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¿Por qué las mujeres en el Caribe no se divierten igual que los hombres? Expertas revelan la razón

Expertas en economía y feminismo hablan sobre las brechas de género que aún persisten en el Caribe colombiano y su efecto en el desarrollo del país.

¿Por qué las mujeres en el Caribe no se divierten igual que los hombres? Expertas revelan la razón

Entre quienes trabajan, las mujeres siguen dedicando casi el doble de tiempo a labores domésticas no remuneradas. // Foto: ilustración - generada con inteligencia artificial

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“Las mujeres no pueden viajar en el tiempo, al menos no hacia el pasado”, escuché en una conferencia recientemente. Y aunque al principio me pregunté qué tiene que ver la mujer con el tiempo, y por qué la negativa de volver al pasado, tiene mucho sentido: si las mujeres viajamos al pasado, perdemos los derechos que hemos obtenido gracias a la lucha de los colectivos a lo largo de la historia.

Siempre vi a mi madre trabajar dentro y fuera del hogar. Por temporadas, ella salía a cumplir un horario de ocho horas y, luego de su larga jornada, regresaba a casa para hacer la cena, atendernos a mi hermana y a mí, incluso, a mi padre, quien es maestro de profesión.

Aunque en mi infancia no cuestioné los roles de mis padres en casa, crecí con la convicción de que me educaría para ser profesional y no verme en desventaja ante mi futuro esposo con las responsabilidades del hogar.

Si mi madre, mi hermana y yo viajáramos en el tiempo, ¿cuál sería la mejor época para hacerlo? Porque si nos vamos a los ochenta, tendríamos que protestar por las brechas laborales; si nos fuéramos a los años 50, aún no seríamos consideradas plenamente como ciudadanas. Y eso es solo si hablamos de la lucha por los derechos de la mujer en Colombia, porque no me imagino cómo sería aparecernos en los confines de la época medieval. O convertirnos en una costilla.

Toda esta reflexión la hice luego de leer la columna de la economista Andrea Otero Cortés “De estereotipos de género y otras inequidades invisibles”, en la que habla sobre los retos que persisten en la distribución de cargas en los hogares, los cuales tienen repercusiones directas sobre las oportunidades laborales de las mujeres y la percepción de la población en el uso del tiempo en pleno 2026.

Carga doméstica sigue recayendo en mujeres

En su texto, Otero citó su reciente publicación en los Cuadernos de Historia Económica (CHE No. 66) del Banco de la República, junto a Juliana Jaramillo Echeverri y otras coautoras. Allí documentaron los cambios en las percepciones culturales de los roles de género y en el tiempo dedicado al trabajo no remunerado en los hogares.

En su estudio, las investigadoras encontraron que, en la región Caribe, el 73% de las personas encuestadas está de acuerdo con la afirmación: “Las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que los hombres”, siendo este porcentaje más alto que lo observado en Bogotá, las regiones Central, Pacífica y Oriental.

Esas cifras evidencian que en los hogares de nuestra región, aún siguen marcadas las creencias que reducen a la mujer —a pesar de que aporte económicamente en su hogar— a “atender a los pelao’s”, mantener la casa reluciente, cocinar y ser una esposa ejemplar. Y aunque esa no es la realidad de todas, sí es la de una gran mayoría.

De hecho, en su publicación, Otero y sus coautoras concluyeron que “entre quienes trabajan, las mujeres siguen dedicando casi el doble de tiempo a labores domésticas no remuneradas y de cuidado que los hombres. Estas diferencias se amplían con la maternidad, reflejando la ‘penalidad por hijos’, que reduce el empleo formal y aumenta las brechas salariales”.

Por esa razón, los colectivos feministas siguen luchando para que las mujeres, cada vez más, tengamos relevancia en espacios en los que antes no era posible, siquiera, imaginarlo. Gracias a quienes han luchado por los derechos de nuestro género es que podemos acceder a la educación, votar y ocupar cargos en gremios encargados en la toma de decisiones.

¿Las mujeres se divierten menos?

Le agregaré esto al principio: La diversión de la experiencia de vida femenina ha atravesado cambios. Lejos de idealizar un presente utópico, el entretenimiento de quienes tiempo atrás se sometían netamente a labores domésticas no remuneradas tiene nuevas estadísticas.

Uno de los datos que más llamó mi atención está relacionado con la percepción que hay sobre el tiempo de ocio, pues, solo el 27,6% de las personas encuestadas en el Caribe responde estar en desacuerdo con la frase: “Las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres para salir a divertirse”. Son estas cifras las que dejan a nuestra región en el primer lugar de percepciones negativas sobre la equidad de género.

Según la economista, una evidencia de que las costeñas aún no se encuentran en igualdad de condiciones que los hombres para disfrutar de su tiempo libre es que “presentan las tasas más bajas de participación en el mercado laboral remunerado y, al mismo tiempo, tienen las mayores brechas en las horas dedicadas al trabajo no remunerado, ya que gastan 5,3 horas más que los hombres costeños en estas tareas”, teniendo en cuenta que estas diferencias persisten aun cuando el hombre está desempleado.

Para Leidy Laura Perneth, de la Mesa del Movimiento Social de Mujeres y Feministas de Cartagena y Bolívar, el porcentaje anterior refleja la intersección de sistemas patriarcales con otras opresiones como el racismo, el capitalismo, la transfobia, la homofobia y el capacitismo.

La líder asegura que estas son construcciones sociales y pueden ser transformadas, pero “requiere un trabajo comprometido e intencionado para que ese cambio pueda darse” y para lograrlo, considera que la educación, las escuelas y la instituciones gubernamentales deben transformarse.

“Es educativo, pero también nosotras tenemos que empezar a activar elementos jurídicos y de movilización social para poder decir seguir insistiendo porque lo hemos dicho históricamente de que nosotras no queremos vivir así”, señaló Perneth en entrevista con El Universal.

Aunque las mujeres han ganado espacio en la esfera pública, en los hogares de Colombia —especialmente en el Caribe— persiste una distribución desigual del tiempo y de las responsabilidades de cuidado que limita su autonomía, incluso en algo tan básico como el ocio. Las cifras y testimonios evidencian que la desigualdad no solo se mide en ingresos o empleo, sino también en quién tiene derecho real a descansar y disfrutar. Por eso, más que “viajar” al pasado, el desafío está en construir un futuro donde las mujeres no tengan que sacrificar su tiempo libre ni cargar con responsabilidades de más. Avanzar hacia esa equidad implica transformar creencias, educar desde la base y seguir insistiendo en cambios sociales e institucionales que garanticen que, algún día, divertirse también sea un derecho plenamente igualitario.

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