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Uso regular de audifónos está afectando la audición en los jóvenes

La sordera está dejando de ser un padecimiento sólo de los abuelos, también está afectando a los jóvenes pero no por razones físicas o genéticas sino culturales: la vida en Bogotá y en todas las grandes ciudades es más ruidosa. Entre los principales generadores de ruido, se encuentran las obras en las vías, el tráfico, las discotecas y el abuso de los reproductores portátiles de audio.

Mientras más alto sea su nivel, mayor será el daño que causa. La mayoría de las autoridades concluyen que un nivel “aceptable” de ruido está entre 35 y 45 decibelios. Por ejemplo, los pájaros y el viento en un bosque producen entre 35 y 40 decibeles; el tráfico capitalino, entre 85 y 100 decibeles, los vehículos pesados producen hasta 125 decibeles, un tractor, 140 decibeles, y un taladro neumático, 120 decibeles.
 
El ruido, sobre todo la música escuchada a un volumen elevado, está enfermando el oído de los jóvenes entre 16 y 25 años. Según José Antonio Rivas,  Otorrinolaringólogo y experto en Neurotología de la Clínica Rivas, escuchar música a 85 decibeles o más es suficiente para producir una pérdida leve de audición permanente (hipoacusia), que se agrava con la edad.
Incluso, les adelanta la sordera propia de la vejez. Comienza con un menoscabo de la audición, que va de 20 a 40 decibeles. El afectado deja de oír, generalmente, los tonos más agudos, como el timbre tradicional del celular, y los pitidos de los computadores y de algunas máquinas.
 
También, poco a poco, les destruye la habilidad de entender una conversación mantenida en voz baja y los sonidos de alta frecuencia. Es decir, que pueden oír pero no entender, porque los sonidos consonantes, que son los de alta frecuencia, son los que se dañan primero. Esta pérdida convierte en una enorme dificultad, distinguir entre los sonidos de la s y la f.
 
Según el Tratado de otología y audiología, del otorrinolaringólogo Héctor Ariza y del médico otólogo José Antonio Rivas, otro síntoma frecuente y molesto de deterioro auditivo por ruido, son unos pitos internos que escucha el afectado. En un principio aparecen de manera intermitente y tienden a desaparecer con el reposo auditivo; posteriormente se hacen permanentes. Con mucha frecuencia son los que realmente incomodan al paciente, más que la hipoacusia, y lo lleva a consultar al médico; desafortunadamente es un síntoma muy difícil de cuantificar en forma objetiva.
 
Además de la disminución de la capacidad auditiva, otros daños asociados al ruido que se presentan entre los jóvenes, son: interferencias en la comunicación oral, perturbación del descanso y del sueño, efectos en el sistema cardiovascular (aumento de la presión arterial y del colesterol), secuelas mentales y en el rendimiento, irritación en los hogares e interferencia con las labores cotidianas.
LOS REPRODUCTORES
Un estudio realizado hace pocos años en los Estados Unidos, confirmó que “con el volumen emitido por los nuevos reproductores de música mp3 e iPod, la nueva tecnología de audio de las salas de cine y las salas de ocio nocturno, los jóvenes se arriesgan a quedarse sordos 30 años antes que la generación de sus padres”.
 
Brian Fligor, autor del estudio en los Estados Unidos, considera que “si una persona se excede un día en particular y luego no usa los auriculares el resto de la semana, no corre un riesgo mayor; el problema está en alguien que excede el 80 por ciento del volumen, durante 90 minutos, día tras día, mes tras mes, por años”.
 
Los actuales reproductores de audio alcanzan un volumen máximo de 104 decibeles. En Francia, estos aparatos estéreos personales fueron modificados para restringir el sonido a 100 decibeles, que es el límite establecido en la Unión Europea. Sin embargo, el Gobierno alemán ha propuesto un máximo de 90 decibeles
 
 Adriana Rivas, médico audióloga de la Clínica Rivas, “no conviene utilizar auriculares durante más de una hora al día ni permanecer más de ese mismo tiempo en una discoteca donde la música esté alta. Si uno no quiere marcharse tan pronto a casa, lo mejor es alejarse un rato de los parlantes o salir a la calle para aliviar el oído de la presión sonora”.



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