El fenómeno Mockus

18 de abril de 2010 12:00 AM

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La polarización política colombiana comienza a intensificarse a medida que se acercan las elecciones presidenciales, especialmente con la disparada en las encuestas del Partido Verde y de su dupla para Presidencia y Vicepresidencia, Antanas Mockus y Sergio Fajardo. También importa mucho el respaldo de Enrique Peñalosa y de Lucho Garzón, que tienen sus propios logros y seguidores. Es inevitable la comparación con otro fenómeno político reciente: el de Barack Obama en los Estados Unidos. Tal como le pasó a Obama, a Mockus se le suma la juventud por multitudes a través de los grupos sociales en Internet; sube en las encuestas de manera geométrica, pero siempre con la sensación de que éstas no alcanzan a recoger todo el apoyo del candidato que subyace en la juventud. Así como se decía cuando Obama, que su país no estaba listo para un afrodescendiente en la Presidencia, se dice de Mockus que su simbología y talante profesoral son habilidades inadecuadas para manejar un país, y sobre todo, uno amenazado por grupos armados sanguinarios de izquierda y derecha, inmersos en el narcotráfico. Tampoco se le atribuye la habilidad para enfrentar a un vecino como Chávez porque no lo impresionarán mimos, espadas plásticas, disfraces de zanahoria, ni objetos geométricos en la cabeza. Por su parte, los verdes señalan los éxitos de Mockus como alcalde de Bogotá, incluyendo el descenso en la criminalidad, pero en especial, el sentido de pertenencia que despertó en la capital, transformándola de una ciudad caótica, a una con mayor civismo; de una tierra de nadie, al orgullo de los colombianos de provincia, que antes la veían como hostil. A pesar de todo lo que se pueda decir a favor de la gestión de Mockus, su mayor activo político es su credibilidad, nacida de su transparencia y de su ninguna disposición para tranzarse con la politiquería, como lo demostró ante los chantajes repetidos de los concejales de Bogotá. Una de las debilidades de Uribe, a pesar de sus logros múltiples, es precisamente que prometió acabar con la politiquería y la manzanilla, pero en muchos aspectos la incrementó por sus afanes reeleccionistas, y con ella se desbordó también la corrupción. A Uribe y al uribismo de Santos les podría estar ocurriendo con Mockus, lo que a las Farc con Uribe. Así como cada vez que las Farc atacaban a Uribe sólo lograban hacerlo más popular, cada vez que Uribe y Santos atacan a Mockus encarnizadamente, lo acrecientan. La razón quizá es que los uribistas convencidos no necesitan arengas porque ya son incondicionales, pero en cambio muchos de los que son uribistas con dudas pueden rodarse para donde Mockus por la agresividad de Uribe y del uribismo, vista como innecesaria. Santos y el uribismo son una fuerza formidable, experimentada, ducha en el poder, difícil de derrotar, y recogerán a los movimientos de algunos candidatos inviables, muy politiqueros unos y otros menos, que ya buscan puesto en un gobierno santista, imposible en uno de Mockus. Los candidatos tienen que saber que los colombianos no quieren sacrificar lo mucho ganado en seguridad con Uribe, y también, que cada vez detestan más a los políticos corruptos que dominan tantos aspectos del país.

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