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Cavaron sus propias fosas

Cuenta un campesino que cortaba leña en la finca El Palmar, que escondido detrás de unos matorrales, vio cuando paramilitares obligaron a sus hermanos a cavar sus propias fosas. Él por miedo no denunció nada, pero nos contó la trágica historia, que aún los culpables no se han atrevido a confesar.

Ese es uno de los recuerdos que permanecen en la memoria de Petrona Isabel Blanco Mendoza, víctima de la violencia sembrada por miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) a lo largo y ancho del departamento de Sucre, pero muy especialmente en el municipio de San Onofre y gran parte de la región del Golfo de Morrosquillo.
A ella, el 16 de julio de 2004 cuando los esperaba en la terraza de su residencia, en el barrio Camilo Torres de Sincelejo, para asistir a la procesión de la Virgen del Carmen, le informaron que sus hermanos Jesús Alberto Flórez Mendoza y Javier Blanco Mendoza habían caído en las garras de “El Oso”, temible jefe paramilitar Marco Tulio Pérez Guzmán, postulado a la Ley de Justicia y Paz.
“Yo lo que quiero saber es en qué lugar cavaron sus fosas, porque no pueden seguir botados como unos perros. Tenemos los familiares el derecho de darles unos entierros dignos, porque fueron personas buenas, trabajadoras que no merecían esto”, sostiene Petrona Isabel con lágrimas en los ojos y su voz entrecortada.
Al igual que ella 63 mujeres que conforman la organización Tejedoras de la Memoria, más que reparación económica, quieren que les entreguen los cadáveres de sus seres queridos para darles cristiana sepultura y terminar por siempre la incertidumbre que muchas de ellas viven desde hace más de 10 años.

LAS GARRAS DE “EL OSO”
Petrona Isabel, al conocer la desaparición de sus dos hermanos se dirigió al municipio de San Onofre, con el fin de salvarles la vida, sin saber que tenía que enfrentarse al temido alias “El Oso”, quien fue capturado hace cinco años y que dejó heridas abiertas en corregimientos y veredas del norte de Sucre, donde ejerció su dominio bajo el mando de Rodrigo Mercado Peluffo, alias “Cadena”.
Según denuncias de algunas mujeres de la región, fueron sometidas por este hombre a toda clase de vejámenes: desde atropellos sexuales hasta la explotación laboral; pasando por la agresión física y el escarnio público.
“Al llegar a El Rincón del Mar pregunté y enseguida me detuvieron, me preguntaron qué andaba buscando y yo les dije que a mis dos hermanos. Enseguida ‘El Oso’ me dijo, mire doña usted ya tiene todo perdido que anda buscando más, el que entra aquí no sale más, enseguida me quitaron la cédula y me dijeron es que usted es de Ovejas, usted es una guerrillera. Yo estaba muy asustada, me devolvió la cédula y enseguida me vine”, con tic nervioso en su rostro y manos, narra su drama.
Cuenta que al día siguiente de su regreso de El Rincón del Mar, le hicieron tres llamadas para que fuera a recoger los cadáveres de sus hermanos, pero ella tuvo mucho miedo y denunció el caso ante el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía, en donde le aconsejaron que se quedara quieta.
“El señor de la llamada, que creo fue ‘El Oso’. Me dijo que los cadáveres de mis hermanos estaban en San Onofre, pero para mí eso era una patraña para matarme”.
Ya han pasado siete años exactos y esta familia no ha podido saber en dónde están enterrados los hermanos Flórez.

ENLOQUECIDA
La desaparición de los hermanos Jesús Alberto y Javier enloqueció a una de sus sobrinas, Lucelis Arias Blanco, quien desesperada camina las calles de Sincelejo buscando a sus dos tíos.
“A ella la hemos tenido que amarrar aquí en la casa, la hemos internado en una clínica de reposo porque atentaba contra nosotros, esto ha sido una pesadilla y hemos tenido que soportar este drama de la desaparecieron de mis dos hermanos, que ha empeorado desde que mi hija enloqueció”.
A Lucelis también la han visto recorrer desnuda las calles de Sincelejo, gritando desesperada por la presencia de sus dos tíos.
“De toda esta situación el Estado es responsable, porque si hubiese existido seguridad, nada de esto hubiese pasado. El Gobierno permitió que estos grupos se fortalecieran y cometieran todas las atrocidades”.

CLAMAN POR LA VERDAD
Mientras Petrona Isabel narra su historia, a su lado, con sus ojos humedecidos la escucha muy atenta Rumualda Paternina Oviedo, presidente de la organización Mujeres Tejedoras de la Memoria. Ambas sostienen que lo que quieren es la verdad.
“Por favor, si el señor Marco Tulio sabe en dónde están estos cuerpos, que se toque el corazón porque ya está bueno el sufrimiento que nos han dado. Todas tenemos un drama distinto, con distintos personajes malévolos de las Autodefensas”.
Y es que a Rumualda le desaparecieron a su hijo Juan Carlos Escobar Paternina. Eso ocurrió entre los municipios de Toluviejo y Tolú, en la localidad de Molonga, punto conocido como El Seis, en donde el grupo de paramilitares que dominaba el área realizaba cada año un Festival de Vaquillas (especie de corraleja), celebración en la que sólo podían participar miembros de la organización.
Esa desaparición ocurrió el 20 de marzo de 2003 y son muchas las versiones que sobre este hecho ha logrado recoger Rumualda durante estos años.
“Hablé con Marco Tulio ‘El Oso’, pero me dijo que no sabía nada de eso, que él operaba era en San Onofre y que en la zona en donde desapareció mi hijo mandaba ‘El Paisa’, quien se hizo un atentado para fugarse de las autoridades. Por eso con mucha tristeza y rabia a la vez les he dicho a estos señores que no abusen de las familias afectadas y del propio Gobierno Nacional, al que se han puesto de ruana y engañado, porque no han contado la verdad”, sostuvo Rumualda.
A través de esta organización, estas mujeres entablarán en los próximos días una demanda contra el Estado, pues toda la familia, según ellas, está dañada.
“Ya en nuestras familias no hay felicidad, estamos atormentadas y en una incertidumbre que a veces nos obliga a callar por miedo a nuestras vidas”, puntualizó Rumualda Paternina Oviedo.

DESAPARICIÓN Y MUERTE
El 1 de febrero de 2003 se desarrolló en Corozal un Consejo Comunitario con el presidente Álvaro Uribe Vélez. Ese día el alcalde de El Roble, Eudaldo “Tito” Díaz Salgado, cavó su propia fosa y se colgó la lápida en el pecho.
En esa ocasión el osado Alcalde se atrevió a denunciar ante el Presidente que lo iban a matar. Era la primera vez que un mandatario municipal se atrevía a esto ante cámaras y la mirada de miles televidentes que observaban el programa.
“Señor Presidente soy el Alcalde de El Roble, suspendido por una sola razón, injusta... me van a matar”.
Ese primero de febrero de 2003 Eudaldo Díaz Salgado hizo graves denuncias contra la clase política de Sucre. Fue capaz de acusar al entonces gobernador, Salvador Arana Sus, a los procuradores regional y provincial y al Comandante de Policía de la época, coronel retirado Norman León Arango Franco, e insistió que la clase política era corrupta.
“Estamos diciendo que vamos a eliminar a la guerrilla, pero tenemos que comenzar es eliminando a los corruptos que le están haciendo más daño al país, que incluso la propia guerrilla y las Autodefensas”, dijo Eudaldo Díaz en su intervención ante el Presidente.
Él creía inocentemente que al hacer las denuncias frente a las cámaras de televisión y delante del Presidente de la República, sobre la posibilidad de su asesinato, eso podría salvar su vida, pero se equivocó.
Dos meses más tarde, el 5 de abril desaparece en Sincelejo y cinco días después fue encontrado muerto, en la vía que conduce al municipio de Sampués, una zona bastante custodiada, en donde fue hallado con signos de tortura, en posición de crucifixión y con la credencial de alcalde en la frente.

MASACRES Y DESAPARICIONES
Mientras hablaba, el recinto escuchaba atónito las graves denuncias hechas en un departamento en donde los paramilitares, entre los años 1996 y 2004, asesinaron y desaparecieron a por lo menos 4 mil personas y cometieron, entre otras, la masacre de Chengue, la peor registrada en Sucre, pues a punta de mazo, fueron asesinados 27 campesinos e incinerado todo el pueblo.
En la población sólo quedó una estela de muerte y dolor, que provocó el desplazamiento de cientos de personas y la desaparición de por lo menos 50 habitantes de localidades como Don Gabriel y Salitral, en jurisdicción de Ovejas, Montes de María.
Organismos defensores de Derechos Humanos aseguraron en la época, que tantas masacres y desapariciones y control del territorio por parte de los paramilitares, solo era posible con una complicidad grande de autoridades políticas, civiles y militares con el grupo del paramilitar alias “Cadena”.
Eso fue confirmado y comprobado años más tarde por el postulado del Bloque Héroes de los Montes de María de las Auc, Marco Tulio Pérez Guzmán, alias “El Oso”, quien insistió en los vínculos de dirigentes políticos con esa facción armada ilegal, para llegar a corporaciones públicas en 2002.
Alias ‘El Oso”, durante una de las versiones libre dio detalles sobre la entrega de dineros del erario público, a las Autodefensas, por parte de políticos.
Hoy las Mujeres Tejedoras de la Memoria sostienen con tristeza que a pesar de los anuncios y las denuncias del Alcalde, nadie pudo parar la feroz arremetida paramilitar, que dejó en Sucre una lista de desaparecidos, muertes y masacres.
Según ellas el remedio para parar a una guerrilla que tenía azotado a los ganaderos, resultó ser más costoso que la enfermedad.

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