Una cantaleta inevitable

18 de julio de 2009 12:00 AM

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Aunque seguimos convencidos de que el origen medular del caos que se presenta en las vías de Cartagena es la falta de autoridad, no puede asignársele exclusivamente a la Administración distrital la responsabilidad de actuar en pos de la recuperación del orden y la imposición de la disciplina social. Como resultado de esa falta de autoridad enraizada en la ciudad tras décadas de tolerancia irresponsable, existe una cultura cimentada en el descontrol, que no sólo crea dificultades diariamente por la desobediencia a las normas, sino que también se opone con fiereza a cualquier solución que intente aplicarse. Quienes propician y al mismo tiempo sufren las dificultades para circular por las calles de Cartagena, saben que mientras crezca el número de vehículos sin que construyan nuevas vías o se mejoren a fondo las que están destruidas, y mientras la indisciplina social se intensifique en todas sus perturbadoras manifestaciones, el problema aumentará a ritmo acelerado hasta volverse insoluble. La ciudad tiene pocos espacios para construir más vías, y las que podrían mejorarse no alcanzarán a tener un impacto determinante en la agilización del tránsito y la movilidad, de manera que hay un margen bastante estrecho para aplicar estrategias eficaces. La experiencia ha demostrado que muchos de los remedios aplicados, como cambiar o restringir el sentido de circulación en las calles, modificar los tiempos de los semáforos, prohibir el estacionamiento o definir las preferencias de paso, han fracasado por dos razones: porque no han tenido la suficiente flexibilidad para derogarlos cuando demuestran no servir, y porque no se ha obligado a la gente a obedecerlos. Hace un par de semanas, el DATT puso en marcha una campaña de cultura ciudadana en torno a la responsabilidad de los conductores y peatones, pero con el paso de los días hemos visto disminuir su intensidad, y esa falta de continuidad podría conducirla inevitablemente al fracaso. A riesgo de parecer tercos y cantaleteros, volvemos a sugerir respetuosamente a las autoridades de tránsito de Cartagena que se concentren en resolver los pequeños problemas, uno a uno, pero con la determinación de no tirar la toalla al cabo de unos meses. El DATT podría empezar haciendo respetar la prohibición de aparcamiento en aquellas vías de mucho tráfico, suficientemente conocidas. Durante uno, dos o tres meses, realizar operativos sólo en una calle específica, con agentes y con la grúa, imponiendo las sanciones a que haya lugar y presionando su cobro. Hasta desestimular las infracciones, y al menor asomo de reiteración en el desacato, repetir los operativos por un período similar. Podría también concentrarse durante unos meses en el control a buses, busetas y microbuses de servicio público, para impedir que se detengan donde les da la gana a sus choferes, que se lancen desbocados cuando están mal de tiempo o que se impongan sobre los demás vehículos en maniobras peligrosas. Que se vuelvan a establecer los paraderos de uso obligatorio y que se impongan también sanciones drásticas, persiguiendo a los infractores hasta cuando las paguen. ¡El asunto es que deben hacer algo ya!

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