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Abello, a corazón cerrado

Jorge Enrique Abello vuelve a escena como un médico cínico en ’A Corazón Abierto’. El actor al desnudo.

El neurótico Armando Mendoza en Betty, la Fea. El psicorrígido Antonio Andrade de El Cachaco y la Costeña. El insoportable Juan Camilo Caballero de En los Tacones de Eva. Y ahora, el cínico doctor Mauricio Hernández en la serie A Corazón Abierto. Galanes muy controvertidos con los que el actor bogotano Jorge Enrique Abello ha dejado su impronta en la televisión nacional e internacional.
Esos roles del apuesto ejecutivo y buen partido, pero de relaciones tormentosas con las mujeres, le han merecido el favor de la teleaudiencia y de la crítica de la televisión a Jorge Enrique Abello Moreno, el menor de los hijos de Alberto Abello de Sucre –descendiente del mariscal Antonio José de Sucre– y Heidi Moreno.
Brillante alumno del Gimnasio Moderno, el niño que debutó como protagonista de la obra de teatro Mirringa, Mirronga, de Rafael Pombo, estudió Comunicación Social en la Universidad Javeriana con las mejores intenciones de hacer televisión educativa.
Por ello, del actor famoso hasta en Japón, pocos saben que detrás de cámaras fue un reconocido director de videos institucionales, culturales y musicales, jefe de publicidad, asistente de producción, director del musical Persiana Americana y director de cámaras, incluida la submarina en ‘Mi única verdad’, con Pepe Sánchez.
Hasta que, en 1992, faltó un actor para la grabación en la serie Espérame al Final y le tocó reemplazarlo. Luego, ante la infructuosa labor de buscar el protagonista para Caballos de Fuego, el director lo invitó a hacer el casting y resultó no sólo elegido sino galardonado como el Actor Revelación de los TV&Novelas del 95.
Desde entonces, le llovieron protagónicos y roles secundarios: Las Ejecutivas (1996), La Viuda de Blanco (1996), La Mujer en el Espejo (1997) y Perro Amor (1998), entre otras producciones, pero la novela que lo lanzó a la fama mundial fue Yo Soy Betty, La Fea (1999), donde personificó al antipático doctor Mendoza, que le mereció su segundo premio TV&Novelas 2001 a Actor Favorito.
"Gracias a Fernando Gaitán y a Mario Rivero, ‘Betty’ significó la oportunidad de poder graduarme como actor; gracias a RCN y a mis compañeros y al éxito de la historia, me permitió darme a conocer en todo el mundo; consolidar una carrera, que creyeran en mí y desde hace diez años me dio la posibilidad de seguir construyendo más personajes que sigan comunicando y crean conexión con la gente, que es lo más bello que le puede ocurrir a un actor", dice quien aún hoy recibe cartas desde Japón, Israel, Estados Unidos, Suramérica, Portugal, España, los países del otro lado de la Cortina de Hierro...
Desde entonces el éxito lo persigue. Repitió como Armando Mendoza en Ecomoda (2001), saga de ‘Betty’, siguió con La Costeña y El Cachaco (2003), Anita, no te Rajes (2004), Merlina, Mujer Divina (2006) y En los Tacones de Eva (2006), donde se desdobló entre el machista y mujeriego Juan Camilo Caballero y la viuda Eva María León Jaramillo.
Pero cuando el azar llamó a la actuación a este niño bien, nacido el 28 de febrero de 1968, (42 años), Abello ya era un joven preparado con seminarios de imagen cinematográfica en la Universidad Nacional hasta talleres de teatro con Adelaida Nieto, Bellín Marchallac, Patricia Maldonado, Jorge Emilio Salazar y Ernesto Galindo.
Este pisciano amante del teatro, se le mide por igual a actuar en El Principito que en Tu Ternura Molotov; pasa del teatro ‘shakespereano’ a la comedia; además de ser presentador, voz en off, productor, es hasta autor de artículos y obras como Cuando la Muerte Soñó ante el Espejo.
Su amigo desde ‘Betty, La Fea’, el actor Patrick Delmas, asegura que actuar con Abello recientemente en la comedia Aquí no hay Quién Viva "fue muy divertido, sobre todo en escenas donde nos teníamos que dar un beso y había que repetir y repetir porque, se caía él o yo o nos caíamos los dos, era muy complicado".
Delmas, quien lo define como un amigo fiel, destaca que los une la coincidencia de que nacieron el mismo día, 28 de febrero, por lo que se parecen en unas cosas, pero en otras no tanto. Por ejemplo, el actor francés no olvida que en la temporada de El Principito, "Jorge Enrique siempre tenía la sensación de que tenía el micrófono apagado y se lo quitaba de la ropa para verificar si estaba encendido y se lo volvía a poner, como unas 30 veces, casi como un neurótico, y cuando por fin saltó al escenario, apenas abrió la boca, se le veía el temor de pensar si lo tenía apagado".
O cuando "se cree un poco Juan Pablo Montoya, no por la velocidad, sino porque se molesta cuando otros cometen errores o infringen la norma", dice Delmas.
Sus amigos lo declaran cinéfilo empedernido y coleccionista de dvds de cine, con más de 3.000 títulos, y de música, desde Vives hasta Bach. Su pasatiempo es invitar a sus amigos a ver películas en su casa. Allí disfruta viendo a quienes fueron su inspiración: Denzel Washington y Morgan Freeman, Clint Eastwood, Humprey Bogart, el que más ha querido; De Niro, Pacino, Depardieu y muchos más.
Igual es confeso admirador de colegas que también inspiraron su carrera como Luis Eduardo Arango, su compañera de la universidad Margarita Rosa De Francisco, Fanny Mikey, Pepe Sánchez, Consuelo Luzardo... "Frank Ramírez, mi maestro, mi amigo, mi mentor; Pacheco es una adoración; el Gordo Benjumea, que lo amo con toda mi alma; y tantos que se me olvidan...", declara.

Un papá dedicado
¿Qué se siente al pasar de galán al antigalán de Mauricio Hernández en A Corazón Abierto?
En mi carrera he tratado de variar porque lo peor que le puede pasar a uno como actor es que lo encasillen; por eso he hecho hasta de mujer, de gay, de todo, pero recibí con mucho cariño este personaje de antagonista y he tratado de disfrutarlo porque tiene mucho sarcasmo, mucha ironía en lo que hace y en cómo ve la vida.
¿Cuál era su relación con la medicina?
Ninguna. (Risas) Solo de paciente.
Pero asistió a su ex esposa en el parto de su hija Candelaria...
Sí, la acompañé todo el tiempo, (doce horas), todo fue muy tranquilo, pasó todo lo hermoso que podía pasar, estábamos muy enamorados, fue un momento de mucho amor. Además, estaba rodeado de mujeres: la mamá, la ginecóloga, la obstetra, las enfermeras, y mi hija, cuyo nacimiento lo recuerdo como el momento más feliz de mi vida.
Usted quería hacer su carrera detrás de cámaras. Pero empezó cargando cables y terminó reemplazando a un actor...
Estábamos grabando la serie Espérame al Final, que dirigía Pepe Sánchez, y el asistente de dirección era Bernardo Corredor, compañero mío de la Universidad. Pepe había pedido un personaje muy cachaco, rolo, pero mi amigo se equivocó y mandó otro muy distinto. Pepe le dijo: ‘hermano, no sé, pero yo necesito grabar esas escenas hoy’. Corredor me llamó: ‘por favor, ayúdeme, vaya usted’. Y claro, fui a ayudar a mi amigo y desde entonces no he podido parar. Lo recuerdo con mucha gratitud y nervios.
¿Cuál ha sido el peor insulto que ha recibido por sus papeles de galán malo?
Me molesta cuando por ser actor piensan que este es un oficio de payasitos, que lo puede hacer cualquiera y que nunca está al nivel del de un médico o un ingeniero o de un abogado, cuando todos sabemos lo complejo y lo complicado que es. Cuando no me toman en serio, eso me confronta un poco, me afecta, pero también he aprendido que si la gente lo confunde con el personaje es porque éste ha funcionado.
¿El papel de Armando Mendoza se le convirtió en un karma?
Sí, en un momento sí. Había libretistas que me llamaban y yo decía íwao!, pero como el personaje había funcionado, me pedían lo mismo, y yo decía, pero se parece a lo que ya he hecho. Al principio sí fue difícil, sentí la carga, todos querían ver actuar a Armando Mendoza.
¿Hasta dónde lo llevó Betty La Fea?
Una vez nos invitaron a Kuala Lumpur, pero no pude ir porque estaba en grabaciones. Pero sí fuimos a todo el mundo. Betty La Fea fue un fenómeno ‘mundiático’.
¿Qué anécdotas recuerda como Eva María León Jaramillo, de En Los Tacones de Eva?
Todo el día me escondían las puchecas. Y yo le tomaba el pelo a Patrick Delmas todo el tiempo. Una vez pasó un carro de bomberos, se bajaron todos ellos y nos subimos nosotros, nos tomamos fotos y nos fuimos en ese carro de bomberos y yo así vestido de Eva. Otro día le estaban faltando al respeto a la pobre Eva y me puse furioso; era una imagen apocalíptica: yo entaconada, con cartera y peluca, me iba a dar con todas, parecía un monstruo loco. En los cortes de grabación me iba así a los restaurantes a comer y la gente se moría de la risa.
¿Por qué lo exaltó el Museo Nacional?
Porque mi tesis de grado fue un cortometraje sobre museología para mostrar cómo acceder a un museo desde la lúdica y la onírica y no desde el aburrimiento.
Su hija Candelaria, ¿quiere ser actriz? ¿Qué le dice cuando lo ve en televisión?
Candelaria es supernovelera: se ve Amor en Custodia, Amor Sincero y A Corazón Abierto. Le gustaría ser veterinaria, actriz, o directora, veo que tiene el temperamento para eso, pero todavía está muy chiquita (8 años), vamos a ver qué más descubre que la ayude a definir qué quiere ser.
¿Qué es lo que más comparte con ella?
Además del día a día, lo que más comparto con mi hija son los viajes, y lo de arte que nos gusta: mucho cine, teatro, conciertos, conocer ciudades, pero sobre todo charlar, compartir, es una relación de mucha cercanía. La gente hace planes familiares, pero nadie está con nadie, los niños juegan con los primos o los amiguitos, a Candelaria y a mí nos gusta compartirnos los dos.
¿Qué tal le va muy cocinando?
íJa ja ja! Cocino, pero pocas cosas: puedo hacer una muy buena carne, tengo un arroz muy rico, alguna pasta la hago decentemente, preparo unos huevos deliciosos, pero hasta ahí, no soy muy versátil y no tengo un menú muy amplio.
Dicen que es vanidoso. ¿Cómo se cuida?
Hago mucho deporte, pero ahora estaba fregado por una hernia cervical que me venían buscando hace un año. Ha sido difícil, siempre lo intento y siento un dolor muy fuerte, pero el deporte me encanta.
¿Cómo está su corazoncito?
Diría que está abierto, pero quienes me conocen dicen que está cerrado porque no me gusta nadie. Por ahora estoy dedicado a mi hija y no ha vuelto a aparecer la persona para mí, pero tengo una vida muy bonita, muy feliz, Dios ha sido muy generoso conmigo, entonces la vivo como lo que es ahora, que es estar solo, pero bien.
¿Por qué un galán tan cotizado sigue soltero y solo?
Porque con el tiempo uno se da cuenta que no es un problema de abundancia sino de calidad; por más que haya admiradoras el tema es cuántas son realmente para ti y sabrás que son pocas y que no todos los momentos son para estar con alguien. Después de que me divorcié, tenía que aprender y digerir muchas cosas, tenía que vivir un proceso muy difícil para entender cómo es la vida y entenderme incluso a mí mismo, qué debía mejorar y eso no es tan fácil.
Es un gran lector. ¿Cómo le va como escritor? ¿Será guionista?
Por ahora como escritor me va mal porque no he publicado nada. (Risas). Es un oficio de un terreno árido, muy difícil, es con lo que estoy tratando complementar la vida, vamos a ver qué pasa a ver si algún día logro escribir algo que valga la pena publicar.
¿Se da látigo cuando se ve en televisión?
Con decirte que prefiero no volverme a ver.

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