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N/A - N/A - N/A - [object Object] - N/A

www.350.org

El 24 de octubre recibí un correo con esta dirección WEB y omití abrirlo por miedo a contraer un nuevo virus.

Luego entendí el significado impactante de “350”, cifra que todos deberíamos grabar en la mente para salvar la Tierra. Es una campaña muy creativa, liderada por Bill McKibben, autor del primer libro sobre calentamiento global: “El fin de la Naturaleza” (1998), que pretende crear una conciencia global antes de la Cumbre de Copenhague en diciembre, donde los líderes políticos del mundo tomarán las grandes decisiones ambientales.
Está inspirada en hallazgos científicos que muestran cómo, hace 200 años, nuestra atmósfera tenía 275 partes por millón de dióxido de carbono (ppm de CO2), concentración beneficiosa para calentar un poco la Tierra y hacerla más placentera y productiva. Pero, un amplio consenso de la comunidad científica afirma que el límite máximo de seguridad debe ser 350: de ahí hacia arriba las temperaturas aumentarían exponencialmente y ¡chao planeta! Lo grave es que ya rondamos 387 ppm y aumentamos 2 ppm por año. En palabras de McKibben: “con la progresión actual avanzamos hacia 465 ppm a mediados de siglo, la receta para la catástrofe".
Aquel día hubo 5.200 eventos en 181 países, con manifestaciones de apoyo al movimiento “350” en Times Square (N. York), Gran Vía (Madrid), pirámides de Egipto, Taj Majal (India), Gran Barrera de Coral (Australia), isla Pascua (Chile), etc. Qué pena no haber hecho la nuestra en el Camellón de los Mártires, aprovechando la alegoría de las mareas altas que ya inundan el corralito de piedra, a pocos pasos del monumento “Noli me tangere”: ¡No me toques!
Cartagena está en la zona de alto riesgo de mareas por cambio climático, con el asentamiento urbano más costoso y desprotegido de nuestra costa, a pocos centímetros sobre el nivel medio del mar. De nada nos sirve el “consuelo de tontos”, que las Islas Maldivas del Pacífico desaparecerán primero, junto con los pueblos esquimales y osos polares. En Alaska, el permafrost (tundra congelada) se derrite, igual que Groenlandia, la Antártida y los glaciares (1.000 millones de personas dependen del agua de estos últimos). Muchos científicos creen que antes de 2015, el Ártico podría estar libre de hielo en verano, 80 años antes de lo esperado. Con sequías y tormentas cada vez más fuertes, la naturaleza grita: ¡S.O.S., no pasen de 350!
Menos mal que “350.org” está liderada por jóvenes (con excepciones como la Nobel de Paz Rajendra Pachauri y el arzobispo Desmond Tutu, sumados a sus filas). La mayoría de adultos contemporáneos estamos perdiendo la oportunidad de tomar conciencia para reaccionar; así lo insinúa un sondeo reciente del Centro Pew de Investigaciones, entre adultos estadounidenses: 65% considera que el calentamiento global “no es un problema serio” y 64% que “el aumento de las temperaturas no es resultado de la actividad humana”. Niños y jóvenes habrían contestado muy distinto.
Tuve miedo de contraer el virus informático que imaginé oculto en www.350.org. Después de develar su advertencia, la misma que hizo Al Gore en su documental “Una verdad inconveniente” (le mereció el Nobel de Paz 2007), veo un temor mayor: contraer el “virus de la inacción ambiental” que nos impida dejar, a las próximas generaciones, una atmósfera con menos de 350 ppm de CO2.
Nuestros tataranietos (los que sobrevivan) seguramente reprocharán la falta de coraje de sus tatarabuelos para revertir el daño ambiental grave que ya en 2009 nos enfrentaba a la paradoja absurda de morir inundados o de sed. Y no la tomamos en serio.

*Ing. Civil y MBA, Directivo Empresarial

restrepojaimea@gmail.com

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