Pintar muros, falta de civismo

29 de diciembre de 2017 12:00 AM

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Mucho se habla de la cultura en general y de la cultura política en particular, especialmente ahora que se comienzan a calentar las candidaturas a los diversos cargos de elección popular, y en el caso de Cartagena se añade la expectativa de muchos grupos acerca de la elección atípica para reemplazar al alcalde Manolo Duque.

Cualquiera supondría que en pleno Siglo XXI en algo deberían haber mejorado las campañas políticas y sus estrategias, y que los aspirantes estarían ansiosos de sobresalir sobre sus competidores al dar el mejor ejemplo posible a los votantes. En esta época de redes sociales y noticias virales cualquiera creería también que todas las campañas deberían modernizarse, y por qué no decirlo, civilizarse, pero aún persisten costumbres deplorables y en cierta forma, salvajes.

Por eso es difícil creer que muchos de los políticos que son candidatos a cargos de elección popular de la ciudad y el departamento de Bolívar, quizá la mayoría, aún puedan pensar que pintarrajear las paredes y muros de las vías públicas con sus nombres, números en las urnas y eslóganes, envileciendo así los espacios públicos, pueda ganarles votos. Debería suceder exactamente lo contrario, porque pocas cosas son más irrespetuosas que dañar las fachadas, aun si después los responsables quitan los avisos y devuelven los muros a su estado original.

Da igual que las paredes pintadas sean de propiedad privada, porque su efecto negativo no opera solo sobre los propietarios permisivos de los inmuebles, sino que invaden visualmente los espacios públicos y obviamente, esa es precisamente la intención de los políticos que las hacen pintar.

Esa práctica ofensiva debería estar prohibida desde hace años y deberían ser multados aquellos aspirantes cuyos nombres aparezcan en las paredes, sin importar la desfachatez con que suelen decir que la publicidad política fue pintada sin su consentimiento por sus seguidores, cuento que no cree nadie y que tampoco exime a los beneficiarios de su responsabilidad.

El Distrito podría poner vallas especiales a disposición de los políticos para poner sus avisos en distintos sitios públicos y estratégicos de la ciudad, y cobrar por usarlas, pero jamás seguir tolerando la barbarie de pintar muros y paredes.

Es verdad que aún hay muchos electores -demasiados- que no usan la cabeza para votar, sino el bolsillo, pero también hay un creciente voto de jóvenes que rechazan y castigan esas prácticas, al igual que un electorado mayor muy fastidiado con la politiquería de siempre, dispuesto a expresar su rechazo en las urnas. Ojalá todos lo hagan así.

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