Publicidad
Publicidad

Indicadores económicos
2016-12-06

Dólar (TRM)
$3.049,47
Dólar, Venta
$2.897,00
Dólar, Compra
$2.800,00
Café (Libra)
US$1,60
Euro
$3.263,54
UVR, Ayer
$242,37
UVR, Hoy
$242,35
Petróleo
US$51,79

Estado del tiempo
2016-12-06

marea

Marea min.: -12 cms.

Hora: 23:39

Marea max.: 16 cms.

Hora: 15:52

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 06 a 16 kms/h

Temp. superficial del mar: 25 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.5 a 0.8 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 25 ºC
Máx. 30 ºC

Pico y placa
2016-12-06

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m- Sábados de 7 a.m a 3 p.m

5 - 6
Taxis
3 - 4
Motos
1 - 3 - 5 - 7 - 9

Amor y Cartagena

-A A +A
 

En el fondo profundo del mercado de Bazurto, un hombre le afeita la cara a un cerdo. Una maquinilla de afeitar en la mano, se desliza a través de su cara para quitar los pelos.

El cerdo pronto será la cena. No lejos de allí, un corazón de vaca está en venta, y junto a éste los ojos de vaca, mirando amenazadoramente, con destino a un potaje delicioso. Pasa chirriando un carrito de mercado lleno de frutas. Los alcatraces acechan desde los techos de delgadas láminas de zinc. "My Sweet Lord" está sonando en una esquina, en otra, las canciones del Caribe salen de un establecimiento con una barra llena de bebedores. Todavía no es el mediodía.
La verdad puede ser más extraña que la ficción en Cartagena, la ciudad colombiana cuya vida real, mezcla de sordidez y encanto, ha sido una importante fuente de inspiración para uno de los escritores más imaginativos de la era moderna, Gabriel García Márquez. Es una ciudad tan cargada de magia, que, cuando García Márquez llevó a un español de visita en una gira de un día que incluyó un almuerzo criollo y un paseo por la ciudad vieja, minimizó el talento de García Márquez al dar su opinión sobre él. El español le dijo a García Márquez algo que luego escribiría en un ensayo: tú no eres más que un notario sin imaginación.
Imagine una ciudad que puede convertir a García Márquez, ganador del Premio Nobel y gigante de realismo mágico, en notario.
El mundo habla del Londres de Dickens, del París de Balzac y del Bombay de Rushdie, pero la asociación entre García García Márquez con Cartagena es menos conocida. Y sin embargo, Cartagena ha sido si bien es cierto un breve, pero importante, capítulo en la historia de García Márquez. Es la ciudad - repleta de diversas culturas cuya mezcla aparece en sus crónicas – la que impulsó su carrera como escritor, la ciudad de los surrealistas, donde los tucanes aterrizan en las mesas de su mejor hotel; la ciudad donde García Márquez llegó sin nada y aprendió a transformar cuentos locales en literatura, la ciudad inundada de mitos, la ciudad que, al facilitarle la realidad de su magia, hizo de él un escritor.
"Yo diría que completé mi formación como escritor en Cartagena," dijo, una vez en una entrevista, al actor y director de cine Salvatore Basile para un documental sobre Cartagena.
Pero a pesar de la popularidad de García Márquez, Cartagena ha atraído tan sólo algunos investigadores peregrinos sobre el tema, porque nunca ha reclamado con fuerza al escritor que se curtió en ella, y que ha tenido desde siempre una presencia fugaz en la ciudad. García Márquez llegó de Bogotá a Cartagena en 1948 como estudiante, sin un centavo, la dejó al año siguiente y nunca ha vuelto a vivir en ella de tiempo completo. Pero sus padres y hermanos se trasladaron a Cartagena dos años después de su partida, por lo que siguió visitándola después de establecerse permanentemente en ciudad de México.
Ahora que tiene 83 años, aún mantiene una casa en Cartagena, donde se queda a menudo por largo tiempo en las temporadas de fin de año. Pero a pesar de este contexto y a pesar de su fama, no hay un museo sobre García Márquez en la ciudad y no hay una forma sencilla de recorrer el camino de su juventud.
En los últimos años, un grupo de historiadores y estudiosos ha buscado cambiar esto, trabajando para documentar la conexión de la ciudad con García Márquez. Han trabajado para identificar los lugares y las personas detrás de sus obras, han entrevistado a los amigos del autor y sus familiares, han examinado sus declaraciones públicas sobre sus años en Cartagena y buscado pasajes con referencias cruzadas en sus libros, con los registros de bienes raíces y otros documentos históricos. Están atareados en la finalización de un guión para ofrecer un audio-tour con el contenido García Márquez-Cartagena, que será lanzado a finales de este año. Mientras tanto, una de las conocedoras del tema, directiva de la Universidad Tecnológica de Bolívar, Iliana Restrepo Hernández, compartió generosamente algunas de estas investigaciones conmigo.
Este resultado llega en un momento en que Cartagena despierta de un largo letargo, para recuperar parte de la vitalidad que las novelas de García Márquez ricamente representan.
Situada en el Caribe, en la costa norte de Colombia, alguna vez uno de los puertos comerciales más importantes de la América colonizada, la antigua ciudad amurallada de Cartagena cayó en ruinas en décadas más recientes. Las familias adineradas, sobre las que García Márquez escribió, comenzaron a salir hacia el barrio de Bocagrande -parecido a Miami-, mientras que otras más pobres se trasladaron allí. Uno de los resultados fue que muchas de las casas coloniales de siglos que caracterizan a la ciudad vieja, se redujeron a cascarones vacíos, con puertas orgullosas y altas paredes en tonos pastel, que enmascaraban las ruinas y la hierba alta en su interior. Hubiera sido una época desalentadora para llegar con los libros de García Márquez, sólo para descubrir una ciudad con pocos rastros de su antigua grandeza - aunque con menos violencia, con tintes del narcotráfico, que prevalecía en otras partes del país.
Pero en los últimos años, como parte de un amplio resurgimiento de Colombia, la ciudad se está remozando con hoteles boutique, con restaurantes que buscan la comida-fusión y nuevas marcas de moda que a su vez pueden convertir pueblos adormecidos en destinos de talla mundial. Los turistas se presentan en sus galerías, pasean tranquilamente por sus calles, deleitándose con la población local en las plazas públicas durante las fiestas de Año Nuevo. Los viajeros ahora la mencionan como el secreto mejor guardado de América Latina.
Se trata de un renacimiento del cual García Márquez podría ser escéptico, después de haber mostrado cierta hostilidad a las campañas de modernización de la ciudad, como el momento en que el mercado público del centro fue retirado de la ciudad amurallada y trasladado a un lugar relativamente cercano. Sin embargo, es un renacimiento que, combinado con el trabajo académico reciente, hace accesible por primera vez, una peregrinación Garcíamarqueana.
Un recorrido hipotético de dicha peregrinación podría comenzar en la Plaza Fernández de Madrid. Cartagena, colgando en el Caribe, con sus callejuelas enmarcadas con balcones llenos de flores, es una ciudad para los amantes, y fue el escenario de la novela de García Márquez "El amor en los tiempos del cólera", considerada por los críticos como una de las grandes historias de amor en la literatura del siglo XX.
Es la historia de un joven humilde de pocos recursos económicos, Florentino Ariza, que se enamora al instante de una joven llamada Fermina Daza, hija de un comerciante. Él la corteja, por cartas, sólo para ser rechazado. Aspirando a ascender en sociedad, ella se casa y entra en la élite de Cartagena del brazo de su esposo, el doctor Juvenal Urbino. Durante 50 años, Florentino suspira por ella, consolándose con cópulas frenéticas sin sentido - hasta que, tras la muerte del doctor Urbino, le llega la oportunidad de afirmar su amor eterno, una vez más.
Lo que puede venir como una sorpresa incluso para los fanáticos más ardientes de la novela es que García Márquez, famoso por su imaginación, se basó en la realidad de Cartagena para el "El amor" y otras obras.
En la Plaza Fernández de Madrid, que en su historia de amor García Márquez convierte en el parque de los Evangelios, el viajero puede sentarse precisamente donde el joven sin esperanza se ha sentado "en el escaño menos visible del parquecito, fingiendo leer un libro de versos a la sombra de los almendros”. Hoy, un carruaje tirado por caballos puede pasar con su clip-clop, en cuyo caso Ud. puede imaginar que pasa Fermina.
Incluso la casa donde creció Fermina no era del todo ficción. Según los estudiosos, se puede ver en la plaza de hoy - la casa blanca con un balcón en el segundo piso en el lado oriental de la plaza, cubierta de enredaderas, y con una puerta adornada por un llamador con la forma de un loro.
Otro lugar del que García Márquez se inspiró fue la Plaza Bolívar, que está situada en el casco antiguo. A un lado de la plaza se encuentra una galería de arcadas, conocida en "El amor" como el Portal de los Escribanos: "una galería de arcadas frente a una plazoleta donde se estacionaban los coches de alquiler y las carretas de carga tiradas por burros, y donde se volvía más denso y bullicioso el comercio popular”. Bajo la arcada, Florentino, rechazado por Fermina y atormentado en su interior, encontró una forma de redistribuir los excedentes de amor que no podía utilizar: " y se lo regalaba a los enamorados implumes escribiendo para ellos cartas de amor gratuitas en el Portal de los Escribanos.”. En una ocasión, se dio cuenta de que estaba escribiendo cartas para las dos partes de un noviazgo en ciernes, y que sus palabras poco a poco los iba acercando.
El paso del tiempo no puede cambiar la ficción, pero se puede jugar rápido y libremente con la realidad. Hoy en día el portal ha sido entregado a una nueva obsesión: la devoción de Colombia por los concursos de belleza. La organización Concurso Nacional de Belleza tiene su sede allí, y el piso donde Florentino había escrito sus cartas, está ahora, al estilo de Hollywood, cubierto con imágenes de reinas de belleza recientes.
Según los estudiosos, García Márquez siente una conexión especialmente fuerte con esta plaza, porque Simón Bolívar, el revolucionario de América Latina, es uno de sus héroes. Se dice que el escritor ha llegado a la Plaza Bolívar de vez en cuando simplemente para sentarse a pensar.
Una tarde, en enero pasado, los bancos de la plaza estaban llenos de gente: hablando con los amigos, tomando un descanso del trabajo, en un romance a escondidas, o escribiendo cartas aprovechando la conexión Wi-Fi. Un pequeño contingente de soldados, con misión desconocida, se paró a un lado, protegiendo algo o alguien. Vendedores de comida y baratijas se mezclaron con los clientes potenciales.
Un recorrido sobre García Márquez debe ir más allá de sus escritos y buscar indicios de su vida real. Para ello, uno puede empezar por la casa del autor en la ciudad.
Está construida en el borde del casco antiguo, en el barrio de San Diego frente al mar, con vista hacia el exterior y altos muros, tiene una actitud distante sugestiva de la relación de García Márquez con la ciudad. La casa es un signo, poco frecuente, de arquitectura subversiva en una ciudad de arquitectura uniforme: no es una casa colonial de estilo español, pero sí una vivienda moderna la que García Márquez ordenó construir. Se parece a un castillo con bordes rectos, paredes de color rojo-naranja, con un anillo de agujeros alrededor de la propiedad, con una piscina y un jardín extenso. Se dice que García Márquez vive en esta casa sólo varias semanas cada año, aunque éste ha pasado mucho más tiempo allí, dijo la Sra. Restrepo.
Frente a la casa de García García Márquez está el venerable hotel Sofitel Santa Clara, donde se dice que el escritor para a veces a tomar una copa. El hotel era un hospital antes de ser hotel, y un convento antes de que fuera hospital, y comparte el aire ligeramente atormentado de la ciudad.
Trabajando como periodista en la década del cuarenta, antes de que fuera dueño de una casa cercana, García Márquez fue enviado al hospital supuestamente para investigar la pista sobre un esqueleto con 22 metros de cabello que había sido encontrado y que pertenecía a una chica. Ese episodio de la vida real indujo a García Márquez a escribir la novela "Del amor y otros demonios", y se convirtió en un ejemplo más de la extraña danza del mito con la realidad, la ficción y la verdad, en Cartagena.
Hoy lo que queda de esa época es una pequeña cripta bajo El Coro, el bar del hotel; cualquier huésped puede entrar descendiendo tan sólo unos cuantos escalones. Pero la atmósfera es incongruente: muchas noches, una banda afro-cubana toca en vivo, las parejas colombianas arrastran los pies con elegancia en la pista de baile, los hombres visten camisas de manga corta y zapatos blancos y las mujeres vestidos elegantes.
La conexión cubana ofrece otro camino en la vida de García Márquez. El escritor siempre ha hecho levantar las cejas a más de uno por su amistad con Fidel Castro, e incluso se dice que mantiene una casa en La Habana, no lejos de Castro. Cada vez que García Márquez se encuentra en Cartagena, se sabe que va a comer a La Vitrola, uno de los mejores restaurantes de la ciudad, que evoca La Habana antigua con sus ventiladores de techo girando suavemente, platos como la picante carne mechada sobre patacones fritos y música de son cubano en vivo, con sus canciones con guitarra y su percusión-pulsada. Y mientras que políticamente Colombia ha girado últimamente hacia la derecha, Cuba es en muchos sentidos el santo patrón de la cultura nocturna de Cartagena. Entre los más auténticos y más agradables sitios de la vida nocturna de la ciudad, se encuentra el Café Havana en el barrio de Getsemaní, donde las fotos de los legendarios cantantes cubanos cubren las paredes y los ritmos crudos llenan el lugar y se derraman fuera de sus ventanas enrejadas que se abren a las calles oscuras.
De hecho, es en Getsemaní, vaga semilla de un barrio de clase trabajadora situado más allá de los muros de la ciudad amurallada, donde se puede ver la Cartagena valiente, empapada en ron de la que se enamoró García Márquez recién llegado. Este barrio se ha resistido hasta el momento a la elitización que sí ha llegado a la ciudad amurallada. Y en este lugar no es difícil imaginar los restaurantes y bares donde el joven García Márquez hizo amigos, persiguió rumores y comenzó a encontrar su voz.
Llegó a la ciudad en 1948 desde Bogotá, después de que disturbios políticos provocaran un incendio que quemó su albergue y se llevó consigo todas sus posesiones, incluida su máquina de escribir. Se fue a Cartagena y empezó de nuevo, encontró en los primeros días un empleo en el diario El Universal, un periódico que se convirtió en una especie de escuela de periodismo para él. Ha escrito que debió presentar artículos para ver cómo el editor tachaba cada palabra, y escribía prácticamente uno nuevo entre sus líneas. Era el periodismo de una época más temprana, cuando los escritores y los editores se sentaban a lo largo del muelle en los lugares de mala muerte disfrutando de la carne preparada con anillos de cebolla y acompañada con patacones de plátano verde, mezclándose con poetas y prostitutas, contando cuentos y anécdotas que a su vez se convertían en artículos para el periódico del día siguiente.
"Todos mis libros tienen hilos sueltos de Cartagena en ellos", dice García Márquez en el documental. "Y, con el tiempo, cuando tengo que evocar los recuerdos, siempre traigo un incidente de Cartagena, un lugar de Cartagena, un personaje de Cartagena".

Publicidad
Publicidad
2327 fotos
63997 seguidores
Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese