Mantenimiento

11 de octubre de 2018 12:00 AM

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En Cartagena, ¿qué tienen en común las calles inundadas y rotas de los barrios al pie de los cuerpos de agua, los charcos salados aledaños al Parque del Centenario y en la Plaza de la Aduana, los huecos en muchas de las calles lejos de los cuerpos de agua, las cámaras de seguridad que no funcionan, las válvulas pico de pato obstruidas en Bocagrande y Castillogrande, las rayas invisibles que alguna vez delimitaron los carriles en las vías, el Reloj Público dañado y parado hasta hace poco, entre muchas otras cosas? La respuesta es fácil: falta de mantenimiento.

La Plaza de la Aduana, por ejemplo, tiene un sistema de bombas que alguna vez funcionaron, que impedían de manera automática que esta se inundara, pero jamás les hicieron mantenimiento preventivo, que es la verdadera clave para evitar los daños. Los resultados de esta negligencia están a la vista: la plaza se inunda con lluvias y mareas.

Los alrededores del Parque del Centenario también tienen bombas instaladas de la misma época, y tampoco funcionan, y los resultados son visibles: hay charcos salados y dañinos frente a los viejos teatros Cartagena y Colón, que además de atacar las latas de los carros, también destruyen el concreto de las calles y dañan la movilidad en un sector crítico.

En el Centro hay un sistema de alcantarillado que debería funcionar a las maravillas, pero por tener imbornales tapados y tuberías obstruidas tampoco opera, de lo que están bien enterados los ingenieros de la SIAB, quienes se lo podrían explicar a la Secretaría correspondiente del Distrito, si le interesase.

En el paseo peatonal de Bocagrande y Castillogrande fueron instaladas unas válvulas pico de pato, que aunque desde un principio tuvieron problemas por faltarle cabeza, o altura a las calles, funcionaban parcialmente, al menos la mayoría, pero porque nunca las limpiaron de manera regular, dejaron de funcionar del todo, induciendo a los vecinos de buena voluntad a implementar soluciones propias, algunas desatinadas, como quitarlas, lo que hizo más daño al entrar el agua salada a las calles durante mareas altas, hasta fabricar válvulas diseñadas y pagadas de su pecunio, que al menos funcionan mucho mejor que las pico de pato obstruidas.
Los huecos en las calles en la mayoría de los barrios de todos los estratos, jamás atendidos, solo se hacen más grandes, y además de ser más costosos de arreglar, también dañan la movilidad ya maltrecha y destrozan el parque automotor.

Es loable que la Alcaldía de Pedrito Pereira esté atendiendo algunas de estas falencias, pero el remedio duradero es reestructurar muchas de las dependencias del Distrito para que en verdad trabajen por los intereses de la ciudad, lo que incluiría crear alguna entidad técnica que se ocupase de mantener la infraestructura de Cartagena, sin que se pudiese volver el fortín politiquero de ningún grupo. Ese sería un cambio que la ciudadanía apoyaría y agradecería.

“El remedio duradero es reestructurar muchas de las dependencias del Distrito para que en verdad trabajen por los intereses de la ciudad (...)”.

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