El nuevo rollo con Chávez

01 de agosto de 2009 12:00 AM

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Los lanzacohetes de fabricación sueca y de propiedad del ejército de Venezuela, encontrados en un campamento de las Farc por las Fuerzas Armadas de Colombia, son la nueva causa de fricción entre Chávez, sus aliados y Colombia. El factor más importante -después de la inteligencia- para los reveses sufridos por las Farc, es la aviación militar y sus equipos electrónicos y armas teledirigidas, que les redujeron la ventaja de esconderse en la selva, y las Farc hacen lo posible por obtener misiles “tierra aire” para emparejarse con el Estado. La divulgación del hallazgo de estas armas por parte del Gobierno de Colombia ocurrió justo después de las declaraciones furiosas de Chávez y sus aliados con respecto al uso por parte de los gringos de tres bases militares colombianas para ayudar a combatir el “narcoterrorismo”. Chávez, luego de insultar a Colombia, anunció hasta la nacionalización de las empresas colombianas en Venezuela, además de que le dejará de comprar a este país sus productos, muy a pesar de que causará aún más desabastecimiento de comida y bienes de primera necesidad, lo que aumentará el sufrimiento de la población de Venezuela. Pero eso no le importa a Chávez. Su explosividad lo hace parecer errático, pero no lo es. Lo que sucede entre él, sus aliados y nuestro país es parte del plan general de la toma de Colombia y de la América utilizando “todas las formas de lucha” entre los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Los petrodólares de Chávez han sido el combustible de la ofensiva. Aunque se le mermaron, siguen siendo considerables. El gobierno de Ecuador es el otro protagonista y también ataca a Colombia para defenderse de lo obvio: sus relaciones con las Farc. Por estar catalogadas como terroristas, de comprobarse que alguna nación las ayuda, los países de las Naciones Unidas tendrían que tomar represalias económicas y políticas contra los países infractores. Ayer, el Washington Post le pidió al gobierno de EUA que incluya a Venezuela en la lista de países que auxilian al terrorismo. De ahí la importancia del hallazgo de los lanzacohetes del Ejército de Venezuela en poder de las Farc. Si se llegara a comprobar que los obtuvieron con su beneplácito, el gobierno de Hugo Chávez -y él mismo, repetimos- estarían en algunos aprietos. Los suecos confirmaron que los lanzacohetes se los vendieron al Ejército de Venezuela, y Chávez trata de echarle tierra al hecho irrefutable mediante su histrionismo usual, aunque no convence a nadie. El cambio político en Colombia hacia la izquierda “bolivariana” seguirá siendo el objetivo de Chávez y sus aliados, y la revisión de las relaciones con Colombia es apenas otro episodio en esa ofensiva, para la cual el uso de las bases colombianas por los gringos es un obstáculo, además de que podrían poner más en evidencia las rutas del narcotráfico a través de Venezuela, y las relaciones entre las Farc y algunos países vecinos. Es difícil que las relaciones con Venezuela, Ecuador y demás aliados bolivarianos lleguen a ser “normales”, pero a todos les conviene que mejoren, incluso a Colombia, aunque no debería bajar la guardia.

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