En Montes de María quieren perdón, reconciliación y paz

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Hablar de perdón, reconciliación y paz en un país tan polarizado como Colombia es difícil, especialmente por todas las secuelas que dejaron los actos violentos y la violación a los derechos humanos en años anteriores, pero en los Montes de María sus habitantes comenzaron el ejercicio de perdón y olvido para no tener que recordar con dolor lo que alguna vez les hizo vivir la violencia.

Es por ello, que desde hace dos años varias organizaciones nacionales e internacionales construyeron el Festival de la Reconciliación de los Montes de María, un espacio en el que se realizan diálogos improbables entre actores que hicieron parte del conflicto armado en el país y la subregión.

Ese Festival de la Reconciliación nace dentro del espacio regional de Construcción de Paz de los 15 municipios que hacen parte de esta zona, escenario territorial desde el que se visibilizan tanto los procesos sociales como a las organizaciones, actuando en función de los derechos de las víctimas, la implementación del Acuerdo de Paz, el avance hacia la convivencia y la búsqueda de un desarrollo humano inclusivo y ambientalmente sostenible.

Así mismo, algunos montemarianos quieren dejar las diferencias y los rencores de lado y reconciliarse con sus victimarios, con la sociedad, pero sobre todo con ellos mismos, y entregan perdón a cambio de un abrazo sincero.

Dentro del proceso de perdón, reconciliación y paz, los actores que sembraron el miedo también desean reintegrarse a la sociedad y una muestra de ello es el trabajo que adelanta Guillermo Enrique Torres Cueter más conocido en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) como Julián Conrado Marín.

Conrado asegura que decidió entrar a las filas del frente 19 en la Sierra Nevada de Santa Marta por defender su dignidad, porque los seres humanos según este hombre, deben pensar y actuar con grandeza.

Asegura también que se fue a la guerrilla por amor a su natal Turbaco, municipio en el centro del departamento de Bolívar, y regresó del grupo revolucionario por amor a su pueblo, el cual está clamando que se acabe la guerra, y solo la fuerza del pueblo puede acabarla.

“Si hay cosa que le aliviane el alma a una persona es pedir perdón por un error cometido. Yo pido perdón no por los errores de las Farc sino por los errores que han cometido todas las guerrillas en Colombia, porque es imposible que en una guerra no se cometan errores”, señaló el exguerrillero.

El hombre dijo que espacios que han sido construidos para perdonar y reconciliarse en Colombia solo pueden funcionar si la verdad se dice a partir del amor para el perdón y no se dice la verdad a partir de odio para la venganza.

Asegura el excombatiente que hoy día tiene las cosas más claras que antes, por eso no puede dejar de perder el norte de la paz, y está plenamente convencido de eso, y está dispuesto a recibir la muerte en el campo de la paz.

“No fui ni miembro del estado mayor de las Farc, simplemente me metieron en una lista para llenar un requisito, y tal vez me conozcan más a mí que a los que negociadores que fueron a La Habana”, dijo Conrado.

Manifestó que en el predio denominado “Tierra Grata” en el departamento del César donde fue junto a otros compañeros, se dedica a sembrar árboles frutales porque ya su vida está llena de amor.

Desde la paz

Conrado aseguró que no volvería nunca más a las filas de la guerrilla porque el momento en que decidió llegar a la guerrilla y dejar su casa era un momento histórico diferente al que se vive hoy día, porque es mejor morir por amor desde la paz y no morir por amor desde la guerra.

Por último, indicó que su seudónimo de Julián Conrado, lo adopto en honor a un gran amigo de él, un médico también de Turbaco, a quien asesinaron en el municipio de San Carlos en el departamento de Antioquía, por una simple sospecha.

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