¿A qué viene el papa Francisco?

05 de septiembre de 2017 12:00 AM

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Mañana el papa Francisco llega a Colombia. Es la tercera vez que un sumo pontífice visita el país; antes lo había hecho Pablo VI, en 1968; y luego Juan Pablo II, en 1986. Este último visitó a Cartagena.

El papa es el jefe de Estado del Vaticano y líder o cabeza visible de la Iglesia Católica. Su visita no es de carácter político, es decir, no vendrá a tratar asuntos de Estado ni de Gobierno, ni viene a dar ningún aval político a los Acuerdos de Paz como se ha especulado. Viene como vicario de Cristo, como primado de la Iglesia Católica, a traer un mensaje de paz, de esperanza y de reconciliación. La suya es una visita pastoral.

No obstante, lo cierto es que su visita coincide con un periodo crítico que vive políticamente el país. Escuchamos casos de corrupción a altos niveles, como el de Odebrecht, que parece no tener fin; y luego llega a su punto máximo un comportamiento que avergüenza a la justicia colombiana, luego que la Corte Suprema fuera golpeada por el escándalo de la presunta exigencia de dinero por dos exmagistrados a través de un fiscal corrupto.

En el caso particular de Cartagena, la visita del obispo de Roma coincide también con la noticia de que el alcalde electo está suspendido por la Procuraduría General de la Nación mientras se investiga la corrupción en las construcciones ilegales en la ciudad; y también afronta un proceso penal que lo tiene hoy en la cárcel de Sabanalarga de manera preventiva.

Es entonces un momento crítico para la ciudad, que tiene a varios funcionarios presos, y que según la Fiscalía, más de estos podrían ser imputados por las presuntas irregularidades en la elección de la contralora.

Todos estos hechos mandan ciertos signos del deterioro de los valores y de la ética en la política. El mensaje que trae Francisco indudablemente tendrá un contenido político en el sentido amplio de la palabra y abogará por los grandes principios de fraternidad y convivencia de los que debe nutrirse cualquier democracia occidental en donde las ideas se discuten sin violencia.

Ha dicho también ayer que vendrá “(...) como peregrino de esperanza y de paz..”, e invitó a los colombianos a dar el primer paso para verse y tratarse como hermanos y más nunca como enemigos. Esa es una posición laudable, ya que la violencia debe cesar en el país y debe afianzarse una democracia participativa civilizada, que requiere una pedagogía que permita descartar la politiquería y el populismo, para que se afiance un electorado con herramientas conceptuales para distinguir entre los candidatos y votar por los más preparados, y no por los más promeseros.
 

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