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Ada Luz sigue en las nubes

La Ada Luz más famosa del mundo habita en una casa de tierra firme. No existe en la entrada un letrero de nubes blancas con su nombre escrito y tampoco es necesario ser aviador para poder hacerle una visita, tal como lo soñara y lo cantara su papá, Rafael Escalona, hace cerca de seis décadas.

Si usted le pregunta al vecino o al taxista, la Ada Luz de carne y hueso vive “allí no más”, en el barrio Ciudad Jardín de Valledupar. Si lo hace con el parrandero entusiasta, entonces le hablará de la bebé de un mes de nacida que parece no haber crecido nunca y vive aún en una casa sin cimientos que “la sostienen en el firmamento los angelitos que le pido a Dios”...
Ella apenas se ríe con timidez de esa fama heredada. Ya se acostumbró, confiesa, al ver colgadas por la capital del César, en la Plaza Alfonso López, en el Parque de la Leyenda y al pié del Guatapurí, casitas en el aire que recuerdan no sólo el legado de su padre —que hace justo un año se fue de este mundo después de haber vestido de frac al vallenato— sino su canción más famosa: justamente la que ella inspiró.
Los zarpazos de la nostalgia la sorprenden bajo el calor sofocante de un lunes de mayo en la sala de su casa. Sólo un día después de que el Festival de la Leyenda Vallenata silenciara sus acordeones, sus cajas y sus guacharacas. La ciudad intenta reponerse de su guayabo de cinco días delirantes de versos y Old Par, y ella del cansancio que acumularon los homenajes para Rafael Calixto Escalona Martínez en los que debió estar presente. “Es como si nunca hubiera partido de aquí”, se le escucha decir a la mayor de las tres hijas del juglar.

Pero supongo que debe tener mucho encanto haber inspirado la canción más famosa del juglar más famoso...
—Es una mezcla de muchas cosas. De alegría, pues él siempre dijo que era una canción de cuna; y de amor porque a sus amigos les repetía que al ser su primera hija había imaginado un lugar en el que nadie pudiera alcanzarme para hacerme daño.
Y el maestro ‘Rafa’ trató de que la sentencia musical se cumpliera verso por verso. “Sí, era un papá celoso, con decirte que pretendía que a mis 17 años yo siguiera usando media tobillera, igual que las niñas de entonces. No consentía que me maquillara o me depilara las cejas. Y si no hubiera sido por mi tía Justa Matilde, mi cómplice de esos años, jamás habría probado parranda”.
La advertencia de que nadie se le acercaría a la muchacha le quedó clara al compadre Carlos Aponte la tarde en que el maestro comenzó a silbar una melodía desconocida en las aguas del río Urumita, en La Guajira, hasta donde la familia Escalona había llegado huyendo de la fiebre mala contraída por la pequeña Ada Luz en Valledupar.
El compadre, intrigado, preguntó: “¿Ajá, Rafa, qué te traes con esa silbadera?”. La respuesta brotó con picardía: confesó que pulía un paseo con el que a todos los hombres del Valle les quedara claro que esa hija que acababa de nacer iba a tener una casa en el aire arriba de todo el mundo.
Aquel fue el punto de partida. No pasó mucho tiempo antes de que ‘Bovea y sus vallenatos’ la hicieran sonar en todas las parrandas de La Provincia. Fue entonces cuando el patio de la finca ‘Chapinero’ de Valledupar, donde vivía la familia, se transformó en escenario de jaranas de miedo por las que desfilaron, alborozados, Alfonso López, Daniel Samper Pizano, Jaime Molina, la ‘Cacica’ Consuelo Araújo y hasta el propio García Márquez.
Eran los mismos días en que Gabo, lejos de imaginar las mieles de un Nobel, se metía en los cuartos de las tías para ‘mamar gallo’ y pasar la siesta después de sancochos lujuriosos. Tardes en que él le contaba a Ada Luz que de su abuelo, Manuel Clemente Escalona, había tomado prestada la estampa de ese coronel triste que no encontró quién le escribiera.
Eran los días también en que a la casa llegaban los rumores de un Rafael Escalona con fama de Don Juan, incapaz de negarle versos a una brasilera, a ‘La Patillalera’ o a Dina Luz y que luego salía a pregonar que “en asuntos de mujeres tengo una ley bien aprendida, yo quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida”.
De cómo conjugaba su papá el verbo ‘mujeriar’ —practicado con ‘esmero’ en la región— no es asunto del que disfrute hablar. Admite que en total son 19 hermanos, pero que la única esposa fue Marina Arzuaga, ‘La Maye’, su madre, con quien él tuvo seis hijos.
Prefiere recordar al papá que nunca perdonó la llamada diaria desde Bogotá para recordarle a la hija visitar al compadre enfermo y asistir al entierro de los que partieron antes que él. Evoca al papá Escalona que hacía de cada canción una historia pues así lo había aprendido en las crónicas que leyó en los periódicos que llevaba a casa el viejo Clemente. Canciones con las que luego enseñaría a parrandiar “como Dios manda: sin nada de baile, eso es de ‘cachacos’. A nuestros músicos les gustan que los miren y los aplaudan mientras cantan”.
A Ada Luz también le escasean las palabras cuando los periodistas, tal como yo lo hago ahora, le preguntan por ese 13 de mayo de 2009 cuando, en una clínica de Bogotá, su padre le decía adiós a décadas jubilosas de paseos, puyas y sones. “Fue doloroso, pero él descansó; en los últimos meses lo había visto muy desmejorado”.
Así lo comenta con sus tres hijos —Juan José, Camilo y Sergio— que hoy en la tarde la acompañarán hasta el Cementerio Central de Valledupar para dejar una ofrenda floral, como parte de las actividades de conmemoración que tendrán lugar en la ciudad que hizo grande a Escalona. “Es la segunda vez que iré a verlo a ese lugar y espero que sea la última. Él no está allí, estoy segura que ahora nos mira desde allá arriba, en esa casa en el aire con nubes blancas que dice Ada Luz”.

ADA LUZ AMA DE CASA
Actualmente separada, Ada Luz Escalona vive con sus tres hijos: Juan José, Camilo Andrés y Sergio José. Hizo estudios de decoración de interiores y asegura que es negada para la música.
Junto a sus cinco hermanos, Ada Luz trabaja en la consolidación de la Fundación Rafael Escalona con la que pretende mantener y perpetuar el legado musical de su padre.

EN POCAS PALABRAS
-“Mi papá siempre dijo en vida que no fuéramos a llorarlo, que lo recordáramos en parranda”.
-“‘La casa en el aire’ es la canción más famosa, pero a mi hermana Rosa María le compuso ‘El manantial’ que también es un tema bellísimo”.
-“Mi papá interpretó el sentimiento de todos los hombres al tener a una hija”. Ada Luz Escalona, hija del maestro Rafael Escalona. Los Escalona llevarán a Miami una exposición de más de 100 fotos con los momentos más importantes del juglar.

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