eliminar sucesos desagradables. La memoria es selectiva. Por lo general nos trae los buenos momentos y las personas queridas. Claro que no falta quienes archivan rencores y tragedias en un catálogo que les amarga y encona. Cada uno escoge su combustible para vivir. Pero así parezca tonto, es mejor recordar lo bueno.
Muchos desconfían del mañana. Lo saben difícil. Intentan prolongar un presente fugaz. No hay nada más irreal que la realidad. El hombre mira hacia adelante. La mujer del pervertido bíblico se volvió sal por mirar atrás. Auncuando muchos digan que ese patriarca se salvó porque era de la rosca nepótica de los mandones. Aquellos que tenían todos los afectos de Yaveh.
Últimamente han puesto de moda decir: “La realidad es que...” Pero si quien mucho exalta la verdad suele ser embustero, quien se refiere con frecuencia a la realidad está fuera de ella.

*Abogado, Ex Gobernador de Bolívar y Ex parlamentario.

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