Obras son amores

01 de agosto de 2013 12:00 AM

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Cartagena siempre se ha caracterizado por el enorme empeño que le ha puesto a la preservación de sus tesoros históricos lo que ha permitido que siga conservando sin objeciones la condición de Patrimonio Cultural e Histórico de la Humanidad otorgado por Unesco.
En los últimos diez años, el proyecto urbanístico más importante que se ha ejecutado en la ciudad es la Revitalización del Centro Histórico, que comprende la recuperación y el mejoramiento de las plazas de La Aduana, Joe Arroyo y Benkos Biohó, la remodelación de Puerto Duro (hoy Puerto de Chambacú) y el rescate del Parque del Centenario.
Alberto Samudio Trayero, asesor de la Alcaldía de Cartagena para el Plan de Revitalización del Centro Histórico, dice que se trabajó en dos aspectos: uno físico, urbanístico y arquitectónico, y otro sociocultural que proponía programas educativos orientados a que los cartageneros conozcan, aprecien y cuiden el tesoro monumental que tienen.
El proyecto debió cumplir un recorrido largo y dificultoso a través de todas las instancias gubernamentales en Cartagena y en Bogotá, para obtener los permisos del Ministerio de Cultura, la Academia de Historia y de la Unesco, dada la condición de Ciudad Patrimonio que tiene Cartagena.
Ninguna otra obra se ha ejecutado en esta ciudad con la misma rigurosidad, transparencia y cuidado, como las que hicieron parte de la  Revitalización del Centro Histórico, cuyos resultados y beneficios están a la vista en los espacios de convergencia social que son hoy las plazas recuperadas.
Hubo fallas y problemas, el más protuberante de los cuales ha sido el retraso en la entrega de las obras, especialmente del Parque del Centenario, que se justifica en parte por la minuciosidad con que debieron hacerse el traslado de monumentos como la estatua de Colón o la modificación de estructuras complejas.
Por supuesto, no faltó la crítica, la burla y la suspicacia que se expresaron durante las innumerables audiencias, foros y charlas para debatir el proyecto, sin argumentos sustentados y más como un asunto de gustos y disgustos.
Lo injustificado es que tales críticas revivan ahora, tampoco esta vez con argumentos sólidos, en conciliábulos de salón, haciendo gala de lo que aquí es desafortunadamente una especialidad: destruir lo bueno que se hace.
A unas obras tan complejas y delicadas habrá de donde sacarles objeciones y reproches, por ejemplo que fue muy caro lo que se pagó por el traslado de la estatua de Colón, que se ha destruido la riqueza de fauna y flora del Parque del Centenario y que hay que esperar unos años a ver si la Plaza de la Aduana se vuelve a inundar.
En este periódico publicamos varios artículos sobre la naturaleza compleja de las obras, especialmente las hidráulicas, cuya estructura no está a la vista, pero sus efectos benéficos.
A esta andanada de críticas que se ha desatado nuevamente contra la Revitalización del Centro Histórico, no se sabe con qué oscuros motivos, solo le falta un proceso de los organismos de control.

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