La harina y el 14 de junio de 1810

30 de abril de 2010 12:00 AM

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Ahora que en el Caribe Colombiano soplan vientos de autonomía regional, se debería restablecer la importancia de una fecha que el poder andino siempre le ha querido birlar a Cartagena y a la Costa Caribe: el 14 de junio de 1810. Los ex almirantes Rafael Grau y Guillermo Uribe, y el también intelectual León Trujillo V., todos miembros de la Academia de Historia de Cartagena, trabajan porque se conozcan -¡y se vuelvan a conmemorar!- los sucesos del 14 de junio de 1810, precursores de la Independencia Nacional que celebramos el 20 de julio, y del 11 de noviembre de 1811. Según dice Eduardo Lemaitre en el tomo 3 de su Historia general de Cartagena, el 14 de junio de 1810 “…;en cierto modo, tuvo más importancia y exigió más valor y determinación que el propio 11 de noviembre”, cuando Cartagena se independizó definitivamente de España. ¿Y qué pasó entonces? Alfonso Múnera nos lo cuenta en su libro, El fracaso de la nación: “El 14 de junio de 1810, con el apoyo de los grandes comerciantes y de los militares españoles de alto rango, el Cabildo de Cartagena tomó por unanimidad la decisión de destituir al gobernador Montes y de enviarlo a España”. Ya el 22 de mayo, el Cabildo lo había obligado a compartir el poder con ellos, y su expulsión fue el paso siguiente. Más adelante, Múnera dice: “La destitución del gobernador de Cartagena tendría consecuencias muy graves para la historia política de la independencia americana. En primer lugar, traería consigo la rebelión de todo el virreinato y la expulsión del virrey”. Y luego anota: “El 20 de julio de 1810, día en que el Cabildo de Santa Fe se tomó el gobierno de la capital, fue una consecuencia directa de los eventos del 14 de junio en Cartagena”. La independencia fue buscada por Cartagena no solo porque España la agobiaba, sino porque Santa Fe le imponía restricciones odiosas, algunas de las cuales sobrevivieron hasta el siglo XX, como por ejemplo, la de tener que comprarle la harina a los productores andinos, en vez de a los Estados Unidos, donde era más barata, de mejor calidad y alcanzaba para satisfacer el mercado. No es sino consultar a los molineros caribeños que aún subsisten, para corroborar que esta imposición tiránica funcionó hasta hace poco. Según Múnera, los cartageneros intentaron explicar, pero “El virrey Amar y sus asesores, obstinados en proteger una vez más las harinas del interior, y además, incrédulos de todo lo que procediera de los costeños, ignoraron los argumentos del Cabildo de Cartagena”, y prohibieron el comercio de harina con los norteamericanos mediante el decreto del 4 de julio de 1809. Su consecuencia fue “…;la lucha política por la autonomía de Cartagena, es decir, los primeros intentos serios por independizarse de Santa Fe”. Aunque sería simplista decir que la harina fue a la independencia de Cartagena, lo que el florero de Llorente a la de Santa Fe, no se puede negar que lo sucedido el 14 de junio de 1810 en Cartagena fue la mecha principal de la explosión independentista en lo que hoy es Colombia.

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