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Adolfo Meisel Roca: La vigilia del historiador

La memoria histórica es un misterio fascinante. A veces, falta la mirada de un investigador riguroso y sistemático como Adolfo Meisel Roca, para descifrar un documento del siglo XVI o leer la grafía y los significados de una época.

Su curiosidad insaciable no se detiene en la historia sino en los intersticios donde no alcanza el documento. Mira un mapa del siglo XVI y encuentra el registro de una casa indígena. Su criterio clarifica y completa el dato dormido de la historia. Y lo despierta con nuevas referencias y lecturas. Se consagra en averiguar los orígenes de nuestros antepasados pero también sus propios orígenes. Precisa que la Cartagena de 1777 era una ciudad de mujeres. Y que el dato de los habitantes de la ciudad antes y después del Sitio de Morillo en 1815, es impreciso en historiadores como Eduardo Lemaitre y Nicolás del Castillo. Es un privilegio escucharle contar las historias de cómo la ciudad arruinada después del Sitio de Morillo emigró hacia distintos horizontes del Caribe: unos, hacia Haití. Otros, hacia los pueblos del Bolívar Grande. Muchos miembros de la familia Amador naufragó en su intento por llegar a otras tierras. Otros se establecieron en Medellín. La familia Arrázola, de Cartagena, emigró a Calamar, Ciénaga, Montería, Tolú, Sincelejo. Él mismo ha descubierto luego de leer a Orlando Fals Borda y conversar con su madre de 77 años, y algunos de sus familiares, su parentesco con la familia Arrázola. Pero él se sonríe: muchos parentescos encontrará el hombre del Caribe si intenta seguirle el rumbo a la historia de estos pueblos. Si vigilia ha sido la del economista y la del historiador que lee el tiempo, pero va más allá de los documentos.

Con Adolfo Meisel dialogamos en Dominical, sobre la aparición de un nuevo libro sobre la Cartagena del Siglo XVI, publicado por el Banco de la República.

GTG: ¿En qué momento de su vida descubre que la historia es su pasión?

AMR: Yo crecí aquí en Cartagena. Fui de esos muchachos que le gustó hablar con los abuelos y oírle los cuentos. Esa fue mi primera sensibilización sobre la historia fue en esa conversación con los abuelos. Siempre me gustó sentarme al lado de mi abuela para que me contara sus cuentos de la infancia, y para preguntarles cuándo fue la primera vez que vieron un avión.

No me recuerdo de otra manera sino leyendo libros de historia. Desde el punto de vista académico desde el bachillerato. Siempre me gustó leer historia y sobre historia de Colombia en particular.

De los primeros libros que recuerdo está Una historia con alas, del Capitán Boy, que es una historia de Avianca y de la aviación en Colombia. Lo leí a mis diez años. Lo había perdido y hasta no hace mucho lo volví a encontrar en Medellín, y lo compré porque era una copia de la misma edición. Es el primer libro de historia que recuerdo haber leído.

Temperalmente soy más cercano a mi madre, Alicia Roca Pacheco, incluso, a la de su familia que es ocañera, en el cual ha habido historiadores. El historiador jesuita Juan Manuel Pacheco, que escribió la historia de los jesuitas en Colombia, era primo hermano de mi madre. Un tío de ella fue un historiador eclesiástico también. Creo que esta influencia ha marcado mi interés por la historia. Mi padre de familia alemana, mi bisabuelo era alemán, vino en la primera misión pedagógica alemana a Colombia, en 1871, a Santa Marta. Se asentó en Barranquilla, desde 1873, y se dedicó a la educación. Era maestro de secundaria. En Barranquilla tuvo un colegio de secundaria en el que trabajó hasta el final de sus días en Barranquilla. Y el hecho de saber que teníamos un origen un poco diferente a lo que es común en la Costa Atlántica, me interesó también por saber la historia alemana. Conozco bastante esa historia, hasta el punto que viví un año en Alemania a raíz de la especialización que hice entre 1993 y 1994.

GTG: ¿Qué historiadores colombianos ejercieron sobre usted una influencia decisiva?

AMR: Sin duda, Jaime Jaramillo Uribe. Me parece divertido mi primer contacto con Jaime Jaramillo Uribe. Siendo primíparo, con otros estudiantes, en la Universidad de los Andes, él era profesor de Historia Económica, y una vez le hicimos una especia de medio huelga a Jaime Jaramillo Uribe, porque no estamos muy de acuerdo con el tipo de curso que nos estaba enseñando. Éramos unos muchachos de 18 años, desconocedores de historia económica y de quién era el historiador que Jaime Jaramillo Uribe. Nos reunimos con el Decano y con él, y su respuesta fue que nosotros queríamos una orientación de la historia que él no estaba de acuerdo, que él estaba expresando sus puntos de vista y estaba dispuesto a hacer un curso muy riguroso, pero no lo que nosotros en ese entonces queríamos influídos por las corrientes políticas que estaban en boga en los setenta. El se fue de la Universidad de los Andes, estuvo en Europa, en Sevilla, muchos años, y cuando regresó nuevamente a la Universidad de los Andes, y yo terminando, me dijeron que él estaba necesitando un ayudante de investigación, pensé que no se iba a acordar de mí, le dije que me gustaba la historia, quiero trabajar.

Entonces me miró me dijo: ¡Ah, usted fue alumno mío! Me acuerdo muy bien de usted. ¿Cómo no recordarlo si usted promovió una reunión con el decano e hicieron un paro en la clase? Pensé que no me iba a contratar, pero me contrató. Fue una magnífica experiencia trabajar un año con él. Tanto que eso permitió hacer mi tesis, lo que iba a ser mi tesis. Finalmente no la presenté porque me gradué en un programa de economía en el que no había que hacer tesis. Pero lo que iba a ser mi tesis de economía lo orientó él, que fue mi primer trabajo de historia: Esclavitud, mestizaje y hacienda en la provincia de Cartagena. Me sirvió mucho su orientación. Yo iba a abandonar ese tema de tesis porque fui al archivo y nadie, los profesores de economía, no tenían ninguna experiencia sobre eso, fui al archivo pedí un tomo y me di cuenta que no entendía nada. Le dije eso a Jaime Jaramillo y él me dijo: “No se preocupe. Lea sobre el Siglo XVIII. Eso sí lo va a entender”.

Efectivamente eso fue lo que hice. Además no sólo como académico sino como persona tengo una gran admiración por Jaime Jaramillo Uribe, un maestro en el sentido integral del término, un ser ejemplar, que a pesar de su importancia intelectual no ha querido ocupar cargos, es un hombre que ha consagrado su vida a la investigación y a la promoción de la historia. Yo creo que es el historiador más importante que ha existido en Colombia.

GTG: ¿Qué aspecto de la historia de Cartagena sigue siendo inexplorado?

AMR: Es curioso pero el siglo que menos se ha estudiado en la historia cartagenera es el Siglo XX y el más trabajado hasta ahora es la Independencia. No se sabe todo sobre una época. Los historiadores tradicionales lograron el aporte de la recopilación documental, pero uno de los logros de este simposio que ya tiene diez años es haber permitido la comunicación entre grupos y abrir un diálogo de miradas múltiples entre historiadores extranjeros que han estudiado a Cartagena y cuyas obras no son tan conocidas, como fue el caso de Linda Newson que presentó una conferencia sobre la alimentación de los esclavos en la ciudad en sus días iniciales. No hay un solo episodio de Cartagena que no nos lleve a la esencia de la historia de toda Colombia. La ciudad es pionera de la declaratoria de independencia en el país y en muchos aspectos de la vida nacional: aquí se hicieron los primeros billetes en la historia colombiana, las primeras monedas republicanas (la de medio real y la de 2 reales), la primera bandera cuadrilonga que tuvo el país antes que cualquier otra ciudad y esa misma bandera es la de Cartagena en la actualidad. Además de todo lo anterior, fue protagonista decisiva en la historia del Caribe continental”.

GTG: ¿Cuál cree usted que es el mayor aporte del simposio de historia de Cartagena que usted y Haroldo Calvo Stevenson realizan desde hace más de una década?

AMR: Uno de los logros de este simposio ha sido el diálogo con historiadores locales y nacionales, en conjunto todas esas miradas interdisciplinarias han profundizado en aspectos como la arquitectura, lo económico, militar, el arte, la literatura, etc. El impacto ha sido positivo porque además cada simposio publica luego un libro cuya circulación no sólo llega al círculo de historiadores. En todas las bibliotecas del departamento de Bolívar están esos libros sobre la historia de Cartagena siglos XVII, XVIII, XIX y XX. El simposio empezó con la historiografía sobre Cartagena”.

GTG: Es sorprendente como usted y Haroldo Calvo Stevenson han reunido en cinco libros, la historia de Cartagena en cinco siglos.

AMR: Aún falta. Estos libros son el resultado de los simposios de historia sobre Cartagena Siglos XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, en el que se han abarcado aspectos no siempre conocidos y explorados sobre la historia local. Cada simposio ha intentado encarar algún vacío histórico de cada siglo. Se sabía poco cómo era la vida cotidiana de los primeros habitantes de Cartagena. Cómo era su alimentación, su comercio, su cultura. En 2011 publicaremos el libro sobre La Independencia de Cartagena. Estamos en proceso de edición. Será el sexto libro. Pero además queremos publicar los seis libros, y cofinanciarlos con el sector privado, para que esos libros encuentren nuevos lectores. Cada edición de mil ejemplares no es suficiente, pero hemos logrado enviar cada libro a todas las bibliotecas y colegios de Cartagena.

GTG: Pensaba en estos días que la contribución del historiador Eduardo Lemaitre fue colosal al reunir la historia de Cartagena en sus 450 años en cuatro tomos, pero hubo vacíos al estudiar lo africano e indígena en la conformación de nuestra sociedad.

AMR: Sin duda, su aporte es descomunal. Los simposios han ahondado en diversos aspectos y muy particularmente sobre los primeros habitantes de Cartagena. Se habla mucho ahora de los afrodescendientes, pero se desconoce y se olvida nuestro pasado indígena. Se sabe poco cómo era la vida de esos primeros habitantes, antes de que llegaran los españoles y los africanos. Si se sabe poco de los indígenas de Cartagena, menos de los indígenas que vivían en Turbaco, Turbana, Arjona, cada uno de ellos, con unos fenotipos diferentes, una cultura con unos cultos y unas ceremonias particulares. En este libro hay una nueva mirada sobre la India Catalina, que suscita varias interpretaciones. En principio, hay que decir que la India Catalina no era una Malinche. Ella fue víctima de la conquista. Fue secuestrada siendo una niña. Fíjese que la portada de esta edición es un homenaje a la primera imagen de los antepasados de los cartageneros. Es tal vez, la primera fotografía de los primeros cartageneros. Data de hace 1.500 años antes de este presente.

GTG: ¿Cómo se logró esa imagen?

AMR: Es una cerámica de un rostro. Cuando estaban haciendo la Bocana en Crespo visité a un amigo que había logrado llevar varias camionadas de tierra hasta su casa de campo. Entre esa tierra se vinieron sin él saberlo, fragmentos de cerámicas de los primeros habitantes de Cartagena. Me detuve a mirar la tierra que él estaba utilizando para su jardín y encontré esas cerámicas fragmentadas. Me llevé esas cerámicas y las entregué a Gerardo Ardila para que las estudiara y se confirmó que en efecto, eran de hace 1.500 años. No jau que olvidar que muy cerca de Cartagena, en Puerto Hormiga, se encontró la cerámica más antigua de América. Gerard Reichel Dolmatoff y su esposa Alicia, estuvieron haciendo trabajo en Cartagena muchos años. Vivieron entre nosotros cuatro años y poca gente lo sabe. Hicieron excavaciones en Cartagena y en el Sinú. Reichel Dolmatoff fue profesor de la Universidad de Cartagena. Así que me pareció pertinente que la imagen de esta cerámica sirviera de portada del libro.

GTG: Veo que han dedicado esta edición a la historiadora española Carmen Gómez Pérez.

AMR: Sí. Ella estuvo en el simposio de 2009, con una ponencia muy interesante, era una de las historiadoras más destacadas, entusiastas y persistentes sobre Cartagena, y se murió poco después de venir a Cartagena. Estaba involucrada en tantos proyectos. Es una pérdida invaluable. Quisimos rendir homenaje a su obra.

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