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Los siete errores más comunes que cometen los padres

Los buenos padres también se equivocan. Y mucho. Tal vez no abandonen a sus hijos, pero estos 7 errores dejan una huella difícil de superar.

MATAR CON LAS PALABRAS

El lenguaje tiene un poder que a veces no alcanzamos a medir, por eso hay adultos ‘hechos y derechos’ que siguen recordando el momento exacto en que su madre o su padre les dijo aquella frase horrible que les marcó para siempre en su autoestima.

No es lo mismo decir “definitivamente no mereces estudiar en un colegio tan caro, si no puedes sacar buenas notas te tendremos que pasar a un colegio de vagos, de mediocres”, a decir “sé que eres muy inteligente, y que tu talento con la guitarra y el fútbol es impresionante, pero vamos a modificar algunos hábitos de estudio y horarios que te ayuden a rendir mejor en tales y tales materias”.

La primera frase, que usa información negativa, destruye la alegría, la autoestima, el auto respeto y lesiona el vínculo de amor con los padres. La segunda, propone una salida. Mejor siga el consejo de Chris Garner, autor de ‘En busca de la felicidad’ y convenza a sus hijos de esto: “Eres capaz de todo lo bueno. No dejes que nadie te diga que no puedes lograr tus sueños”. Haría falta añadir: “Ni siquiera tus padres”.
Obsesionarse con las notas

La educación convencional privilegia la inteligencia verbal y la matemática, mientras que otras como la creativa,
la musical o la social simplemente no “valen” lo mismo allí. De ahí que sea tan importante no desmoralizar, sino conocer los talentos del hijo y hacerle sentir apreciado por ellos: “Cuando hay dificultades en el aprendizaje, hay que buscar rápidamente áreas donde el niño se destaque, y magnificarlas. Centrarse en las fortalezas más que en las debilidades le permite al niño crecer con confianza en sí mismo y en sus habilidades cognoscitivas”, aconseja Annie de Acevedo, en su libro ‘Hazlos felices
para que sean buenos’.

CORREGIR EN PÚBLICO

“La exposición pública produce humillación y traumas complejos, difíciles de superar”, dice el psiquiatra Augusto Cury, autor del libro ‘Padres brillantes, maestros fascinantes’. Advierte sobre los peligros, no solo de corregir en público sino de hacerlo con agresividad, con palabras hirientes o delante de los amigos del muchacho: “Una humillación pública paraliza la inteligencia y genera el miedo a exponer ideas”.

Así pues, sabiendo que muchas veces los niños y los jóvenes se equivocarán y que es normal que los padres se sientan abrumados y furiosos, el experto propone seguir esta regla: “Aunque los jóvenes te decepcionen, no los humilles. Aunque te causen un gran enfado, llámalos aparte y corrígelos. Pero, sobre todo, estimula a los jóvenes para que reflexionen. Quien induce a la reflexión es un artesano de la sabiduría”.

DARLES TODO, MENOS TIEMPO

Mucho se dice “no importa la cantidad de tiempo, sino la calidad”. Pues bien, esa es una frase bastante tranquilizante para los padres trabajadores, pero no necesariamente hace niños más felices.

Un sacerdote del Colegio Calasanz, de Bogotá, contaba que siempre que el equipo de fútbol del colegio jugaba, se hacía presente. Si ganaban, estaba allí; si llovía, estaba allí con su sombrilla; si perdían, estaba allí para consolarlos. En últimas, el amor también consiste es estar allí, no solo cuando hay problemas, sino siempre.

Mañana, en Cali, dará su conferencia Chris Gardner, autor de ‘En busca de la felicidad’, quien le dijo a El País algo impactante: “Cuando Oprah Winfrey entrevistó a mi hijo y le preguntó por los tiempos en que fuimos pobres, desamparados, sin hogar, él le respondió: No recuerdo nada de eso, solo sé que cuando alzaba los ojos, mi padre estaba allí”.

CREER QUE LOS GOLPES HACEN "GENTE BIEN"

Este es un tema muy polémico, y así lo admiten los mismos expertos en pedagogía, como la maestra en Educación Ale Velasco, quien dio una conferencia donde habló en contra de golpear a los hijos y como reacción tuvo la ira de muchísimos padres que estaban presentes y que defendían su “sagrado derecho” a dar palmadas, puños o bofetadas “por amor a sus hijos”, para que se formaran “como gente de bien”.

Sin embargo, Velasco propone alternativas para evitar llegar a ese punto de violencia física. Por ejemplo: “Cada vez que le quieras dar una nalgada a tu hijo, mejor date un aplauso muy fuerte a ti mismo, y te darás cuenta de que el niño va a reaccionar simplemente con el sonido; tal vez pueda pensar que se salvó, pero se dará cuenta de que la madre está muy enojada”, explica en su libro ‘El lenguaje del cariño’.

Creer que desayunar, almorzar o cenar juntos no importa
Comer juntos no siempre encaja con el estilo de vida moderno, donde cada cuál tiene horarios, talleres y amigos por separado.

Sin embargo: “Un estudio hecho por el doctor Blake Borden con 527 adolescentes, con el objetivo de descubrir las características de sus familias, reveló que los jóvenes cuyos padres comían con ellos cinco veces a la semana o más, eran los que menos posibilidades tenían de usar drogas”, revela la maestra en Educación y licenciada en Ciencias de la Comunicación Ale Velasco en su libro ‘El lenguaje del cariño’.

CONFUNDIR AUTORIDAD CON AUTORITARISMO

El psiquiatra brasilero Augusto Cury se sorprende de encontrar padres que se sienten intocables, semidioses: “¡Cuántos pierden el amor de sus hijos porque no saben dialogar cuando los desafían! Tienen miedo de que el diálogo les robe autoridad. No quieren ser cuestionados. Algunos padres odian que sus hijos comenten sus fallos. Parecen intocables. Reaccionan con violencia. Imponen una autoridad que sofoca la lucidez de los hijos. Están formando personas que también reaccionarán con violencia”. Así lo escribe Cury en su libro ‘Padres brillantes, maestros fascinantes’.

Annie de Acevedo, por su parte, aconseja a los padres no caer en la trampa clásica: “Cuando el hijo grita, ellos gritan más”. Por el contrario, dice que es mejor retirarlos del espacio en que están y llevarlos aparte, de manera firme pero no violenta. “El niño entonces comprende que si quiere interacción con el padre, tiene que ser con un diálogo respetuoso”, explica en ‘Hazlos felices para que sean buenos’. 

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