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Julián Román, protagonista que rompió los estereotipos

El 21 de mayo se estrena ‘Retratos en un mar de mentiras’, cinta en la que este actor encarna al personaje principal. “La fama dura lo que dura uno al aire, eso me lo enseñó mi papá”, dice el actor.

“La fama no te hace mejor persona sólo sirve para no hacer fila en un banco”, en esa frase se define la humildad de un hombre que ha demostrado su estirpe como actor. Ese es Julián Román, un artista respaldado por 26 años en la profesión.
De ser el simple hijo de Nadia pasó a enamorarse en la novela ‘Marcelina’. Luego se convirtió en Byron, un joven conflictivo en ‘Francisco el matemático’, y terminó cantando reggaeton y enamorado de ‘Pilarica’, cuando encarnó a Leo, personaje que lo volvió popular.
Tocó el cielo con el éxito de ‘Los Reyes’ y se acercó al infierno con el fracaso de ‘Valentino el argentino’. Pero Julián es talento puro. De eso nadie tiene duda.
El público lo odió en ‘Las muñecas de la mafia’ y lo ama actualmente por su papel de hombre noble y de mala suerte en ‘La bella Ceci y el imprudente’, novela en la que realizó su tercer protagónico.
Con risa, Román recuerda las palabras de un productor de Univisión que decía: “El protagonista no puede ser moreno, no puede tener barba, no puede ser bajito”. El rompió el estereotipo. Cero y van tres.
Con Primo González no sólo se ganó el premio India Catalina como mejor actor, sino que confirmó que su sólida carrera la ha construido alejado de la sombra de su padre, el también actor Edgardo Román, su amigo, su polo a tierra, su maestro.
Ahora llegó el momento del cine, ese reencuentro dará su primera muestra el 21 de mayo, cuando se estrene ‘Retratos en un mar de mentiras’, cinta protagonizada por Julián. De nuevo, él, el morenito y bajito, encabeza la nómina.
Esta ópera prima de Carlos Gaviria llega al país después de participar en el Festival de Cine de Berlín, de ganar en Cartagena el premio a Mejor Ópera Prima y en Guadalajara quedarse con los galardones como Mejor Película y Mejor Actriz.
Como Julián tiene pila de larga duración, también probará suerte como productor de una película que está en etapa de creación. En esta cinta se burlará de su profesión, de los actores en Colombia. En últimas se burlará de sí mismo. Posiblemente esté lista a finales de diciembre.

¿Cuál es su balance de ‘La bella Ceci y el imprudente’?
—Es un proyecto agradecido que arrancó muy bien. Estoy contento, además vino el premio. Fue un proyecto en el que me relajé y me divertí mucho.

Se ve muy cómodo haciendo comedia…
—Sí, aunque es ocasional. Esta novela llegó en un momento chévere, venía de hacer ‘Las muñecas de la mafia’, una cosa más densa.

¿Prefiere los personajes de malo o los divertidos?
—Con los dos me río mucho. No importa qué tipo de papeles haga, lo que me gusta es actuar, construir un personaje. Me gusta el proceso de creación.

¿Cómo fue asumir de nuevo un protagónico?
—Es rico que suelten un protagónico, pero para mí la única diferencia de protagonizar es que trabajo más. Hay que tener una paciencia especial, porque no tienes vida.

¿Se siente alejado del rótulo de galán?
—Ahí no tengo nada que hacer. Ese estereotipo no lo cumplo en ningún aspecto. Ni en estatura, color de piel ni en la forma de actuar. Antes, los protagónicos me parecían personajes blancos y aburridores, pero en mis proyectos tienen una carga diferente.

En Colombia ha cambiado el concepto de protagonista con actores como Enrique Carriazo o Robinsón Díaz…
—Sí y esa es la pelea que tiene que dar la televisión colombiana. No podemos competir contra Venezuela y México, que tienen una industria montada. En Colombia hay grandes actores haciendo historias reales. Ese fue el secreto de ‘Betty la fea’, ‘Pedro el escamoso’ y ‘Los Reyes’.

¿Cómo ha sido ese cambio de canal?
—Para mí es lo mismo, soy muy profesional. De la misma forma en la que le metí ganas al hacer ‘Los Reyes’ lo hice con ‘Las muñecas de la mafia’. Lo hablaba con mi papá, uno es un mercenario de la actuación. Me sirvió para oxigenarme y descansar, llevaba 15 años con RCN.

MUCHO CINE
¿En qué nuevo proyecto está trabajando?
—Estoy trabajando con Jaime Escallón, con una participación pequeña en la película ‘El Quemado’. Es algo divertido, era lo que necesitaba en este momento para limpiarme.

En poco días estrena la película ‘Retrato en un mar de mentiras’…
—Sí. Es una película muy emotiva en la que se hace una crítica social manejando también algo de humor. Viene de Guadalajara, estuvo en Berlín y va para Pekín. Ha ganado varios premios. Pero no es lo único que viene… Estoy también en ‘En Coma’, una película que hice hace un año y hasta ahora la están terminando. Creo que en agosto va a estar en salas.

¿También está explorando una nueva faceta como productor?
—Sí, ahora con Juan Pablo Raba y Henry Romero, que es un director venezolano, estamos escribiendo un guión y vamos en agosto en una película.

¿De qué se trata la cinta qué prepara?
—Es para que el público se divierta un rato. Es la historia de dos actores varados. Uno no hace televisión, porque se prostituye, y el otro es ‘egresado’ de un reality. La vamos a hacer con muchos amigos y con bajo presupuesto.

Y la televisión…
—Quiero parar unos meses y descansar. No soy desagradecido y me encanta levantarme todo los días a grabar, pero es bueno dejar un rato el estudio y esa vida de Drácula.

EL POLO A TIERRA
¿Cómo es trabajar con su papá?
—Hay que ser muy serio y disciplinado. Es un actor generoso no sólo hace lo suyo. La gente de su generación es muy competitiva, pero él ha sido maestro toda la vida y eso ayuda a que el ego —que tenemos todos los actores— esté donde debe estar, al servicio del personaje.

¿Edgardo sigue siendo su guía en la profesión?
—Sí claro. Siempre lo llamo y le cuento mis proyectos, hablamos de mis personajes. Es muy sincero, me critica la dicción, que hablo muy rápido. Siempre está pendiente.

¿Qué le dejó el fracaso de ‘Valentino el argentino’?
—Pies de plomo, porque me dieron muy duro. Me dolió. También me dejó ver cómo en Argentina se respeta a un actor por su trabajo.

¿Quién lo ayudó a superar ese mal trago?
—Mi papá me llamó y me dijo que eso no significaba que fuera mal actor, que uno se debe alejar del rating, porque no es mi responsabilidad.

Entre lo bueno que le dejó este proyecto está su amistad con el futbolista Fabián Vargas…
—Sí, es de las cosas más bonitas que me pasó en Argentina. Él me abrió las puertas de su casa. Estuve en la cancha de Boca, compartimos cenas y cumpleaños.

Y viendo la otra cara de la moneda, ¿qué le dejó un proyecto tan ganador como ‘Los Reyes’?
—Poder asimilar un éxito tan grande. La fama dura lo que dura uno al aire, eso me lo enseñó mi papá. También un recuerdo bonito en la gente, un reencuentro con Mario Rivero —el mejor director de actores de Colombia— y conocer a un señor actor como Enrique Carriazo.

Y un debut musical…
—Sí, me dejó perder el miedo a cantar en público. Iba a doblar, pero mi papá me dijo ‘no seas pendejo, no es el disco de Julián Román es el del personaje’.

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