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Documental cuestiona el periodismo de farándula

¿Qué tienen en común la melena en llamas de Amy Winehouse y un ojo morado de Guy Ritchie? Ambas historias aparecieron en las páginas de tabloides británicos. Y ninguna de las dos era cierta.

Ambos incidentes fueron datos falsos que el realizador del documental “Starsuckers” llamó a dar a los diarios para ver si los usaban sin confirmar la información. El hecho de que lo hicieron forma parte de su argumento de que la cultura de las celebridades ha minado los estándares periodísticos y pervertido los valores de la sociedad.
“No me había percatado de cuántas de nuestras noticias son relaciones públicas, o mentiras, o sobre la base de actos delictivos”, dijo el cineasta de 33 años Chris Atkins.
“Starsuckers”, que se estrenó el miércoles en el Festival de Cine de Londres, aborda la feroz y competitiva prensa sensacionalista británica, pero su verdadero objetivo es mucho más amplio. Atkins cree que la obsesión de la sociedad por la fama —alcanzarla y estar cerca de ella— lo ha distorsionado todo, desde el modo en que se reportan las noticias hasta las aspiraciones de nuestros hijos.
El filme abre con la afirmación de que “todo el mundo es natural y poderosamente atraído a la fama” e intenta mostrar cómo las grandes compañías del entretenimiento, los medios y las relaciones públicas usan ese deseo para crear un mundo lleno de consumidores insaciables.
A través de una serie de montajes que recuerdan las polémicas del documentalista Michael Moore, Atkins pretende mostrar cómo la dignidad, la verdad e incluso la ley son desechadas en busca de celebridad.
Atkins es particularmente desdeñoso de los reality shows: el modo en que esos programas distorsionan la realidad y estiran los límites de lo que la gente hace para salir en televisión.
La película presenta a un niño de Nevada llamado Ryan, que quiere con urgencia ser famoso, a los cinco años, ya es un veterano con los agentes, las audiciones y las actuaciones públicas.
En otra secuencia, Atkins monta una cabina en un centro comercial en Inglaterra supuestamente para hacer pruebas a niños para unos reality shows. Los cineastas grabaron a los padres firmando alegremente permisos para que sus hijos aparecieran en programas con títulos como “Bebés alcohólicos” y “Lleva a tu hija al matadero”, y filmó a niños sonrientes tratando de decapitar pollos de goma.
Los críticos podrán decir que Atkins manipula a la gente del mismo modo en que los programas que critica.
“Engañamos a la gente para que estuviera en nuestro filme”, reconoció Atkins, cuya última película, “Taking Liberties”, mostró lo que para él era la erosión de los derechos civiles bajo la administración del primer ministro Tony Blair.
“Sí, tuvimos reparos morales, pero creo firmemente que lo hicimos con un propósito más amplio... Para servir un interés público más amplio”.
Atkins defiende de igual modo su intento de engañar a los periódicos en un intento por demostrar que los tabloides británicos no dejarán que los hechos se interpongan en una buena historia.
El periodismo comprado y las historias atribuidas a “amigos” anónimos son prácticas muy comunes en la prensa popular británica. En el 2007, un periodista del News of the World fue encarcelado por interceptar ilegalmente las líneas telefónicas de funcionarios de la realeza. El diario insistió en que se trató de un error garrafal aislado, negando vehementemente acusaciones de que la intervención de teléfonos de celebridades era generalizada.
“Starsuckers” sugiere que por lo menos algunos tabloides no dejarán que la verdad se interponga en una buena historia. Hasta en India se publicó una versión demasiado buena como para confirmar que un fusible quemado prendió en llamas la famosa melena de Winehouse o que Ritchie se lastimó un ojo mientras hacía malabarismos con cubiertos.
Quizás aún más preocupante, Atkins también filmó en secreto a reporteros de tabloides a quienes les ofreció registros médicos de cirugías cosméticas de famosos a cambio de dinero.
Comprar tales documentos es ilegal en Gran Bretaña, pero los reporteros se mostraron entusiasmados. No sabían que los documentos ofrecidos por Atkins —que supuestamente mostraban que Hugh Grant se hizo un estiramiento facial y Guy Ritchie un peeling— eran falsos.
“Estamos tratando de volver las tornas”, dijo Atkins de sus sarcasmos, que también incluyeron filmar en secreto al publicista de celebridades Max Clifford hablando de cómo sus famosos clientes le pagaban grandes sumas de dinero para evitar que se publiquen historias perjudiciales para ellos.
Clifford, cuyos clientes incluyen a Simon Cowell, dijo que muchas de las historias sobre celebridades son “25% realidad y 75% exageración”, pero que el público no debe preocuparse tanto al respecto.
“Es entretenimiento”, dijo. “El público cree lo que quiere creer”.

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