La carretera de Barú y la autoridad

10 de agosto de 2017 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Una carretera nueva suele ser vista como una obra que incrementa la calidad de vida, y más si es una vía como la de la isla de Barú, que aunque sigue inconclusa porque aún no llega al pueblo del mismo nombre, cualquiera se imaginaría que ha tenido una gran acogida y producido un gran beneficio.

Esta vía es considerada por algunas personas como una solución, pero otras la ven como una generadora del caos de la isla. El binomio del puente y la carretera, ante la falta de autoridad y control, han representado la depredación de Playa Blanca y de sus ecosistemas aledaños, con muchos falsos ‘nativos’ construyendo decenas de ranchos irregularmente en terrenos de bajamar. Es probable que en este mismo instante, a pesar de algunas intervenciones del Distrito, estén construyendo otra de estas estructuras. Así que para Playa Blanca la carretera ha sido nefasta.

Para los habitantes de Ararca y de Santana, la vía ha sido una bendición porque facilitó la comunicación con Cartagena sin las colas que antes había que hacer para tomar alguno de los planchones que transportaban autos y buses, especialmente ante una emergencia de salud o de otra naturaleza.

Para ciertas urbanizaciones bien establecidas ha sido una bendición porque eliminó la necesidad de tener lancha, que aunque para algunos es un atractivo, para otros es un gasto que ya no es necesario.

La carretera también le conviene a los propietarios que están a su vera e incluso a todos los demás porque facilita entrar y salir a voluntad.

Desconcierta, sin embargo, ver el abandono de esta vía, a la que se traga la maleza en algunas partes, además de que le salieron grietas al asentarse el terraplén sobre el cual la construyeron y que la podrían averiar seriamente. Algunos propietarios, con sentido cívico y práctico, mantienen sus frentes sobre la vía impecables, ejemplo que deberían seguir los demás en retribución a una obra pública que de todos modos valorizó sus terrenos.

Pero la vía parece tierra de nadie, con motocicletas con más de dos pasajeros, ninguno con casco, y carros que invaden el carril contrario para evadir las ramas que ya se meten sobre el asfalto.

La carretera no es la culpable de los males antes descritos y sería vista como la gran obra que es si hubiera autoridad para controlar todas las anomalías a su alrededor, evitándose el síndrome de querer ‘vender el sofá’ para acabar con las infidelidades, en vez de que el Distrito enfrente los problemas y los solucione.

 

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Editorial

DE INTERÉS