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Críe con apego, respeto y conciencia

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Frases como “se está apegando a ti y debe aprender a ser fuerte”, “que aprenda a dormir en su cuarto”, “ya quítale el pecho que se emperra”, “déjale llorar para que se acostumbre” o “castígale esa rabieta sino le malcrías”, suelen agobiar a muchas madres de hoy.

Y es que, en cuanto un bebé nace y a medida que va creciendo pero sigue siendo un niño, parece que su entorno se empeña en empujarlo lo más pronto posible a actuar como adulto y peor aún, a esquematizarlo y ponerle los mismos límites de expresión que todos tuvieron en su infancia.

Muchos padres parecen tener temor de que suceda una especie de pérdida de autoridad; otros a lo que le tienen miedo, es a que sus niños crezcan siendo frágiles y no sean capaces de enfrentar la vida; pese a que seguramente nadie lo hace por mal, las consecuencias se ven en las siguientes etapas.

Sobre el tema, habló con El Universal la escritora y terapeuta Humanística, Holística y Gestáltica Yvonne Laborda, asesora en temas de Crianza con Conciencia y Aprendizaje Autónomo.

Lo que sucederá con esta crianza es que, “seguiremos necesitando aprobación y aceptación de los otros; nos costará estar solos. Estas carencias pueden llegar a desplazarse en forma de adicciones, de las cuales, muchas son simplemente tapaemociones”.

Apego, respeto y conciencia
Al contrario de lo que usted puede estar pensando, criar con apego, respeto y consciencia, es lo mejor para sus hijos.

“Se trata de criar a nuestros hijos complaciendo sus necesidades emocionales, aceptando que necesitan de nosotros y que para llegar a ser independientes algún día, deben ser primero dependientes; respetando sus ritmos, opiniones y gustos, sin querer imponer los nuestros ni pretender que hagan o sean lo que nosotros queremos; siendo concientes de qué es lo que no recibimos en nuestra infancia, aquello de lo que simplemente no tenemos registro pero que nos impide relacionarnos con nuestros niños de manera amorosa”, explica.

“Cada registro que tenemos y no tenemos de nuestra infancia influye en nuestra adultez y en ese vínculo con nuestros hijos”, añade.

Según Laborda, los padres suelen afanarse mucho porque los hijos dejen el seno, el chupete, el pañal, duerman solos y se vistan igual, queriendo que sean independientes pronto, irrespentando de esta manera sus ritmos naturales e impidiendo que vivan su infancia como merecen vivirla.

Para la terapeuta, un simple llanto o enojo de un niño esconde detrás precisamente estas necesidades no satisfechas y hay que prestarles la atención debida con el respeto que todo ser humano merece y no pensando en que por ser un niño le ignoraremos o violentaremos.

“Detrás de cada actitud hay un motivo válido y detrás de cada enfado hay una necesidad no satisfecha que genera sentimientos y actitudes desagradables. Si por ejemplo tenemos sobre la mesa comida, nuestro niño viene con hambre y le damos una galletita, luego regresa y le damos un poquito de jugo, y de esta manera se sigue dando el alimento, pues no se va a sentir satisfecho nunca y eso mismo sucede con las emociones, que necesitan ser nutridas y de no ser así, siempre estará el vacío allí y siempre tendremos al niño llorando o teniendo rabietas”, señala Yvonne Laborda.

Aclara que, “complacer no es ser permisivos, es comprender las necesidades reales de los niños y esto sólo puedo hacerlo conectando con la realidad infantil, con aquello de lo que yo carecí para luego conectar con lo que el niño puede estar necesitando”.

Presencia, la carencia más usual de los padres
Esto no es una moda. La crianza conciente es la forma que la naturaleza programó para crecer como seres humanos que somos; pero de generación en generación se han ido perdiendo esos registros de necesidades y se han ido replicando hasta llegar al día de hoy.

Para redireccionar el tipo de crianza que se trae hasta ahora, es clave reconectarse con las necesidades propias que no fueron satisfechas y después indagar sobre las necesidades del niño.

Al respeto y basada en su experiencia a través de sus talleres de crianza con padres, Yvonne Laborda señala que, lo que más les cuesta a ellos brindarle a sus hijos es presencia.

“El estar con ellos y para ellos, que es diferente a pasar con ellos todo el día mientras están en el cochecito o mientras le hacemos visita a unos amigos, mientras vemos televisión, hacemos cosas de la casa o simplemente miramos el teléfono. Se trata de la presencia en exclusiva para nuestros hijos, conociendo sus gustos, sus necesidades, haciendo y compartiendo lo que a ellos les guste, demostrándoles que estamos ahí; nos cuesta mucho hacerlo porque parece ser de lo que menos registro tenemos en nuestra conciencia”, dice.

En el caso de tener más de un hijo, la asesora en Crianza Conciente indica que se le debe reservar a cada uno un día en exclusivo a la semana.

“Un día a la semana en el que hagamos lo que a nuestro hijo le guste. En mi caso, tenemos una hija muy artista, entonces en su día especial hacemos las cosas artísticas que a ella le gustan; tenemos un hijo al que le encantan los deportes, pero a él le gusta que lo miren y eso es lo que hago especialmente en su día; nuestra otra hija es más intelectual y en su día nos dedicamos a sus lecturas y de más. Es sólo un ejemplo de cómo sí podemos lograrlo aunque tengamos varios hijos”, cuenta.

¿Qué hacer?
- Ser honestos, aceptar de qué carecimos en la infancia.
- No culpar jamás al niño de nuestra falta de control emocional, no decirle que mamá se molestó por su culpa.
- Conectarnos con nuestros hijos, hemos perdido esa capacidad porque nuestras madres no lo hicieron con nosotros.
- No interpretar sus necesidades desde la mentalidad adulta. El bebé, por ejemplo, tiene dos instintos básicos de supervivencia: succionar,  que le proporciona el alimento, y llorar, asegurando así la presencia de mamá para satisfacerlo; entre más satisfecho esté de contacto, mirada y apego, más seguro y menos dependiente será en el futuro. Cuanta más mamá obtienen en la primera infancia más saciados y llenos están para afrontar su nueva deseada independencia.

Sus necesidades básicas
- Fisiológicas: alimento (lactancia materna), bebida y refugio. Para un bebé esto sería contacto y apego. Satisfaciendo estas necesidades se garantiza supervivencia.
- Seguridad: sentirse psicológica y físicamente seguros, protegidos, besados, amparados, mirados y escuchados. Lo necesitan bebés, niños y adolescentes.
- Motrices: posibilidad de movimiento espontáneo, libre y constante; de desarrollarse en libertad.
- Pertenencia y amor: sentirse queridos, aceptados, tenidos en cuenta, saber que a la familia y al grupo
- Estima: respeto y valoración por quienes son; sentirse útiles.
- Autorrealización: necesidad de autoconocimiento,  de crecer, aprender, evolucionar, razonar, de conocimiento intelectual, necesidad personal de alcanzar la plenitud.

Fuente: yvonnelavborda.com

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