¿Pandilleras?

17 de julio de 2017 12:00 AM

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En Cartagena se está trabajando para acabar con las pandillas, de eso no hay duda. Sin embargo, se necesitan más esfuerzos para que los llamados jóvenes en riesgo no caigan en estos grupos delincuenciales.

Hace una semana se conoció el caso de una muchacha que llegó a un puesto de venta de fritos en Fredonia, donde comió y no pagó. Lo que hizo fue golpear hasta partir la vitrina donde estaban los fritos y luego acuchilló nueve veces a la vendedora que le exigía pagar lo que había consumido.

Algunos testigos dijeron que la agresora hace parte de una pandilla del sector llamada “las Pensionadas”, la cual es integrada por mujeres. Es absurdo que ahora, además de los ya conformados grupos de jóvenes que aprovechan cualquier aguacero para salir a las calles a tirarse piedras o dispararse con changones, a creerse también los dueños de un sector en el que otro muchacho de otra zona no puede entrar, unas muchachas quieran seguir esos pasos.

Según el Distrito, en 2014 se tenían identificadas 82 pandillas y gracias a los programas del gobierno distrital, en 2015 disminuyeron a 56. Ahora hay 33 grupos de jóvenes en conflicto, identificados con sus líderes y el dominio territorial que tienen.

Desde hace un año y seis meses la Secretaría del Interior, con el programa ‘Primero los Jóvenes’, está en concertación con pandilleros de la ciudad y se espera que antes de dos meses, 100 jóvenes se desarmen voluntariamente, a cambio de apoyo social.

El secretario del Interior, Fernando Niño, es consciente de que “los pandilleros quieren dejar la violencia para así empezar una vida nueva”. Tampoco es un secreto que sin “oportunidades para salir adelante, para trabajar y que ante todo tengan siempre un respaldo por parte del Distrito en este proceso de resocialización”, seguramente volverán a la esquina a ver a quién atracan, a buscar pelea, a consumir drogas o a matar.

Vemos con beneplácito hoy a varios expandilleros que han aprovechado las unidades productivas y la oferta de espacios culturales y deportivos que han recibido. Ahí se puede apreciar cómo se desperdiciaba el talento de muchos de ellos.

Es importante mirar el problema de raíz para que luego “las Pensionadas” no les enseñen lo mismo a sus hijos. Se necesita identificar, con líderes serios, esos niños y niñas y adolescentes que están en mayor riesgo. La prevención y la orientación psicosocial es clave en estos casos.

El proceso de resocialización tiene tres etapas: caracterización, desintoxicación y emprendimiento, y educación. Sin embargo, si no hay un seguimiento permanente, puede terminar en un esfuerzo sin sentido. Hay que seguir apuntándole a que la cantidad de pandillas en Cartagena sea cero.

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