La importancia de un mareógrafo

25 de octubre de 2012 12:00 AM

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Las mareas en Cartagena no solo son más altas todos los años y se meten cada vez más en los barrios del litoral, sino que parecen haber arrullado a los funcionarios del Distrito, que ya deberían estar ejecutando las obras para minimizar los daños y las incomodidades, que van creciendo.
Recordemos que la administración de Judith Pinedo, en alianza con la Universidad de Cartagena, dejó diseños preliminares para un plan piloto en Bocagrande de defensa contra las mareas, y que además, algunos ingenieros particulares creen que hay soluciones temporales efectivas y baratas mientras se acometen las obras definitivas del plan piloto. La realidad del agua salada metida en las calles y pasando sobre algunas zonas verdes ha movido la creatividad privada, pero la gestión oficial está a la deriva.
De una primera reunión en El Universal hace unos tres años, a la que asistió la alcaldesa, su jefe de Planeación, Javier Mouthon, técnicos de la Universidad de Cartagena, ingenieros hidráulicos locales de mucha experiencia, los ingenieros del CIOH y de Invemar, entre varios otros, nació el plan de acción que se encalló en los arrecifes de esta Administración.
El alcalde encargado, Bruce Mac Master, que sabe tomar decisiones y actuar, debería reflotar este proyecto antes de que se le acabe su “palomita” al frente de la ciudad.
Aplaudimos las obras en la Plaza de la Aduana, impulsadas por Campo Elías, y también el proyecto que ya se materializa y que dejará al agua salada sin entrada a las calzadas frente al Camellón de Los Mártires y al Centro de Convenciones Julio César Turbay, que aliviarán los daños al pavimento y a los automotores, además de mejorar la movilidad en un sitio clave de la ciudad.
En una de varias reuniones que sucedieron a la primera en El Universal, el CIOH determinó que como ya tenía el levantamiento de la mayoría de los barrios del litoral cartagenero, incluidos los de la bahía, con un mareógrafo dedicado la entidad podría predecir cuáles calles se inundarían con cada marea, prestando un servicio público invaluable a la ciudadanía y a las autoridades de Tránsito, las que podrían reorganizar el tráfico por las vías menos afectadas. Aunque la alcaldesa Pinedo se comprometió a financiar el mareógrafo, ni la plata ni la compra se materializaron.
Es hora de retomar el proyecto entre el Distrito y el CIOH para instalar este aparato de dedicación exclusiva e instituir este servicio comunitario indispensable para las miles de personas que entran y salen diariamente a Bocagrande desde todos los barrios porque trabajan allí, para sus habitantes y para los demás barrios costeros de todos los estratos.
El costo del mareógrafo no debería ser un obstáculo. Si el Distrito no tiene cómo financiarlo, estamos seguros de que el sector privado estará más que dispuesto a meterse la mano al dril para poner a andar un servicio público cada vez más necesario, y que además, quedaría en manos inmejorables: las del CIOH y la Armada.

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