Un piloto marítimo kamikaze

14 de septiembre de 2017 12:00 AM

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Antier ocurrió un hecho insospechado. Un piloto de una lancha de turismo fue sorprendido acarreando ilegalmente pasajeros de Playa Blanca a las islas del Rosario, y al ser requerido por una lancha de Guardacostas, aceleró la suya, ya vacía, tratando de huir, haciendo toda suerte de maniobras peligrosas, y cuando sintió que no tenía escapatoria, enfiló su lancha rumbo a Playa Blanca y se lanzó al agua. Momentos después gritaba pidiendo auxilio y Guardacostas tuvo dos labores casi inmediatas: lanzar uno de sus hombres a la embarcación convertida en lancha ‘proyectil’ para impedir que atropellara bañistas en Playa Blanca, y rescatar a su piloto, que a los pocos momentos de estar en el agua comenzó a pedir auxilio. Guardacostas evitó la que pudo ser una tragedia enorme.

Afortunadamente buena parte de la persecución y de los hechos, incluyendo las órdenes dadas al piloto por la gente de Guardacostas para que detuviera su lancha, y su posterior tirada al agua, quedaron grabados en videos. De lo contrario, habría sido difícil creer en semejante comportamiento de una persona que por la gran responsabilidad que exige su trabajo, debería tener mucha sensatez.

La falta ‘menor’ cometida por este piloto es la de incurrir en un transporte ilegal de pasajeros entre Playa Blanca y las islas. Y las graves son todas las demás, las que reflejan una mente irracional. En primer lugar, no respetó a las autoridades desde un principio y optó por huir. Una vez alcanzado por la patrullera, desobedeció todas las instrucciones que le daban de detener sus máquinas. Seguidamente, fijó el rumbo de la lancha contra la orilla de Playa Blanca sin importarle que allí había bañistas, o peor aún, quizá con la intención expresa de hacerles daño a ellos como retribución a que las autoridades lo interceptaran. Y luego mostró otro rasgo de su criterio fallido al lanzarse al agua. Si no pudo eludir a Guardacostas en su lancha, ¿qué lo hizo pensar que podría hacerlo a nado? ¿Y para qué se lanzó al agua si a los pocos segundos estaba apurado y pidiendo auxilio?

Si esta persona no había consumido sustancias alucinógenas, ni estaba borracho, entonces ¿tiene problemas mentales? ¿La lancha era de él? Si no lo era, ¿quién fue capaz de confiarle transportar turistas? ¿Patrocinaba el dueño la actividad ilegal del piloto? ¿Tenía vigente su licencia de patrón para lancha de pasajeros? ¿Qué clase de filtros tiene que pasar alguien para obtenerla?

Este acto de un kamikaze marítimo no puede quedar en una mera anécdota de página roja, sino que debe concluir con una investigación de consecuencias serias.
 

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