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Editorial

Del Icahn, naufragios y cañones

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El Mar Caribe está lleno de leyendas y realidades de barcos españoles llenos del oro saqueado durante la Colonia y enviado a España, aunque muchos naufragaron en el camino, o fueron atacados por piratas, despojados de sus tesoros y luego hundidos. 

En Colombia se recuerda la disputa entre la compañía caza tesoros llamada Sea Search Armada y el Estado colombiano. En un momento de este proceso el Gobierno le exigió a la compañía dar las coordenadas del área donde fue hundido en 1708 el galeón San José , y luego contrató a Tommy Thompson, un genio que en ese momento tenía gran prestigio por diseñar los equipos con que encontró el barco SS Central América, hundido por un huracán cerca a South Carolina estando repleto de oro de California, para que con los mismos aparatos determinara si el San José estaba donde lo indicó Sea Search Armada.

Hoy Tommy Thompson está preso, demandado por algunos de sus empleados y por quienes le financiaron la campaña para encontrar y sacarle el oro al SS Central America, porque aseguran unos y otros que no les cumplió. Thompson huyó de la ley durante dos años hasta que al fin fue atrapado.

¿Qué tienen los naufragios y sus tesoros que pueden obsesionar y enloquecer a los seres humanos, incluyendo a algunos con mentes tan brillantes como la que hasta los jueces le reconocen a Tommy Thompson? Más allá de la fiebre del oro, de la ambición y de la codicia, los objetos antiguos hundidos tienen su propia fascinación.

Por eso una entidad como el Instituto Colombiano de Arqueología e Historia (Icanh) y quienes le hacen a la entidad trabajos de exploración y salvamento de objetos históricos en el fondo del mar deben tener cautela al hacer hallazgos y estudiarlos, tal como acaba de suceder antes de dragar el canal de acceso frente a Manzanillo, donde sus buzos encontraron los restos del casco de una nave de 1741 y uno de sus cañones, tal como lo publicó este diario ayer luego de entrevistar a Carlos del Cairo Hurtado, quien dirige las labores de rescate bajo las directrices de Ernesto Montenegro, director del Icahn. Como ambos inspeccionan personalmente los hallazgos en el fondo de la bahía, nadie les puede echar cuentos.

Los restos del barco encontrados en el área de Manzanillo no son los únicos hallazgos, sino que Montenegro y del Cairo H. trabajan en otro naufragio que localizaron en los alrededores de Cartagena, para saber exactamente qué queda allí de él y para permitir después que sea buceado por aficionados que lo quieran ver.

El Icanh necesita recursos para construir instalaciones en tierra para tratar objetos que estuvieron hundidos durante siglos. Mientras no los tenga, debe dejar en el agua, con grandes riesgos de que se los roben, los tesoros históricos y sus artefactos, porque se desintegrarían al sacarlos.

El Distrito, el Gobierno nacional y el Icahn deben aliarse para financiar sus laboratorios en Cartagena, dados los múltiples naufragios que hay por recuperar en la bahía y en los alrededores de la ciudad. Ese patrimonio sumergido es tan importante como los monumentos de piedra. 

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