Transcaribe en aprietos

03 de septiembre de 2017 12:00 AM

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Transcaribe está metido en dificultades porque atiende 40% más de los usuarios que había previsto para esta etapa de su proceso de crecimiento, que suman 106 mil los viernes sin moto. La empresa no tiene los equipos para absorber toda esta demanda adicional que debería hacer del sistema un éxito, pero que ahora es una amenaza a su buena reputación y a su eficiencia, ya que pasa por una crisis que parecía ser transitoria pero que se comienza a volver inamovible. La razón inmediata es que tiene parados en Pereira 18 busetones y 32 padrones que le hacen muchísima falta y que le solucionarían la mayoría de los problemas.

Los vehículos que están en Pereira, donde son ensamblados, están en perfecto estado mecánico y podrían funcionar de inmediato. El problema, como cosa rara, se debe a un impasse burocrático del poder central que se le sale de las manos a la administración de Transcaribe.

El obstáculo es que el Estatuto Tributario, que otorga a los vehículos amigables con el medio ambiente una exención del IVA sin la cual no son financieramente viables, expiró y el nuevo está en trámite. Esto quiere decir que luego de discutir a quién le correspondía hacer las vueltas entre los ministerios de Minas, Ambiente y Hacienda, al fin, varias semanas después, luego del usual juego de ‘fútbol’ entre los burócratas de cada entidad, se definió que el ministerio de Minas debe expedir un decreto para que luego el de Ambiente pueda otorgar la exención del IVA, que costaría unos 10 mil millones de pesos para los vehículos ‘secuestrados’ en Pereira por la burocracia nacional.

Humberto Ripoll, gerente de Transcaribe, le dijo a El Universal que como mucha gente dejó de usar las mototaxis y los carros particulares para subirse al transporte masivo, el mayor tiempo de carga y descarga de los buses hace que “todas las frecuencias se caigan”, es decir, que se acumulen retrasos durante todo el día, convirtiendo un servicio que era ejemplar en uno con problemas para cumplir con los tiempos estipulados entre una y otra frecuencia.

Lo que le pasa a Transcaribe no solo va contra la eficiencia en el transporte público más importante de Cartagena, sino en contra del sentido de pertenencia que este servicio desarrolló en la ciudadanía.

Este no es un problema de la empresa, sino de toda la ciudad y debería preocupar a todas sus autoridades y gremios, incluyendo al alcalde encargado, Sergio Londoño, y al gobernador Dumek Turbay. Entre todos deben presionar para que el presidente Santos ordene solucionar de inmediato este impasse vergonzoso.

Mientras tanto, ¿cómo se transportarán quienes quieran ver al papa el próximo domingo?

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