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Volver al cine

Comparto con mi amigo Ricardo Chica su entusiasmo ante el cambio radical en la asistencia a los cines de Cartagena. El milagro se produjo por la razón elemental de que los dueños entendieron que era mejor negocio abaratar las boletas que seguir proyectando películas con la sala vacía.

Hace poco estuve en el Paseo La Castellana viendo una película divertida, y era como volver a la alegría de los tiempos en que para entrar al teatro había que hacer grandes colas, y luego te encontrabas el cine lleno a reventar y la gente hablando y riendo y hasta aplaudiendo las escenas en las que el héroe se sale con la suya.
No dudo que el regreso al cine de los cartageneros es en sí mismo uno de los grandes logros culturales de este año. Ahora sólo falta que los empresarios destinen aunque sea una sala de las tantas que tienen para presentar películas de calidad y de países diferentes a los Estados Unidos. Uno se cansa de ver tanto Rambo absurdo y tanta violencia gratuita y mal filmada.
Ojalá y nuestros jóvenes puedan encontrar en la magia de la pantalla grande una razón importante para despegarse de la pantalla pequeña y del internet, que los ha convertido en seres solitarios. Volver al cine es de cierta manera volver a la calle y al encuentro y roce con cientos de personas que uno no conoce, pero con quien puede de nuevo intercambiar una sonrisa.
*****
No es un cine club, pero es lo que más se parece, y funciona desde hace varios años con una continuidad admirable. El local no puede estar mejor situado ni ser más bello y reminiscente de los viejos tiempos del Teatro Cartagena. Es un pequeño salón en los altos de Quiebracanto o, como lo llamábamos hace apenas unos años, el Edificio de la Puerta del Sol.
No creo que quepan en él más de 30 personas, y sus sillas deben ser de aquellas que utilizaban viejos teatros como El Rialto o el Almirante Padilla, para los puestos más costosos. Las películas se proyectan en una pantalla para “videobeam”, pequeña comparada con la de los cines comerciales, pero lo suficientemente grande para disfrutar de una buena proyección.
Todos los jueves, viernes y sábados hay una sola presentación a las 7 y 30 de la tarde, y Álvaro, su dueño, lo único que pide es una contribución voluntaria de $4.000. Pero la gracia mayor de esta pequeña sala de cine no es su belleza, ni lo íntimo de su espacio ni la pequeña cuota voluntaria. Lo que realmente es su gran virtud es la maravilla de cine que usted puede ver allí todas las semanas, en una ciudad en la que la constante es la mediocridad de las carteleras hasta proporciones aterradoras.
Álvaro, quien es también dueño de Quiebracanto, vive con una profunda nostalgia de los cineclubes de los años sesenta y setenta, y hace un esfuerzo admirable para presentar ciclos del mejor cine del mundo. De modo que si usted quiere ver hoy las grandes tragedias griegas llevadas maravillosamente a la pantalla o las obras maestras de Luis Buñuel o El último Tango, interpretado magistralmente por Marlon Brando, en este pequeño salón tiene usted la oportunidad de verlas en un ambiente de cine-café estupendo.

*Historiador. Profesor de la Universidad de Cartagena.

alfonsomunera55@hotmail.com

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Comentarios

Alfonso, este es un buen tema

Alfonso, este es un buen tema y gracias por traero a colacion. Aprovecho para presentar una idea que permitiria ir un paso mas alla y dar a los cartageneros un encuentro mas con la cultura. Hay teatros en EEUU, y Europa que transmiten en directo en HD (high definition) operas desde el Teatro Metropolitano en NY, y la Escala en Milan. Con el precio de un tiquete de cine, los cartageneros podrian ver opera como si estuvieran en primera fila. Mi primera opera la vi en el teatro municipal de Cali hace mas de 50 anos. Alli te dejo la idea.

Es una época hermosa que

Es una época hermosa que tenemos todos muy bien gravada en nuestras memorias, y que afortunadamente sabemos de alguna manera no dejarla, y es así como nos inventamos festivales, recitales, exposiciones, presentaciones etc. que nos permitan espacios para alimentar el alma y crecer espiritualmente junto a nuestros amigos culturales.

Qué bueno revivir esas

Qué bueno revivir esas historias de las proyecciones de cine a la manera de antes y de los Cineclubes en Cartagena. Yo recuerdo cuando Gustavo Ibarra Merlano, poeta y hombre de mucha cultura, regresaba de Bogotá y nos traía las mejores películas que él conseguía como DIrector que era del postgrado de Medios Audiovisuales en la U. Javeriana. Y las proyectaba, tal como lo cuenta Alfonso Múnera que lo hace Álvaro en Quiebracanto, en un sitio cuyo nombre no recuerdo por los lados del callejón Gastelbondo. Valdría la pena que alguien escribiera sobre las cosas que hizo este personaje, Ibarra Merlano, infortunadamente olvidado en la Cartagena de los tiempos de hoy.
Gracias Alfonso por estas dósis metódicas de ilustración y cultura.

Pero si Ricardo Chica no sabe

Pero si Ricardo Chica no sabe nada de cine, por qué lo incluye en el artículo como una fuente. ¿Qué peso tiene lo que piense ese señor, si carece de criterio para hablar sobre cinematografía? ¿Es que acaso no ha leído sus superficiales y huecas reseñas de cine?