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Son 400 obras regaladas por Botero a entidades públicas

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El maestro se decidió a donar esta pintura, un óleo sobre lienzo de 135 por 164 centímetros, creación de 2006, luego de que hace unos meses la directora del Museo, Lucía González, le contara al maestro, en una conversación telefónica, que una de las piezas más apreciadas por los visitantes, tanto locales como extranjeros, era La Muerte de Pablo Escobar, otro cuadro de 1999, que él había donado en 2000, junto a esa gran cantidad de obras escultóricas y pictóricas de creación propia y de otros artistas internacionales que se recuerda tanto.

MUERTE Y MUERTO
Tras ese comentario de la Directora, el artista se interesó en el hecho de que la gente valorara tanto esa temática y de inmediato ofreció la nueva pieza alusiva al tema.
La diferencia conceptual entre una y otra es que, mientras en la primera, al personaje se le ve corriendo por tejados entre una lluvia horizontal de balas y disparando su arma, como un guerrero que no se da por vencido, en la nueva aparece abatido sobre el tejado, blandiendo inerte su pistola.
Otra distinción es que en Pablo Escobar muerto, la recién llegada, aparece un agente de policía señalándolo desde el suelo a una mujer que se nota implorando con sus manos entrelazadas.

PALABRAS DE BOTERO
A comienzos de la semana pasada, el artista nacido en Medellín el 19 de abril de 1932, ya había generado otra noticia: una escultura suya se vendió en una subasta de Nueva York por un millón ciento cuarenta mil dólares, récord para una obra de arte latinoamericana.
Se trata de la escultura Mujer fumando, un bronce de una tonelada que muestra a una alegre mujer desparramada en una sábana y sosteniendo delicadamente un cigarrillo.
En la misma subasta, también marcó un récord mundial por su trabajo en papel, una acuarela suya llamada Madre e Hijo, que recaudó 614.500 dólares.
Por este motivo y para revisar el tema de sus donaciones hablamos con él, quien contestó el teléfono en su casa de París.

¿Cuántas obras ha donado a entidades públicas durante su carrera?
—Un hijo mío me dio el dato hace unos días: llevo 400 obras cedidas a instituciones públicas.
La primera fue el Exvoto, al Museo de Antioquia, en 1974. Por esa época entregué las obras que hoy ocupan la sala Pedrito Botero.

¿Se declara satisfecho con el mantenimiento que se le da a sus obras, principalmente, a las esculturas que están a la intemperie?
—Sí. Hace poco vi las de Medellín y están en buen estado. Obviamente no tanto como cuando llegaron hace 10 años, pero están bien. Usted sabe que ese bronce es delicado y debe aplicársele una pátina al menos una vez al año para que no las afecten la contaminación y la intemperie.

¿Sabe que por estos días le están haciendo mantenimiento y restauración de un modo más profundo que el habitual?
—Sí, con las técnicas de los talleres de Pietra Santa. Estoy enterado de todo eso.

¿Piensa donar alguna otra obra?
—Por el momento, no. Un artista no puede regalarlo todo. Pero no descarto la posibilidad de seguirlo haciendo, a Medellín u otra ciudad.

¿Le sorprendió la cifra que pagaron el martes por su obra Mujer fumando, en la subasta de arte latinoamericano que realizó casa Christie’s, de Nueva York?
—No me sorprendió la suma, pues no es la primera vez que pagan un precio así por alguna de mis obras. En las subastas privadas, cuyas cifras no se revelan, he sabido que el monto supera la cifra que ahora han pagado por esta escultura.

¿Sabe usted a quién pertenecía esa obra?
—Como se sabe, de todas las esculturas salen tres originales. De Mujer fumando, la que acaban de subastar pertenecía a la Galería Aqua Bella. El señor Aqua Bella es un reconocido coleccionista (se escribe así: Aqua, con q, Bella); otra está en un jardín público de Montecarlo, y la tercera no sé quién la tiene ni dónde. A veces nos enteramos quién queda con las obras; en otras no nos damos cuenta y no nos interesa.

¿Tiene algún aprecio especial por esta obra?
—Mujer fumando es una de mis buenas esculturas.
Hasta aquí la conversación. Él hubiera podido aprovechar la pregunta sobre las nuevas donaciones para hablar de la última que hizo, la del óleo sobre tela de Pablo Escobar muerto, pero no lo pensó. Y como hasta ese momento no lo sabíamos, no le preguntamos. Tal vez haya sido que él, muy literal, considera esta entrega un asunto pasado y no tan nuevo.

PROFETA AL DEJAR SU TIERRA
En el caso del maestro Fernando Botero, el dicho de que nadie es profeta en su tierra se ha ido desvaneciendo con los años.
Su arte tuvo que ser valorado primero en otras ciudades del mundo para que en la suya, y en el resto del suelo colombiano, fuera estimado, pues ese estilo de formas y volúmenes exagerados no era del todo bien recibido entre nosotros.
Con la labor del Museo de Antioquia y de la crítica mundial este concepto ha cambiado y puede decirse que ahora sí es un profeta en su tierra. Por consiguiente, no es raro que Medellín, su patria chica, sea la ciudad con mayor cantidad de obras suyas para el deleite público. La segunda es Bogotá.
Desdeñoso del arte abstracto, Botero encanta por eso mismo que al principio no lograba, por sus volúmenes desproporcionados. En palabras de la coordinadora de Colecciones del Museo de Antioquia, Catalina Pérez, el maestro enaniza las formas grandes de la anatomía y las pequeñas las agranda. Por ejemplo, las manos y los senos los hace pequeños.
Se puede decir que parte de la dificultad que tuvo al principio Botero para triunfar es que, dueño irrenunciable del figurativismo, emergió en una época en la que primaban el abstraccionismo y otras corrientes artísticas.
La historia de las donaciones comienza en 1974, cuando directivas del Museo de Arte Francisco Antonio Zea (hoy Museo de Antioquia) le dijeron al artista, medio en serio medio en broma, que él le debería vender a la institución el cuadro Exvoto, en el cual se aprecia al mismo artista, de rodillas ante la Virgen, pidiéndole el milagrito de ganarse la Segunda Bienal de Coltejer —que a la postre no ganó—. La respuesta a esa solicitud, más con hechos que con palabras, fue la donación de la obra.
El Museo de Antioquia es la institución que posee mayor cantidad de obras de Fernando Botero: 126 piezas, entre pinturas, dibujos y esculturas. En esta cifra se incluyen los dos únicos trabajos que ha comprado el Museo: Paisaje de Fiesole, en 1955, y Colombiana, en 1981.
Le sigue Bogotá, con 123, reunidas en el Museo Botero, del Banco de la República.
En ambos casos, Medellín y Bogotá, Botero también regaló obras de maestros internacionales, provenientes de su colección personal. Al Museo de Antioquia, 32; al Botero, 85.
Vírgenes, personajes religiosos, vida cotidiana, familia, parejas, tauromaquia, mujeres y naturaleza muerta son los temas que predominan en este artista.
Recorrer las salas dedicadas a sus obras en el Museo de Antioquia, muchas de ellas en formatos gigantescos, es un paseo por la sensualidad, la ironía y la historia de este país de exageraciones.

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