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Editorial

Dimar clausura muelles de barrios

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Mediante la comunicación número 15201400070, del miércoles 8 de enero pasado, la Dimar, a través de la Capitanía de Puerto, prohibió usar cuatro muelles privados, 3 en Bocagrande y uno en la Avenida Miramar, de Manga, “debido al alto deterioro de los mismos”.

Estos son: el Muelle Yacamán, frente al edificio Casablanca; el muelle Marlin 1, frente al edificio Domus; el Marlin 2, frente al Edificio Marlin; y el muelle de la Avenida Miramar y la carrera 18 (Manga). El comunicado concluye que dichos muelles ponen “en riesgo la integridad física para las personas que hacen uso de ellos, a su vez contribuyen con la contaminación del medio marino”.

Los tres de Bocagrande fueron construidos hace muchos años por propietarios de lanchas privadas que vivían en casas al frente y solían ser usados por ellos y por otra gente. Aunque de construcción privada, siempre fueron de uso público por ley.  Pero seguían y siguen siendo mantenidos por bolsillos privados.

Todas las casas anteriores y otras fueron tumbadas para construir edificios en Bocagrande, Castillogrande, El Laguito y Manga.

Aunque en la avenida Miramar (Manga) hubo muelles privados y hay tres marinas, el mencionado por Dimar está en el Paseo Peatonal, construido por la Alcaldía y su reparación depende del erario, a menos que los vecinos se vuelvan a meter la mano al dril bajo el liderazgo de Asomanga, como ya ha sucedido.

La Dimar se curó en salud al prohibir usar los muelles para prevenir accidentes, que podrían ocurrir con facilidad. Sin embargo, mucha gente estaría más feliz si prohibieran los muelles del todo, ya que los usan los pilotos de las embarcaciones para torturar a los habitantes de los edificios vecinos con sus equipos de sonido. Esa clase de contaminación no la menciona el comunicado de la Capitanía, pero es la más recurrente.

El Universal lo sabe porque de los edificios mencionados, y de varios otros, nos llaman con frecuencia a denunciar dicho tormento acústico, el más reciente propiciado por el yate Gavas, con matrícula CP 050195-A, atracado en el muelle Marlin 2, que fue amonestado por la Policía Nacional y solo así bajó el volumen y soltó amarras después de varias horas de juerga y de quejas del vecindario.

Acabar con los muelles para descansar del ruido es una solución afín a vender el sofá para terminar las infidelidades del cónyuge, pero es atractiva dada la falta de autoridad y el reino de la barbarie en los muelles y embarcaciones privadas de la ciudad.

Ya un muelle privado frente al edificio Bahía San Marcos fue desmontado por su dueño para evitar los abusos anteriores, sin mencionarlos por los vehículos de los navegantes y sus menajes.

La Corporación Turismo Cartagena convocó a los dirigentes de las marinas y a las autoridades a reunirse pronto para intentar solucionar estos desmanes. Confiamos en que se encontrarán soluciones para mejorar la calidad de vida de propios y extraños. El atentado acústico no puede continuar.

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