LSD: tan destructor como una demencia

09 de enero de 2014 12:02 AM

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Como “un viaje”. Así es llamado ese momento de entre cuatro y seis horas en el que, después de unos minutos de pasar una papeleta por la boca con LSD, las luces se ven más brillantes y de más color, el sonido se escucha más intenso, quienes están alrededor pueden verse con figuras diferentes en sus rostros, el tiempo puede dar la sensación de estar pasando muy, muy lento y el cuerpo parece moverse igual. Es como si no se fuese dueño de sí.

Pero a quienes se “montan” en ese “viaje”, no les va bien. Algunos experimentan en su primera partida un “mal viaje”, y terminan en una clínica con estado de agitación, taquicardia (por el aumento exagerado de la frecuencia cardiaca) e intoxicación por sobredosis de LSD. (Lea Más de 100 personas se intoxicaron en Summerland Cartagena 2014)

Otros, que pasan bien su primera experiencia y deciden repetirla una y otra vez, terminan siendo adictos e ingiriendo compulsivamente esta sustancia que genera daños extremadamente graves en las hormonas y en todo el organismo, sin que se den cuenta.

“El daño cerebral producido por estas drogas se puede comparar con el daño que va produciendo de forma moderada la demencia, porque se va perdiendo población neuronal y se va perdiendo capacidad cognitiva”, compara Rubén Sabogal, neurólogo.

Así llega al cerebro

El Neurocirujano explica la forma como el LSD (Dietilamida del Ácido Lisérgico), la droga sintética que intoxicó a un grupo de personas en el festival de Summerland en Cartagena y que fue creada accidentalmente a partir de un hongo que crece en el centeno y en otros granos, llega al cerebro para producir estragos.

“Todo el sistema nervioso tiene de forma natural neurotransmisores: unos estimulantes y otros depresores; un ejemplo de estos neurotransmisores es la dopamida, un receptor estimulante natural, que se activa con algo que para la persona es positivo, por eso, si usted está escuchando una canción de su agrado, sin darse cuenta puede terminar moviendo la cabeza al compás del sonido”.

“Cuando va a lugares donde la música tiene unos decibeles súper elevados, se presentarán secreciones altas de estimulantes naturales del sistema nervioso y llegará un momento en que esas secreciones no sean suficientes y la persona deba recurrir de forma artificiosa a agentes externos que mejoren y potencien ese efecto agradable; es entonces cuando se puede recurrir a la droga; así lo que se está oyendo y viendo sabe a gloria. Por eso hay sitios y espacios diseñados con estimulación directa para el consumo de la droga, a través de su sonido y luces”, puntualiza.

Rubén Sabogal señala que “el LSD provoca una estimulación en los receptores de la membrana cerebral generando un efecto farmacológico que puede ser agudo o crónico, llevando a experimentar unos cambios en la conducta caracterizados por distorsiones e ilusiones del entorno; entonces se ve deformada la realidad y la persona transitoriamente se siente que no es ella misma”.

Sí es adictivo

Para el Especialista, al contrario de lo que muchos creen, el LSD sí es una sustancia adictiva, que además genera un enganche rápido con quien la consume y por ende, una adicción.

“El LSD es una droga sintética, y todas las drogas sintéticas son de una capacidad altamente adictiva, porque a medida que se consumen el mismo cerebro pide más y más, llevando a la conducta compulsiva y la compulsividad es una conducta irracional, lo mismo que generan otras sustancias como el licor o la cocaína”.

“De esta droga se han derivado otras líneas -aunque el LSD fue el precursor- , por ejemplo las anfetaminas, algunas de uso médico (aunque menos dañinas) y otras muy conocidas como el Éxtasis, otra anfetamina derivada de las mismas drogas sintéticas”, manifiesta.

Sinónimo de muerte

Según Rubén Sabogal, “estamos pasando de ser una población sana a ser una población enferma por estas drogas, dependientes de las grandes multinacionales que las fabrican y que se están lucrando con la adicción de muchos”.

“La pérdida que tendremos en el futuro no estará representada en dinero, sino en vidas humanas, porque la droga es sinónimo de muerte, es sinónimo de enfermedad mortal, pues si un drogadicto no termina con enfermedades mentales,  puede llegar más fácilmente a y adquirir enfermedades como Sida”, puntualiza.

El Médico finaliza expresando que lo que entra en el cerebro es la educación y que sólo a través de ella es posible combatir todos estos fenómenos.

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