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Protesta en contravía

La protesta social pretende presionar a quienes están en el poder, para solucionar problemas desatendidos por las vías regulares y simultáneamente llamar la atención de la comunidad, para encontrar solidaridad al defender la causa.

Toda protesta colectiva, aunque pacífica, genera traumatismos, pero como consecuencia colateral y no como su fin último. El bloqueo temporal de una vía por una marcha e inclusive la toma de una edificación, para citar las más conocidas, pretenden captar el interés general y ampliar la capacidad de presión a favor de los manifestantes.
Pero cuando la manifestación busca deliberadamente causar daño, incentivar la confrontación, agredir a terceros y generar caos, ya no es una protesta, sino una acción violenta sin legitimidad.
La acción del sábado pasado de algunos mototaxistas de Cartagena estuvo lejos de ser pacífica; su desarrollo marchó en contravía de los propósitos que la motivaron y consecuentemente los resultados fueron contundentemente contrarios en solidaridad ciudadana y atención de las autoridades.
Independientemente de las condiciones de ilegalidad y peligrosidad del transporte de pasajeros en moto, su aceptación de hecho por lo rápido y económico, genera muchos defensores en la comunidad, quienes ocasionalmente son solidarios con los mototaxistas en sus demandas. Pero paradójicamente la “protesta” del sábado convirtió a la comunidad en la víctima principal.
Los grupos de motorizados que actuaron bajo coordinación previa o por acción espontánea, no se conformaron con cerrar el principal punto de acceso al centro de la ciudad, con lo que ya generaban una situación traumática suficiente para presionar a las autoridades en sus exigencias, sino que decidieron bloquear cualquier posibilidad de escapatoria a los ciudadanos atrapados en trancones interminables, en diferentes sectores de la ciudad.
El bloqueo de vías alternas que ofrecían posibilidades de retorno a quienes no pudieron llegar a sus destinos, terminó por producir una especie de secuestro colectivo que padecieron por largas horas centenares de hombres, mujeres y niños. Las ambulancias, con pacientes a bordo, quedaron igualmente atrapadas, indicando una cuota de sacrificio de otros inocentes.
Cautivos en sus propios vehículos, tras perder sus compromisos, soportando hambre, calor y angustia, conductores y pasajeros, independientemente de su condición social o ideología, coincidían en demandar la intervención pronta y efectiva de la fuerza pública, como posibilidad única para quedar libres y llegar a sus destinos.
Independientemente de las causas que motivaron su acción, los mototaxistas fueron poco calculadores y nada estratégicos en la búsqueda de respaldo popular (¿será que no les interesa?), al realizar una jornada cuyos principales afectados serían los ciudadanos comunes y corrientes, es decir sus propios clientes.
La efectividad para generar caos no es sinónimo de fortaleza. En el caso que nos ocupa la organización de mototaxistas quedó debilitada ante la opinión pública, y si se toma el trabajo de reflexionar, tendrá que replantear sus próximas tácticas de presión, aplicando una dosis mayor de racionalidad.

*Trabajador Social y Periodista, docente universitario, asesor en comunicaciones.

germandanilo@hotmail.com

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