Una huelga difícil de entender

24 de septiembre de 2017 12:00 AM

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El derecho a la protesta social y a la huelga está garantizado en la Constitución de Colombia, al igual que en muchas otras, pero suelen hacerles daño a muchas más personas de las que son beneficiadas. No es solo la presión que se le ejerce al patrono por parte los huelguistas, sino la presión que la huelga ejerce sobre grandes segmentos de la población y la presión que estos también ejercen sobre las directivas de la compañía afectada.  

Es el caso de la huelga de los pilotos de Avianca, que no solo perjudica a viajeros de todo el país, sino que estos viajeros perjudicados a su vez les quedan mal a sus propios compromisos, haciéndose una cadena de perjuicios de proporciones geométricas con la que algunos líderes se regodean y que parece medir el éxito de la huelga, pero que también siembra la desaprobación en amplísimos sectores de la sociedad, y en el caso de Cartagena, los perjudicados incluyen a los maleteros del aeropuerto, a los lustrabotas, a los loteros, a sus taxistas, a los artesanos de la ciudad, a los restaurantes pequeños y grandes, a los hoteles de cadena, a los boutique, a los ‘bed and breakfast’ y a las posadas. Nadie se salva de sentir los efectos de una huelga de esta clase.

Hasta antier habían sido cancelados 53 vuelos de Avianca en Cartagena, cantidad que a la fecha debe ser mucho mayor. Los directa e indirectamente perjudicados llegarían a los miles de personas y en el país el multiplicador sería aún mayor.

Para cualquiera no versado en la ley y que tenga algo de sentido común es difícil entender como 259 pilotos en Colombia, que según la empresa son los que están en huelga, pueden decidir irse a una protesta que arrastra en el país a otros 8.500 empleados de Avianca de manera obligatoria e inconsulta. No es fácil entender la legalidad de este desequilibrio, ya que los pilotos son de alguna manera los más importantes de la organización al controlar los aviones, sin los cuales no puede haber aerolínea. Aunque todos los cargos y personas de una empresa son importantes, si la huelga fuera de empleados distintos a los pilotos también habría traumatismos, pero serían con seguridad menores.

Creíamos que aquí primaba el sentido común, como dijimos, que indica que para irse a la huelga la decisión debería ser tomada por la mitad más uno de todos los empleados.

Ojalá que esta huelga tan perjudicial se resuelva pronto y que las autoridades le expliquen a la ciudadanía las decisiones tomadas y las omitidas, para poder entender como una minoría puede legalmente decidir por una mayoría abrumadora de empleados.

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