Hace mucho tiempo El Universal viene hablando de la necesidad de desarrollar una visión común de la ciudad para que la Cartagena fragmentada deje de serlo y sus habitantes tengan un sentido de identidad compartida que le permita a la urbe dar un salto cualitativo, para lo cual es indispensable que su liderazgo político y empresarial trabaje unido por sacar a la ciudad adelante sin mezquindades y sin zancadillas mutuas.
No es una visión original, por supuesto, porque muchas personas y entidades distintas habían propuesto procesos y objetivos similares. Funcicar, por ejemplo, acaba de hacer un trabajo muy importante para ayudar a establecer esa visión compartida, en la que participaron cientos de cartageneros de distintas procedencias y estratos para hablar de la ciudad que desearían tener.
Recientemente la suerte de los terrenos de la Base Naval concentró y concentra la atención de los habitantes de Bocagrande, Castillogrande y El Laguito (Bocala), aburridos del crecimiento desordenado y sin nueva infraestructura vial de esos tres barrios, que pagan los impuestos que sostienen a buena parte de la ciudad pero no obtienen a cambio una atención proporcional para sus propios asentamientos de las sucesivas administraciones distritales. La oposición a un nuevo edificio a la salida de Bocagrande, que algunos ven como inconveniente para la movilidad, también reunió a un grupo de Bocala.
Un bloque importante del sector privado, académico y gremial, incluyendo a Camacol y por supuesto, al Comité Intergremial, presentó una propuesta para desarrollar la tierra de la Base Naval, que un grupo de arquitectos y planificadores urbanos viene trabajando desde hace más de un año, proponiendo una bajísima densidad y muchas áreas verdes para esta zona, además de un esquema novedoso para financiar la nueva Base Naval, que al oírlo suena como una quimera, pero sus promotores aseguran que es viable. Este mismo grupo piensa en el desarrollo integral de la ciudad, incluyendo la Zona Suroriental, y no solo el de Bocala y Manga. Y por primera vez en muchos años, el Comité Intergremial interactúa con la dirigencia parlamentaria, en este caso para el proyecto de la Base Naval, y sobre todo, para evitar que el rumbo de Cartagena se siga dictando casi unilateralmente desde Bogotá.
En esta misma página un columnista habla de un despertar cívico que llama “Primavera cartagenera”, aludiendo a los movimientos multitudinarios de los países árabes, y otro propone acabar con el “efecto Pigmalión negativo” que afectó a Cartagena por siglos y se propone creer en la dirigencia política.
Es posible que este aparente despertar de la Cartagena de estratos altos, antes apática a todo, se deba a la luz mágica y la ventolera caribe de fin de año, elevando los espíritus, pero creemos posible que se comience a cumplir el adagio que asegura que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Ojalá.
¡Feliz año 2015!