Serena del Mar, buen ejemplo

06 de diciembre de 2015 12:00 AM

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Serena del Mar es uno de los proyectos más ambiciosos no solo de Cartagena y la Región Caribe, sino del país. El impulso natural es el de definirlo como un proyecto inmobiliario enorme porque construirá casas y edificios, pero al escudriñarlo es evidente que será mucho más que eso por su integralidad.

Serena tendrá 200.000 metros cuadrados de vivienda desde el estrato 2 hasta el 6, un dato que es fácil de pasar por alto y que intriga al descubrirlo, pero la explicación es sencilla: fue concebido desde la base hacia arriba en todo sentido, y ha sido concertado con las comunidades vecinas. El proyecto final de salud incluye 409 camas hospitalarias en 70 mil metros cuadrados, aunque se iniciará con 151 camas y 400 empleos.

Serena no es una “urbanización”, sino una comunidad integral, incluido en esta muy a propósito el respeto al medio ambiente. Este respeto no quiere decir apenas que cumplirá con las normas ambientales, sino que fue diseñado con su entorno como un elemento fundamental, en el que los ecosistemas están integrados a la vida del proyecto y de sus habitantes, especialmente los cuerpos de agua.

Tiene un impacto mínimo en los que existen y crea canales en tierra firme, añadiéndole espacios de agua al entorno y nuevas áreas para la vida marina, permitiendo que haya viviendas y espacios públicos con frentes de agua y 822 muelles con embarcaciones de recreo, las que requerirán de mucha mano de obra para operarlas y mantenerlas. Serena no le “roba” frentes de agua al entorno, sino que se los expande. Tendrá 16,1 km de canales navegables, 250 hectáreas de áreas de conservación y 1,62 kilómetros de playa natural e inalterada. Además, la recorrerán 35,27 km de ciclorrutas.

Serena del Mar es un proyecto ambicioso y es colectivamente elitista, aunque suene contradictorio, porque fue concebido para tener lo mejor en todo sentido para todos sus habitantes de todos los estratos: contrató grandes urbanistas e invitó a grandes constructores, traerá una gran universidad a Cartagena (la de los Andes) y sus instalaciones médicas estarán a la par de las mejores del país y quizá de las de cualquier parte del mundo, en alianza con la Clínica Santa Fe de Bogotá, y del famoso hospital Johns Hopkins. También habrá lo obvio en un proyecto de esta envergadura: hoteles, centros comerciales y oficinas, además de una terminal de transporte.

Serena reforzará la viabilidad de la zona Norte de Cartagena (que ya tiene agua potable disponible en abundancia según nos dijo Acuacar) abierta con proyectos como Barcelona de Indias, Terranova y otros, que han sufrido los rigores de ser pioneros y que a su vez ayudan a hacer posible a Serena del Mar porque le abrieron el camino cuando hacerlo parecía una quijotada. Cartagena necesita más proyectos inclusivos y visionarios como este.
 

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