Atendió al sicario que llegó a matar a su hijo

26 de octubre de 2018 12:00 AM

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Las agujas del reloj rozaban la una de la tarde y la mujer de tez morena atendía el improvisado restaurante que montó en uno de los andenes de la calle Real, en el barrio Líbano.

Una de sus hijas la ayudaba, mientras que su hijo Rodian Chacón Guzmán estaba en una mesa tomándose una sopa. La mujer mayor, de entre unos 50 y 55 años, se esforzaba con sus labores cuando un sujeto llegó al lugar en una moto.

El desconocido descendió del vehículo, se subió el casco hasta la frente y se acercó a donde estaba la dueña del negocio. “¿Tiene almuerzos doña?”, preguntó el desconocido.

La madre de Rodian le dijo que tenía almuerzos de 4 mil y de 6 mil pesos. “Deme uno de 4 mil pesos”, le respondió el sujeto. Vaya cosas de la vida, la mujer le servía al sujeto que estaba a punto de causarle uno de los grandes dolores de su vida.

La mujer no acababa de darle la espalda cuando escuchó tres estruendos como truenos. Pensó que uno de los clientes que ya estaba en el lugar comiendo se había caído de la silla.

Pero lejos estaba de ser una simple situación jocosa. Cuando volteó, miró a su hijo Rodian, de 28 años. Miró su rostro y pudo notarlo tratando de respirar: agonizaba y estaba untado de sangre por todos lados. El sujeto que acababa de llegar con el casco medio puesto acababa de darle dos balazos en el pecho y uno más en la cabeza. El asesino estaba frente a ella, con el cañón de su arma de fuego aún humeante. Era un sujeto de tez clara, ojos grandes y estatura mediana.

La mujer mayor intentó reaccionar, pero la hija que la acompañaba empezó a gritar y se fue contra el sujeto, quien levantó su arma y le apuntó a esta: “Quédate quieta o te los pego a ti también”, le advirtió.

Los gritos avivaban a los que estaban en la calurosa calle, y el sicario salió del lugar a toda prisa. Con sus ojos empapados en llanto, y su pecho lleno de rabia y dolor, la madre de la víctima corrió tras el sujeto que le había disparado a su retoño.

Llevaba en la mano la cuchara grande con la que preparaba los almuerzos. La alzaba y quería pegarle al canalla que acababa de llenar su vida con tragedia. Fue un acto de valentía, fue un acto de dolor.

El sujeto se desplazó rápidamente en su moto y se perdió por la avenida Pedro Romero. Los parientes del baleado lo montaron en una moto y lo llevaron al Hospital Universitario del Caribe (HUC), en busca de una luz de esperanza.

Pese a que la Policía indicó que Rodian tenía un amplio delictivo (tres antecedentes por hurto, dos por homicidio y tres por porte ilegal de armas de fuego), su madre dice que era un joven que no tenía problemas y al que no le gustaban las peleas.

Ayer, en medio de su dolor, mientras estaba en las afueras de Medicina Legal en Zaragocilla, recordó que el mayor de sus tres hijos lo llevaron agonizante al Hospital Universitario, que está junto al instituto, pero los médicos dijeron que no había esperanzas, que ya estaba muerto.

La mujer no piensa ahora solo en su dolor de madre, sino en los tres pequeños que dejó Rodian, quien vivía con su compañera sentimental y uno de sus retoños en el barrio Las Palmeras.

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