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Los canales, una vaca lechera

Cartagena tiene 154 canales pluviales, algunos de los cuales desembocan en la ciénaga de la Virgen. Cuando hay lluvias fuertes y seguidas, los canales no alcanzan a evacuar toda el agua que cae, usualmente porque están obstruidos por basuras y maleza, y entonces hay inundaciones que pueden ser muy fuertes en algunos barrios, especialmente los más cercanos a los cuerpos de agua.

Hay que recordar que la mayoría de los barrios que se inundan están en zona de alto riesgo porque nacieron como invasiones a humedales y tierras bajas que han sido rellenados de manera artesanal, informal y precaria y que no deberían estar ahí, pero lo están y hay que tratar de acabar los riesgos para sus habitantes, o al menos reducirlos todo lo posible.

La violencia de las inundaciones en estos barrios no se explica solo por el sitio vulnerable donde están, sino también porque aguas arriba se talaron los montes alrededor de Cartagena y la lluvia no solo no encuentra obstáculos que le impidan correr de manera veloz por sus desagües naturales, sino que lo hace por muchas calles pavimentadas que le añaden velocidad. Así que cuando estas aguas caen a los canales de desagües pluviales los llenan a mucha velocidad, y si  además están sucios y enmontados, el represamiento siempre será peor.

La politiquería de hace algunos años se inventó un sistema perverso para limpiar los canales, aunque a primera vista sonaba como una solución humanitaria nacida de una gran conciencia social: se dijo que para generar empleo, los canales deberían ser limpiados por sus propios vecinos.

Esto por supuesto los estimuló a comenzar a ensuciarlos al día siguiente de limpiarlos para no perder esta “chamba”, usualmente manejada por los líderes barriales de los políticos de turno. El sistema no recompensaba el aseo ni las buenas costumbres, sino que reforzaba una conducta antisocial mediante una recompensa económica por incurrir en ella.

El paradigma que se creo es similar al de los clientes de los que venden tintos en el Centro en vasitos plásticos,. Una vez vacíos porque se tomaron el café, los tiran al piso por solidaridad, pensando que si hay basuras que recoger habrá más empleos que ofrecerle a la gente.

En esta ecuación del desaseo en los barrios más pobres también influye la falta de un sistema eficiente de recolección de basuras, aunque hay que decir que en muchos lugares ha mejorado en años recientes pero no mejora mucho la cultura de la gente, que considera los espacios públicos como una tierra de nadie, en vez de cuidarlos más precisamente por ser de todos.

La permisividad con los invasores termina quitándole muchísimos más recursos al Distrito, que vive de emergencia en emergencia, en vez de construir barrios nuevos en tierra segura y no permitir una invasión más.

Los canales de desagües pluviales, convertidos ahora en vaca lechera de contratistas organizados, no parecen cumplir su propósito: evacuar mucha agua en poco tiempo, pero sí ayudarán a evacuar las arcas del Distrito. 

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Comentarios

Firmo el editorial

Buena descripción del problema. Ahora se requiere autoridad que meta en cintura a los pobladores combinando zanahoria y garrote.