La verdadera celebración

18 de julio de 2017 12:00 AM

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Según la tradición piadosa, el 16 de julio del año 1251, la Virgen María se apareció en el monte Carmelo a Simón Stock, aparición que fue reconocida oficialmente por la Santa Sede en el 1587.

Desde entonces se ha propagado la devoción conocida como Nuestra Señora del Carmen, y cada 16 de julio se honra la advocación de la Virgen María en el monte Carmelo.

La forma en la que se honra o se venera, en especial esta aparición de la madre de Jesús, viene dejando mucho que desear por parte de un buen número de personas que se proclaman católicas y viven esta celebración al margen de los lineamientos de la Iglesia, sustituyendo los actos litúrgicos y de piedad, por verdaderos bacanales, cambiando el pan y el vino de la celebración eucarística, por la comilona y el licor. Esto último lleva a que cada año se reporten hechos violentos en torno a una supuesta celebración de contenido religioso. 

Vemos en las esquinas y en las casas altares con la imagen de la madre de Cristo, y el mismo espacio, antes que lugar de culto, convertido más bien en batalla campal. Ayer, el parque de Blas de Lezo amaneció lleno de basuras y con botellas de cerveza alrededor de la imagen, escena más propia de paganos que de cristianos.

Todos los excesos alrededor de la verdadera devoción son entendidos como consecuencia de una religiosidad popular que desconoce el verdadero sentido de lo que celebra, pues al revisar la doctrina católica, salta a la vista la claridad de sus enseñanzas sobre la ortodoxia del culto, en este caso la devoción a María.

En la Carta Apostólica Marialis Cultus, del papa Pablo VI, sobre el auténtico culto a María, se establecen sus bases bíblicas, teológicas, sociológicas y antropológicas, haciéndose las distinciones entre el culto de latría o de adoración que solo se le ha de rendir a Dios, y el de dulía, hiperdulía o veneración, que es el que se le profesa a María. Y en el numeral 57, este documento pontificio sostiene que el único mediador entre Dios y los hombres es Cristo, de tal modo que el culto a María, enseña el papa, es subordinado y en conexión al de Cristo.

Todas las acciones reprochables alrededor de una celebración en su honor, no pueden ser vistas como acciones propiciadas o cohonestadas por la Iglesia, pues de acuerdo con esta, el verdadero culto a María es imitar las virtudes de la Virgen, y exhorta la Iglesia a que sus fieles ni de palabra ni de obra adulteren su doctrina.

Es fundamental buscar cómo divulgar esta doctrina sobre la ortodoxia del culto en los lugares donde el público que se siente católico no conoce sus lineamientos, y si los conociera, cada año tendríamos menos que lamentar. Es inconcebible que se celebre una fiesta religiosa milenaria, y durante ella se cometan asesinatos y haya otras formas de violencia. 

 


 

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