Cuatro muertos en menos de seis horas

21 de junio de 2016 12:00 AM

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Una madre junto a una pared gritando y lamentando la suerte de uno de sus retoños. Un tío incrédulo ante la tragedia de un sobrino y un hombre con sus ojos empapados en lágrimas, tras recibir el más cruel regalo en el Día del Padre: la muerte de uno de sus hijos.

Las personas afligidas eran los parientes de cuatro hombres asesinados en hechos aislados, y ayer en la mañana se agolpaban en las afueras de la morgue de Medicina Legal para reclamar los cadáveres de estos. Los cuatro hombres fueron agredidos y murieron entre las 8 p.m. del domingo y las 2 a.m. de ayer. Los sucesos ocurrieron en Cartagena (2), Arjona y Turbaco.

Baleados
Una de las víctimas es el reciclador Óscar Chiquillo Velásquez, de 36 años. Vivía con su madre y una hermana en el sector La Unión de Villa Hermosa, junto a Nelson Mandela. “El domingo echó una arena en el día y a las 8:30 de la noche llegó a mi casa, que está cerca de la suya, a buscar unos tanques de agua para nuestra mamá, pero se fue y quedó en volver”, relató Karina Vargas Velásquez.

Óscar salió a tomar cervezas con un amigo a solo tres cuadras de su hogar, pero cuando el reloj marcaba las 9:15 p.m., le llegó la muerte. Dos sicarios en una moto llegaron al sector. El parrillero sacó un arma y sorprendió a Chiquillo cuando caminaba. Le dio varios balazos, matándolo en el acto. Los agresores escaparon y la familia del difunto asevera que no tenía problemas. La Policía Metropolitana confirmó que había sido capturado en dos ocasiones. Una por porte de drogas en San Pedro Mártir, y la otra por hurto, en El Reposo. Investigan si la muerte tendría que ver con su pasado.

De otro lado, está el caso de Julio Andrián Pertuz Martínez, de 24 años. Residía en la urbanización Brisas de La Cordialidad, frente a la Ye de Olaya. Trabajaba cerca de allí, lavando carros en un negocio. El hecho en el que encontró la muerte no es claro. El domingo, a las 8 p.m., iba de parrillero en una moto. Una versión deja ver que salió del barrio La Esperanza y luego tomó la Avenida Pedro de Heredia, en sentido hacia el sector El Amparo. Al pasar frente al barrio Los Ángeles, se desmayó y cayó del vehículo. Policías lo llevaron a la Clínica Barú, donde llegó muerto. Allí se dieron cuenta que había recibido un balazo en el pecho, y que no se trataba de un accidente. Se conoció que en 2014 habrían intentado matarlo en Olaya y la Policía confirmó que el año pasado fue capturado por porte ilegal de armas de fuego. Se desconoce quién o por qué lo baleó.

Acuchillados
También está el asesinato de Wilmer Peñata Meléndez. Tenía 28 años y vivía con su madre y sus dos hijos en el sector La Paz del barrio La María, en Arjona. Vendía zapatos y ropa. ‘Piru Cadena’, como apodaban a Peñata, fue baleado el 6 de enero de 2014 en Arjona. Sufrió varias heridas, pero se sobrepuso. Sin embargo, su destino estaba marcado con tragedia.

Los suyos dicen que el martes, varios sujetos atracaron a su suegra. El domingo, a las 11 de la noche, Wilmer estaba borracho y se fue al sector Las Piscinas del barrio Las Parcelas, en el mismo municipio. Su familia señala que llegó hasta donde estaban los sujetos que habían atracado a su suegra, y que les reclamó. Sería el reclamo el que determinó su muerte. Dicen que los sujetos lo agredieron, dándole dos cuchilladas en el abdomen. A Peñata lo llevaron al hospital de Arjona y luego lo remitieron a la Clínica Madre Bernarda en Cartagena, donde murió a las 2 a.m. de ayer. La Policía busca a sus asesinos.

Por último, está el asesinato de Marlon David Anaya Espinosa. El mototaxista, de 18 años, residía en la urbanización Altos de Plan Parejo, en Turbaco. Vivía con sus padres, su mujer y su hija, de 8 meses. El domingo en la noche, el joven salió de su casa en la moto de su padre. Le dijo que iba a comprar unos pañales desechables para su hija y se fue. Al rato regresó y luego le compró unos chicharrones a su madre, y volvió a partir. “Me dijo ‘mamá voy y vengo’. Le dije no salgas más, pero me dijo que era solo un rato y me lo quedé esperando”, contó entre lágrimas su madre.

A las 10 p.m., cerca de su casa, Anaya Espinosa recogió a un conocido para hacerle una carrera. Dicen que transitaban por una calle cuando se encontraron con varias pandilleros que peleaban. “Lo pararon y él les dijo ‘cálmense que yo lo que estoy es trabajando’, pero uno de los pandilleros le dio una cuchillada en un brazo, otra en la espalda y una más en el pecho”, relató Nelson Anaya, su padre.
Al joven lo llevaron al hospital de Turbaco y de allí a la Clínica Madre Bernarda, donde murió instantes después. Las autoridades buscan a sus agresores.

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