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Tertulias, noticias y cuentos

El renacer formal de las tertulias cartageneras trajo consigo el recuerdo de acontecimientos emblemáticos de nuestro realismo mágico cotidiano.

En la “tertulia sobre las tertulias”, realizada la semana pasada en el baluarte San Ignacio, figuró la historia de un pintoresco ladronzuelo que, después de haber desocupado literalmente una casa, se quedó dormido y sus ronquidos despertaron a los propietarios.
Tal hecho obtuvo despliegue informativo nacional, e inclusive agencias internacionales de noticias dieron cuenta del episodio a sus abonados. Como reportero del Noticiero de las 7, el más visto en ese entonces en la televisión colombiana, seguí detalladamente la historia y entrevisté al ladrón, quien con su vanidad henchida ante las cámaras, explicó que una mezcla de ron y marihuana lo llevaron inoportunamente a dormirse.
Pero como ese, muchos otros episodios de nuestra cotidianidad han merecido históricamente espacios en los grandes medios de comunicación, con la aceptación de muchos que los interpretan como reflejo de nuestra realidad y el rechazo de otros, quienes consideran que su difusión contribuye a tergiversar la idiosincrasia costeña.
Sin entrar en tales consideraciones, impulsado por la revitalización de las tertulias; por el entusiasmo que genera conversar sobre todo y descubrir la trascendencia de lo aparentemente intrascendente, desempolvé de los archivos de la mente algunos de los casos que -por curiosos- se convirtieron en noticias y alimentaron tertulias locales y nacionales:
Revivo las imágenes del gran alboroto en un pueblo cercano, por la decisión del Inspector de Policía de ordenar la detención de un burro, por haber dado muerte a otro en una riña, como única opción de atender la demanda de justicia que hacía el propietario de la víctima. Justo cuando hacíamos el cubrimiento periodístico, el asno acusado se desató de sus amarras y escapó a toda carrera por las calles de la población polvorienta, en medio de la algarabía de los moradores.
Haciendo honor a su apodo “el guayacán”, un hombre moreno y fornido, habitante de uno de los populosos barrios de la heroica, fue también personaje de crónica televisiva, no solo por contar con más de 30 hijos y tener entonces como esposa a una joven de 17 años a sus cercanos 70 años, sino por conservar en casa su propio ataúd, el cual cuidaba con esmero, e inclusive, dormía algunas noches en él para irse acostumbrando a cuando llegara el sueño eterno.
Entre las romerías que generan las llamadas apariciones divinas, hace casi dos décadas se hizo célebre una en un rancho humilde de los Montes de María, donde el Sagrado Corazón de Jesús (en vos confío), se le dio por aparecer, nada más ni nada menos que en la superficie de un buñuelo, el cual por efectos de la devoción pasó de la sartén a una urna de terciopelo, convertida en altar, donde el frito recibía flores, oraciones y ofrendas.
Estos y otros acontecimientos noticiosos, reconstruidos a manera de cuentos, hacen parte de un libro que conservo en remojo desde hace algún tiempo, en mi turno para cruzar la frontera entre periodismo y literatura y cuya publicación hace parte de los propósitos personales de nuevo año, que decido anticipar para comprometerme y trascender los círculos de las tertulias.

germandanilo@hotmail.com

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Comentarios

Don German Danilo: Ya nos

Don German Danilo: Ya nos dejo picados. Mejor dicho, ya se comprometio, asi que decidase a terminar ese libro lo mas pronto posible. Asi, podra escribir mas libros. Su prosa es sencilla, pero elocuente. Su realismo no es magico como el de Gabo es realismo realista con sazon de humorismo. Me recordo su articulo los libros sobre Cartagena escritos (en diferentes epocas) por Daniel Lemaitre y por Eduardo Lemaitre (hijo de Eduardo). Anoro esos dias de Cartagena.

Alguien que le hubiera

Alguien que le hubiera servido de fuente de inspiracion era el Tuerto Luis Carlos Lopez. Aun puede escuchar mucho sobre el tuerto de labios de su sobrina, quien vive en el Laguito. Si pudiera extender sus escritos a la provincia y mencionar a un teniente de la policia de apellido Tenorio (si el padre del Capitan de la Armada, Tenorio), quien en Sincelejo a los ladrones que tomaba presos les colgaba un letrero grande en el cuello que decia: LADRON, y los ponia a trotar alrededor de la plaza Majagual diciendo: "LO ajeno pa' su dueno". Y que decir del capitan Larrarte (conocido en Cartagena como el Coronel Larrarte por unos, y como la rata Larrarte por otros), cuando fue alcalde de Sincelejo: le ponia un cigarrillo en los labios a los presos y se alejaba como 50 metros, con una carabina 22 le volaba el cigarrillo de los labios. Claro mas de uno terminaba con el asentadero mojado y sucio.

Y para hablar de tertulia, el

Y para hablar de tertulia, el Gabo narraba en una entrevista que le hicieron hace mas de 25 anos en la TV colombian (Yamil Amad?) que el padre Camilo Torres, companero del colegio de el, le entrego un dia a Gabo un ladron para que lo ayudara y le diera posada. El ladron habia ya pagado en la carcel su deuda, sin embargo era acosado por la policia cada vez que lo veian. Asi, el Gabo y la mujer se iban para el trabajo y dejaban al ladron cuidando la casa. Cosas de Gabo. Una vez habiamos salido de lo que hoy es la Quemada, nos habia invitado a uno de los Barboza Avendano y a a mi a tomar unos tragos, pues hicimos un papel sencillo en la pelicula gracias a los contactos de Efrain Pretelt (un teniente de la Armada) que sin saberlo nos presento a uno de los productores.

Salimos como a las tres de la

Salimos como a las tres de la manana a comer guartinaja a la mosca elegante, una mesa de fritanga que la negra Manuela ponia todas las noches frente al Teatro Cartagena, despues de que se quemo el Mercado de Cartagena. A la hora de pagar no teniamos plata y nos toco pedir prestado a un muchacho que estudiaba en la Universidad de Cartagena, que estudiaba ingenieria. En el mismo sitio, sentado en un banco estaba Gabo comiendo guiartinaja y echandole piropos a la hija de Manuela que tenia como 18 anos. Anos despues he tratado de averiguar el nombre del muchacho que ya debe ser un ingeniero desde hace muchos anos y encontrarlo, pero no he podido. Bueno esas son las cosas. Gabo acababa de escribir su libro Cien Anos de Soledad, y el unico que habia reconocido la calidad del escritor en esa epoca era un profesor Orozco que ensenaba Espanol en el Liceo de Bolivar y a quien a quien le decian el microfono. Siempre dijo (en los 1960) a ese Gabo le van a dar el Nobel.

Hombe, y no se te okvide el

Hombe, y no se te okvide el cuento de la "barriga de trapo"