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Agua potable, sin un “rasguño”

Durante los varios meses de sequía causados por el fenómeno meteorológico extremo conocido como El Niño nos referimos aquí varias veces a la necesidad de aprovechar sus condiciones favorables para reparar jarillones, represas, caminos y demás infraestructura para prepararse para cuando llegaran las lluvias.

Desde hace meses distintas fuentes autorizadas han alertado acerca de la probabilidad alta de un fenómeno opuesto, el de La Niña, que vendría con lluvias extremas y que ahora se anuncia cada vez con más insistencia para la segunda parte de la temporada de lluvias. Pero es evidente que prevenir no es una de nuestras fortalezas, y que preferimos apagar incendios que evitarlos.

Calamar, por ejemplo, acaba de dar la voz de alarma porque sin que el agua haya subido aún mayor cosa en sus riberas, tiene orillas erosionadas que allí temen podrían sucumbir ante caudales más altos y corrientes más rápidas del río Magdalena apenas llueva más en el interior y baje más crecido.

La pregunta obvia es: ¿por qué no arreglaron sus diques y jarillones durante la sequía, cuando era fácil y barato hacerlo? Cualquier arreglo ahora costará mucho más, y el costo seguirá subiendo con la creciente del río.

Este hecho de imprevisión se repite no solo en los pueblos ribereños de Bolívar y del Caribe colombiano, sino de todo el país. Nuestro ADN aún no incluye la mínima capacidad de planificar, ni siquiera para hechos recurrentes como las sequías y los inviernos recios.
Menos mal que hay excepciones a lo anterior, y una de las más notorias, afortunadamente, la tenemos en casa: Acuacar. Esta empresa trabaja con la mirada bien adelante y por eso los cartageneros y buena parte de los bolivarenses nos beneficiamos de su previsión.

Durante la pasada y aguda sequía nunca estuvo amenazado nuestro suministro de agua potable ni la empresa tuvo que usar una sola vez su motobomba flotante en la estación de Conejos, el último pero efectivo recurso para mantener el nivel del embalse constituido por las ciénagas de Bohórquez, Juan Gómez y Dolores.

Juntas tienen un espejo de agua de 1200 hectáreas y almacenan 20 millones de metros cúbicos de agua para tratar. Esto quiere decir que si no se pudiera sacar una gota más del canal del Dique, la ciudad tendría una reserva para 60 días al mismo ritmo de consumo de siempre. Cartagena ha podido seguir regando todos sus parques y zonas verdes durante lo peor de El NIño, aunque la prudencia exigía un consumo conservador “para por si acaso”.

La previsión de Acuacar debería ser la regla y no la excepción en todos los sitios vulnerables de Bolívar, pero hay acueductos nuevos y buenos entregados por la Gobernación de Juan Carlos Gossaín que no funcionan o lo hacen a medias porque los alcaldes “no tienen presupuesto”. Es decir, no saben alocar sus recursos y ahora el gobernador Turbay tiene por delante el trabajo duro de tratar de enseñarlos a hacerlo.

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