Las ciudades que reman y vuelan

29 de agosto de 2017 12:00 AM

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Hace poco el curador Javier Mejía descodificó el destino de las ciudades del Caribe en tres categorías: las Ciudades estrellas, las Ciudades que reman y las Ciudades que vuelan. 

Para esa definición privilegió la inversión en obras de infraestructura, en calidad de servicios públicos y la inversión económica, social y cultural.

Las Ciudades estrellas, para él, son aquellas que como Cartagena o Barranquilla, están en la mirada del mundo, y su irradiación puede ser centrípeta o centrífuga. No es un termómetro de valoración que inversionistas europeos, asiáticos o norteamericanos fijen la mirada en estas ciudades. Hay que medir qué tanto impacto tienen esas inversiones en el desarrollo sostenible de esas ciudades. No es un triunfo el que el mundo llegue hacia nosotros, sino a su vez, que nosotros lleguemos al mundo. Y que ese mundo no nos eclipse ni nos genere una perturbación y una desarmonía en la vida de sus habitantes. El turismo puede convertirse en algunos casos en una desgracia o en una virtud, según se logre que los dineros del turismo se reinviertan en el desarrollo de esos distritos.

La Habana, según  explicó el historiador Eusebio Leal, aplicó el impuesto turístico para ser invertido en el sector social, cultural y patrimonial. Ser Ciudad estrella no garantiza que algunos proyectos no se estrellen o se atomicen en tentativas frustradas.

Las Ciudades que vuelan, según el curador Mejía, son aquellas que luego de décadas de retraso y letargo social y económico, emprenden un vuelo inusitado, como ha sido el caso de Montería, Santa Marta y Riohacha. Son ciudades que empiezan a dar giros luego de encarar diversas crisis, pero encontraron en el sector de la cultura un sendero aprovechable y fecundo de transformación social y una oportunidad de desarrollo. Estaban dormidas sobre un patrimonio al que debían despertar y revalorar.

Una tradición subestimada que al ser revitalizada cobra un nuevo aliento entre sus ciudadanos. Las Ciudades que reman, en su tercera visión, son aquellas que han poseído un tesoro patrimonial o una heredad que se ha dormido en sus propios laureles. Valledupar es una de ellas, una ciudad bella y con mucho porvenir, que ha conocido los privilegios pero también la otra cara de la moneda en el uso y abuso del poder.

Todas esas ciudades, las que son estrellas, las que reman y vuelan, son una lección inagotable para Cartagena.

No dormirse frente al pasado y sus laureles, y ante su reserva humana y su patrimonio cultural.

 


 

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