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Por: SONIA GEDEON JUAN
El Universal
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El corazón de la auténtica cocina cartagenera es el coco. Sin este
ingrediente presente tanto en aquellos platos denominados de sal como la
cazuela de mariscos en leche de coco, o en los postres que hacen agua la
boca, como el pie de coco, y ni qué decir del ron Tres Esquinas con agua de
coco, la buena mesa cartagenera no seria la misma.
Cartagena es, y seguirá siendo, la meca de la gastronomía criolla. Por
toda la ciudad, pero principalmente entre los muros añejos de la ciudad
vieja, se concentra la oferta del buen comer.
Frecuente es escuchar, "nos vemos en la plaza". Y es que la
vida nocturna de la ciudad está girando alrededor de las plazas del casco
histórico.
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Cafés, bares, pizzerías y restaurantes de diferentes especialidades con
una tendencia marcada hacia "lo light", es decir, menús que
favorecen la vanidad femenina, predominan en las cartas de estos sitios que
al salir a la plaza le dieron una nueva dimensión al goce de explotar su
esencia cultural, como punto de encuentro.
Los vecinos de la Plaza de San Diego, ad- portas del hotel Sofitel Santa
Clara en un principio no estuvieron de acuerdo en compartir su espacio, pero
hoy lo alternan y disfrutan con las extravagancias de los turistas que hasta
allí llegan en busca de Juan del Mar, un ingenioso de la industria de la
hospitalidad en la cocina.
Muy cerca de la plaza está "El café del Santísimo", en la
calle que lleva su nombre. En este singular restaurantes donde su cocina
despide olores non-sancto, es un templo de la nouvelle cusine
francesa, a cuyas recetas Federico Vega le incorpora magistralmente unos
toques propios del trópico. Sus noches son amenizadas por un dúo de
trompeta y guitarra y sus comensales pueden elegir entre sentarse en un
amplio salón con aire acondicionado o en el colonial ambiente de su patio
abierto.
Una gorda de aperitivo
A los múltiples atractivos de la Plaza de Santo Domingo, un marco de incuestionable belleza, se le suma desde el mes
de abril un huésped permanente, "la Gorda" que el maestro
Fernando Botero, le obsequió a la ciudad en un gesto de generosa nobleza.
La oferta gastronómica de la plaza al aire libre, es variada. Pequeñas bistrot
se reparten el espacio sobre el adoquín vencido por el paso de los años,
pero lo suficientemente firme para albergar a los cientos de visitantes que
llegan en busca de una mesa para tomar un aperitivo, pasar la noche entre
tragos y tapas o cenar a luz de las estrellas.
Para aquellos que quieren vivir el ambiente de la plaza un poco en la
clandestinidad, están los hermosos y aireados balcones de Carbón de Palo y
La Sartén por el Mango, dos restaurantes reconocidos, el primero por sus
jugosas carnes y el segundo por su cocina criolla.
Si por el contrario de comida española se trata, unos cuantos pasos
antes de llegar a la Plaza de Sandomingo, está el Burlador de Sevilla, con
una amplia carta de embutidos, arroces y paella a la española. Al frente
está la Habanita, un café-bar, evocador de la capital cubana y en cuyos
muros, tapizados de una nutrida y iconografía isleña, se toma el mejor
mojito de la ciudad, esa rica mezcla de ron blanco, limón, azúcar y
yerbabuena.
Plaza de Santa Teresa
El clásico y distinguido servicio del Hotel Charleston Cartagena
comparte plaza con el más informal y caribeño estilo del Mesón de la
Marina, una fusión que permite, de acuerdo al bolsillo, degustar su
aperitivo preferido o unos tragos largos.
A un costado de esa misma plaza, el Café de San Nicolás, pequeñito
pero acogedor, invita a una buena copa de vino acompañada de unos crepés
de langostinos.
San Pedro
Entrando por la Plaza de Santa Teresa y de paso para San Pedro está La
Enoteca, restaurante - pizzería famoso entre los cartageneros, por la
calidad de su pasta y el preferido de los niños, en la ciudad vieja. Cuenta
con una buena cava de vinos italianos y una surtida carta de pastas y peces.
Reconocida es también su tienda en donde se pueden adquirir jamones,
queso pecorino, harina para preparar pasta fresca o tomates secos al sol,
entre otras delicias.
Una vez en la plazoleta de San Pedro, cerrada al tránsito vehicular, es
como sentirse en el paraíso. La plaza está adornada con los personajes de
la Cartagena cotidiana: el embolador, el peluquero, la costurera, los
jugadores de dominó y el vendedor de "raspao", esculturas
elaborados en chatarra, por el artista cartagenero Edgardo Carmona.
Complementa el ambiente El Café de San Pedro, único sitio con
especialidades asiáticas: tepanyaki, pollo teriyaki, arroz vietnamita
con vegetales y camarones, o el salmón en salsa de tamarindo.
Fuera de las plazas
La Vitrola, al final de la calle de Baloco, es el restaurante preferido
de los asiduos visitantes de la Heroica y hacer reserva se ha convertido en
una necesidad. Ofrece entre sus especialidades una deliciosa " ropa
vieja" o unos "langostinos en hamaca", acompañados por los
arpegios de un piano al comenzar la noche, y de Son Cubano y otros ritmos
del caribe a medida que avanzan las manecillas del reloj.
Por lo reducido del espacio, para acudir "Donde Olano", en su
sede de la calle Santo Domingo, hay que reservar mesa. Es el sistema que
asegura al comensal, el disfrute de los camarones Olano, el pargo al limón
o cualquiera de los lomitos que aparecen en la carta: al ajonjolí, a la
pimienta, o al navegante que tiene como completo una buena dosis de
mariscos.
A mitad de camino, en la Calle de la Inquisición y en la antigua casa
Skandia, está Mediterráneo, un restaurante de comida italiana atendido a
dúo por Roberto y Belinda, sus propietarios, quienes hacen las delicias de
los comensales no sólo en la cocina sino también en el entretenimiento.
Ellos cantan y se acompañan con la guitarra.
Los tradicionales
No hay lugar que le compita en belleza al restaurante Club de Pesca, a
orillas de la Bahía en la Fortaleza del Pastelillo en Manga. Bajo la
gerencia de Luis Piñeres, su menú es innovador, sin descuidar los mariscos
que representan la más añeja tradición del lugar, pero enriqueciendo la
carta con las tendencias actuales de tipo oriental, en las que priman los
sabores fuertes y definidos como el curry verde y rojo de origen tailandés.
En otra dirección de la ciudad, donde también palpita la historia,
están La Fragata y La Langosta, dos restaurantes marineros ubicados
en elegantes mansiones en el señorialñ barrio de El Cabrero.
Bocagrande, a su vez, se ha convertido en el epicentro de la comida
rápida entre fondas paisas y santandereanas.
Sin embargo, aún persiten restaurantes de renombre como Alí Babá y el
restaurante Arabe e Internacional, para esas delicias como quibbes, arroz
con pollo y almendras, envueltos en hoja de parra o la dulce y deliciosa
baklava (mil hojas rellena de nueces y almibar preparado con agua de
azaheres).
La Olla Cartagenera es donde se come el sancocho de gallina más completo
con todas sus vituallas y el mejor pargo frito entero. En el Kiosko del Boni
sobre la playa y en frente al hotel Caribe, se venden los cócteles más
confiables de camarón, caracol, ostras o combinados.
Chef Julián y Todo España, para el sabor de la Madre Patria. Grand
Italia y Maurizio para la comida italiana.
PASTEL DE ARROZ
* En diciembre la especialidad cartagenera es el típico pastel de arroz
teñido de achiote y complementado con pollo, cerdo y carne de res,
verduras, rodajas de papa y un guiso que le da sabor, envueltos todos los
ingredientes en hoja de bihao atadas con majagua. Es el plato favorito en
las cenas de navidad. El pastel se sirve acompañado de una delgada y
tostadita torta de casabe.
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