Jacques Thomet presenta su libro la liberación de Íngrid

26 de marzo de 2010 12:01 AM

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El periodista francés cuenta cómo Francia dilapidó millones de dólares en viajes inútiles, operaciones secretas desatinadas, pago de un rescate a falsos rebeldes y concesión de asilo a familiares de jefes guerrilleros. Con el libro “La Liberación de Íngrid: Pasos en falso”, el periodista investigador francés Jacques Thomet, agita de nuevo el tema de lo que él llama las decisiones desacertadas del Gobierno francés, en procura de la liberación de la política franco-colombiana, liberada hace dos años en la operación Jaque del Gobierno colombiano. Y no es una obsesión el tema para él. “Es sólo el gusto por la verdad”, dice Thomet quien concedió una entrevista exclusiva a El Nuevo Día, desde Francia, donde actualmente reside. Thomet, un apasionado del periodismo investigativo, es licenciado en historia y diplomado en periodismo. Se desempeñó como director de la AFP durante 32 años y residió en Colombia, entre 1999 y 2004, además de ejercer su cargo en Cuba, Brasil, Washington, Venezuela, Ecuador y París. Los pasos en falso... Una de las razones de Thomet para escribir este libro sobre el papel del Gobierno francés en la liberación de Íngrid Betancourth, es contar lo jamás publicado en la prensa parisina. Lo llama “un escándalo de Estado jamás contado”. Advierte que Íngrid Betancourt, “por ser una ex amiga íntima del canciller y ministro de Francia, Dominique de Villepin, se benefició del apoyo de los gobiernos de Francia, primero por esta condición, y después, cuando fue electo Nicolás Sarkozy a la presidencia en 2007, por la notoriedad que le podía traer al mandatario su liberación, a raíz de su imagen de ídolo en los medios franceses, a través de una propaganda permanente”. Thomet sustenta en su libro las pruebas de tal escándalo con hechos como que Francia jamás intervino durante los cinco años de secuestro, por parte de la guerrilla, de la francesa Aída Duvaltier, muerta en cautiverio en el 2006, a los 71 años. El periodista francés, también se pregunta la tarea del Gobierno de su país en la futura liberación de dos periodistas de la televisión francesa France 3, que siguen secuestrados desde diciembre del 2009 por talibanes de Afganistán. “La reacción del Gobierno francés no consiste en apoyarles, al contrario. El presidente Sarkozy los calificó de “irresponsables”, por haber ido a una zona de guerra, y quiere que se haga la cuenta del costo para su rescate eventual, cuando nunca pidió lo mismo a la familia de Íngrid”. Señala que Íngrid cuando era candidata a la presidencia en el 2002 “no respetó las advertencias del DAS cuando decidió irse con su carro por la carretera a San Vicente del Caguán desde Florencia. Tengo las pruebas escritas”, explica Thomet. El dinero ¿Cuánto dinero perdieron los franceses tras los intentos fallidos, en el famoso rescate a falsos rebeldes? —Por lo menos cien millones de euros, pagados a un falso grupo de las Farc, por el espía francés Noël Saez, de apodo “008”, en la embajada francesa, para un falso rescate de Íngrid. Y más con el pago de dos agentes de la Policía francesa encargados de la seguridad de la colombiana: unos 100 mil dólares sólo en el segundo semestre del 2008, en viajes y comida, sin contar sus salarios (cifras publicadas en el Diario Oficial de Francia). ¿A qué llama iniciativas absurdas del Gobierno francés para liberar a Betancourt? —Primero la Operación 14 de julio del 2003, cuando el entonces canciller Dominique de Villepin, envió a Anaus (Brasil), once espías de la Dirección General de los Servicios Exteriores (DGSE) para un intento inútil de rescate de Íngrid. Segundo, cuando el nuevo canciller, Bernard Kouchner, envió un avión en abril del 2008 a Bogotá para recibir una Íngrid casi muerta, lo que era totalmente falso. ¿Quién está detrás de toda la errada percepción que, como lo revela su libro, se tenía en Francia sobre el secuestro de Betancourt? —La presidencia y sus cancilleres sucesivos, con el apoyo de los medios, quienes nunca pusieron la menor duda sobre la realidad de los hechos. ¿Tuvo un costo político para alguno de los implicados el libro, y lo que salió a la luz pública de las especulaciones sobre la liberación de Betancourt? —Su pregunta debería provocar un “sí”, pero la respuesta es “no”. En una democracia normal, el Congreso francés hubiera tenido que abrir una investigación en contra de los errores cometidos por esos cancilleres. Pero estamos ahora en una república bananera sin castigo para con los bobos de la historia. ¿En esto, qué papel cumplen los dos ex esposos de la política colombiana? —El ex de Íngrid, Fabrice Delloye, quien se divorció de ella hace veinte años (en 1990), tuvo un papel malísimo, pero bellísimo para su carera. No paró de echar leña al fuego en contra del Gobierno colombiano, como si fuera responsable del secuestro de su ex esposa, y provocó una grave crisis diplomática entre París y Bogotá en el 2004, cuando fue llamado de vuelta a Francia desde su puesto de agregado comercial en Quito, después de haber insultado a Álvaro Uribe. Sus agresiones permanentes en contra de Bogotá, pero nunca para criticar los verdaderos verdugos de Íngrid, las Farc, permitieron a este personaje conseguir el puesto de embajador de Francia en Costa Rica en el 2008. En cuanto a Juan Carlos Lecompte, esposo actual de Íngrid, me deja triste. Luchó durante seis años para la liberación de su cónyuge, quien lo abandonó apenas fue liberada, y ahora se va lanza en ristre para contar que la ‘Operación Jaque’, enorme éxito de los servicios de la inteligencia militar colombiana, fue en realidad un acuerdo con los guardianes de las Farc para pagarles el rescate. El pobre ni sabe que el jefe de los secuestradores fue extraditado a los Estados Unidos para pagar sus crímenes. Para los franceses, ¿qué significó el secuestro de Betancourt? —Se volvió un icono gracias a la propaganda permanente del poder político, sin que nunca la prensa fuera a investigar en Colombia la realidad de los hechos. ¿Por qué cree que la mamá de Íngrid Betancourt nunca habló después del secuestro, si durante el cautiverio de su hija y millones la respaldaron? —A Yolanda le faltó grandeza del alma. Nunca agradeció a los héroes de la ‘Operación Jaque’, quienes arriesgaron su vida para salvar a su hija. Que su odio en contra de Álvaro Uribe le impida, es una cosa. Que no tuviese la menor palabra para estos chicos de Jaque me da asco, sobre todo después de verla arrodillada frente al Papa en al Vaticano. ¿Por qué se deterioraron las relaciones de Íngrid con el resto de los secuestrados? —Hay que preguntarle a sus ex compañeros, pero ya están muchas cosas escritas en los libros de Clara Rojas y de los tres Americanos. Ese halo mediático que acompañó a Betancourt la catapultó como la secuestrada más importante del mundo y de ello quiénes se aprovecharon? —Primero un grupo de “aprovechadores” en Francia, como siempre, quienes viven del cuento, gracias a las cotizaciones de gente humilde intoxicada por la propaganda. Gracias a esta plata, más la ayuda pública, podían viajar en primera clase para ir a Colombia o en Francia como miembros de Asociaciones para Íngrid. Desde que la colombiana fue liberada desaparecieron del mapa. Ni se preocupan por los militares secuestrados desde hace más de 12 años. Está preparado para las críticas que vendrán con el lanzamiento del libro... —¡Adoro las críticas! El que ponga en tela de juicio, lo que es nada más que una investigación con hechos comprobados, será bienvenido... ¿Por qué escribir dos libros sobre la colombiana? El primero “Ingrid Betancourt: ¿Historia del corazón o razón de Estado?”. Y ahora este, ¿le obsesiona que no se haya dicho todo sobre el tema? —Es sólo el gusto de la verdad, ya que el escándalo Betancourt siguió vigente más que nunca con Sarkozy, cuando se puso de rodillas frente à “Monsieur Marulanda” en diciembre del 2007 y abril del 2008. A qué se le llama “excitantes historias de alcoba” transformadas en razón de Estado, que se habla en su primer libro? —¡El lector ya las conoce! ¿Qué críticas ha recibido sobre el libro, los primeros comentarios en Francia... —Por primera vez, la televisión pública me invitó, con Clara Rojas, para hablar del tema. ¿Ha tenido la oportunidad de hablar con alguien cercano a Íngrid Betancourt después de su liberación y cuál ha sido la reacción en torno a los dos libros publicados? —No ¿Qué sensación le deja el tema y todo lo que ha girado en torno a él? —Un disgusto tremendo sobre como la prensa de mi país es manipulada. ¿Volvería a escribir sobre Íngrid Betancourt...? —En un thriller, sí, como no, ya es un proyecto... ¿Qué opinión le merecen las Farc? —La misma que a ustedes. Sus contactos qué le dicen, por ejemplo, de futuras liberaciones... —Nada.

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